EL FANTASY DE LOS CALLEJONES: UNA HISTORIA DE TIESOS

EL FANTASY DE LOS CALLEJONES: UNA HISTORIA DE TIESOS

El Comunio de toda la vida de Dios dícese Fantasy en nuestros días. Tal retorcido rincón de nuestros móviles lleva años dando dolores de cabeza y pagando litronas a los dependientes de la esférica (también a algún ludópata que se apunta por las risas, you miss all the shots you don’t take). El jueguito lleva ya más de 25 años desde que vio la luz, y la criatura sigue enganchando a más y más personas en sus miles de variantes, sea en el balompié que lo vio nacer, en el basket y hasta en la petanca, qué sé yo. Servidor construye su equipo, como si fuera de uno mismo, y tira millas, a ver quién llega más lejos en una auténtica carrera de macacos. Diversión asegurada, se lo aseguro por experiencia propia, sobre todo cuando se juega con pelas de por medio –no les incito a nada, no realicen obscenidades sin la supervisión de un adulto.

Pues en pleno 2026, este formato se ha atrevido a posarse sobre el albero. Ya no fichas a Vinicius, ahora berreas desde el callejón. Ha llegado TauroFantasy a nuestros dispositivos. En lugar de ocupar un banquillo (bueno, o no siempre) eres ahora un apoderado, y tienes que hacerte con un torero de los presentes en el escalafón. 20.000€ son la palmadita en la espalda que necesitas para echar a volar en el taurineo.

Buscas a tu matador. Los más caros, Roca, Luque y Talavante. Morante se atreve a asomarse tímidamente en séptimo lugar, el mercado y su demanda, amigos. Lo que sea por ganar. En esto del Comunio, no hubieran sumado más puntos que nadie el Diego o Mágico González, de haber existido éste en sus tiempos. En el Fantasy de LaLiga, llueven las piñas por los Lewandowski, Mbappé y Griezmann de compañía. Se buscan anotadores a mansalva, que llenen el casillero, y la cartera. Pues la idea es la misma, pero cambiando al balón por un bicho de unos 550 kilos y a los 22 tíos que corren detrás de la pelotita por uno sólo, sin espinilleras reglamentarias. Aquí gana quien marca, no quien lo hace mejor.

Se preguntarán ustedes (seguramente no, pero queda mejor): ¿qué torero habrá elegido el que escribe, en una encomienda como esta? Pues aunque seguramente a pocos de ustedes les importe, les ofrezco mi respuesta. De momento, a ninguno. No me he decidido a hacerme una cuenta, tengo que darle una vuelta a mi pick. Y se me vienen a la cabeza muchas cosas.

Igual que me acuerdo de Morante con “Ligerito” en Sevilla, me acuerdo de la Gravesinha. No lo vi, pero pienso mucho en la sinvergonzonería que debía de tener Belmonte delante de los toros, de los de su época por supuesto, y no puedo dejar de imaginarme lo bien que se habría llevado con otro rebelde como él, que nació 68 años después que él, al fin y al cabo ambos compartían una zurda forjada en un potrero, primitiva en Triana y la otra en Villa Fiorito. Me entran igual en la cabeza el toro de Cortijoliva y el par de Carretero el día de los seis de Joselito en Madrid, vídeo que me habré zampado tantas veces como el del ascenso del Córdoba en Las Palmas. Pienso en El Formidable igual que recuerdo a Ronaldo el gordo. Todo esto y más.

Pero, ¿qué les digo? Igual que me parece la excusa perfecta para echarse un pique con gente que está tan mal de la cabeza como lo está quien les escribe por esto de los toros, no puedo evitar creer que esto va más allá. No digo más allá del fútbol, pues como verán, aunque la muerte esté más presente frente a las tablas que en el césped (salvando trágicas excepciones que en Gloria las tenga Nuestro Señor), se puede romper una camisa de igual manera con una media verónica que con una elástica bien hecha. Me refiero a que esto va más allá de puntuaciones, y si no que se lo digan a más de uno de los que ronda los primeros puestos, a ver cuántas camisas ha roto sin tocar.

Hay cosas que no se pueden cuantificar, pero que tienen valor en sí mismo. El romanticismo llevado a lo barroco desde los pilares clásicos y sirviendo como vanguardia es la máxima expresión posible del arte, al menos desde mi perspectiva. Y el arte va desde una trincherilla de Paula hasta un regate de Ronaldinho, ambos fruto del hambre, de la confianza de saberse el mejor, y seguramente, de una resaca que nos tendría a cualquiera de nosotros más de una semana en cama.

Y es que el arte no siempre puntúa, puesto que no es exacto. No siempre se materializa en un recurso, a veces queda en el aire. Por eso, y porque los puntos me importan más bien poco, he decidido lo siguiente: voy a apoderar a un tieso.

Sí, a un tieso. A uno que se las vea con las puntas de lanza en pueblos que yo jamás pisaría, ni para tomar café. Al que lidia con cornadas, pisotones y hasta bocados de los cornúpetas que procesionan por los ruedos más recónditos de nuestro país y los que nos quedan en lo taurino. A los de nuestra personalísima Sunday League, que cambia al Pub por el Casa Paco de turno y a los hooligans por Manolo, que paga tendido bajo en sol y tiene un bastón que usa como arma arrojadiza cuando quiere expresar su descontento (eso si no expulsa su dentadura involuntariamente por los aires proliferando vocablos que a más de uno le pondrían los ojos como a un Nenuco, dados la vuelta hacia atrás). Veo más verdad ahí que en lo que está a la vista de todos (no me confundan, esto hay que enseñarlo todo lo que se pueda y más –sí a los toros en abierto–, me refiero al gran público).

También, veo que muchos, cada vez más, llegan a trabajar y no a torear. Que cada vez se presentan más ferias de interés particular que ferias de interés para el aficionado. Veo que el pastel cada vez se reparte entre menos gente, y que llueven las puñaladas precisamente a quien más hambre tiene, que es el que paga. Lo veo en los ruedos, y lo veo en las gradas de un estadio. Lo veo en un piscinazo en el área y teatros múltiples igual que en un “matador” –ahora sí las uso– pidiendo un indulto de forma grosera y grotesca desde un callejón para un novillo en un festival, o hasta forzándolo desde el ruedo. Lo veo en un jugador que se sirve de su posición para campar a sus anchas con el respaldo de lo “políticamente correcto” igual que lo veo en un “torero” o un apoderado que se engancha personalmente con quien le critica lo más mínimo por redes sociales.

Y es por eso que me niego a aceptar la dinámica. No, no voy a jugar un AntiFantasy en el que gana quien tenga menos puntos. Tampoco voy a subirme al barco del sofismo, en el que todo es subjetivo, menos cuando no se puede y no se puede, que entonces es imposible. Simplemente voy a disfrutar. Como buen tieso que soy, yo también. Con una cerveza bien fría en la mano, la que aún me puedo tomar en los toros, ya no en el fútbol, espero verte pronto, compañera.

El barro será quien nos salve, esperemos que llueva pronto. Porque cuando el albero se vuelve fango y el césped se torna campo de patatas, aquí sólo quedamos los locos de esto. Aquellos que algún día vivieron para verse morir en lo moderno.