El Club Cocherito analiza ‘Il momento della verità’ en un cinefórum que une cine, historia y tauromaquia

El Club Cocherito analiza ‘Il momento della verità’ en un cinefórum que une cine, historia y tauromaquia

El pasado jueves, día 15, el Club Cocherito de Bilbao celebró una sesión cultural en torno a la película ‘Il momento della verità’, del director italiano Francesco Rosi, protagonizada por el matador Miguel Mateo “Miguelín”. La cinta, estrenada en 1965 y considerada una de las mejores obras taurinas filmadas —llegó a competir por la Palma de Oro en Cannes—, generó un animado coloquio entre aficionados y profesionales. El acto concluyó con aplausos espontáneos, reflejo del interés que despertó la obra y de la brillantez del debate.

La presentación corrió a cargo de Rafael Ferrer, directivo del Club, quien trazó una semblanza de Rosi, subrayando tanto su filiación política de izquierdas como su pertenencia a la tercera ola del neorrealismo italiano. Ferrer situó la película en el contexto de la España de los años sesenta, destacando su carácter semidocumental y su lectura social, al mostrar desde su inicio la pobreza y las desigualdades que empujan al protagonista hacia el mundo del toro.

En la cinta desempeña un papel esencial la escuela de tauromaquia en la que aparece Pedro Basauri “Pedrucho”, quien además se interpreta a sí mismo. La conversación se extendió sobre su trayectoria taurina, menos reconocida de lo esperado pese a sus cualidades, y sobre su vínculo con Eibar, donde dejó numerosos gestos de generosidad, así como una insólita carrera cinematográfica en películas de diversa temática.

El coloquio contó también con la intervención del matador retirado y asesor de la Plaza de Vista Alegre de Bilbao, Gonzalo Gómez Guadalupe, quien centró su aportación en la figura de Miguelín. El comentarista aportó testimonios recogidos de figuras que convivieron con el torero murciano, como su apoderado Pepe Belmonte y el diestro Manolo Cortés, quienes coincidían en señalar su gran capacidad, poderío y competencia en todos los tercios. A juicio de Gómez Guadalupe, a Miguelín solo le faltó una cabeza más ordenada y una definición estilística entre lo clásico y lo tremendista para haber alcanzado un lugar aún más destacado.

Entre los hitos de su trayectoria se recordaron dos momentos: su salto como espontáneo en Las Ventas, vestido de calle y sin muleta, ante un toro de El Cordobés —cuyas imágenes fueron proyectadas—, y el triunfo en la corrida de la prensa, donde cortó seis orejas a tres toros, una marca no igualada en el coso madrileño.

El público destacó diversos elementos cinematográficos: la composición de los encuadres, el uso expresivo del color rojo, la crudeza de las escenas de desolladero, los contrastes sociales, el tratamiento documental de la Barcelona de la inmigración, así como ciertas secuencias de Semana Santa, donde la cámara se detiene en detalles simbólicos como el calzado de los costaleros.

La conclusión general fue clara: más que una película taurina al uso, Rosi construyó un retrato social de la España de mediados del siglo XX, utilizando la biografía de un torero como hilo conductor. Un argumento que en otras manos habría derivado en tópicos, pero que, en la mirada del cineasta napolitano, trasciende su condición inicial para convertirse en una obra valorada tanto por los amantes del cine taurino como del cine social.