Querido Miguel Ángel, de todos los días que uno podía escoger para despedirse oficialmente de este mundo, tienes la puntería de que sea en el que honramos a nuestro santo patrón, ese que vela por aquellos que se hacen llamar plumillas, nuestro San Francisco. Aunque al bueno de Sales, sabes que le acompañaba un carácter fuerte, vamos, ¡qué gastaba genio el hombre! Quizás, algo teníais en común… Lo mismo que tu poder “evangelizador” entre todos tus alumnos porque, no hay quien tuviera el privilegio de sentarse en un aula contigo y no espabilara, al mismo tiempo que – sin darse cuenta – se enamoraba perdidamente de este oficio. Hasta en esto, maestro, has dejado clara la casta que te acompaña.
Hoy confieso que sonrío al recordar que siempre bromeábamos con eso de que nunca te “cortarías la coleta” del todo y así ha sido; hasta tu último ápice de energía ha compartido el mismo destinatario, tu matrimonio favorito: La tauromaquia y la enseñanza. Aunque tengo un reclamo que hacerte y ¡no me lo voy a guardar! porque te quedó una lección pendiente, en ese maletín negro que siempre te acompañaba, ¿cómo se despide a un maestro genial?
Tampoco quiero molestarte en ese retiro del que nadie regresa – así que no se debe estar tan mal en aquel lugar al que la Huesuda nos lleva, más tarde o más temprano – Eso sí, quizás, desde allí, como sugerencia puedas echarnos un capote que otro, pero ¡sin probaturas ni medias tintas! Como siempre eres tú, tan honesto como sensible, tan certero como observador, tan detallista… porque aquí, todavía tocando tierra, vamos a mantener vivas algunas promesas. Comienzo por la última, esa que me hiciste hacerte con mi madre como testigo en la venteña sala Bienvenida, una en la que me decías: “No dejes de escribir. Escribe, escribe, escribe y ¡no sólo de toros! También hazme el favor de no dejar de creer en ti”. Prometido, maestro.
P.D: Me quedó en el tintero una buena nueva para compartirte, así que buscaré la forma de hacértela llegar, Se me ocurre que, como la cosa va de letras, tus pupilos le podemos proponer un crowdfunding a Caronte para que no deje de acerque nuestros mensajes río Estigia arriba y abajo.
Qué el eco de ese voz poderosa tuya siga resonando…

