Los tópicos, tantas veces repetidos, suelen sostenerse sobre una base de verdad. Ese “tarde de expectación, tarde de decepción” vuelve a encontrar sentido en un Domingo de Resurrección que Sevilla aguarda durante todo un año. No es una fecha cualquiera: es el cartel más mimado del abono maestrante, el que descorcha la temporada y el que, en esta ocasión, llevaba el nombre de Morante de la Puebla. Y cuando Morante está anunciado, la entrada —se sabe— queda justificada con un solo lance que atraviese la tarde. Así ocurrió.
La jornada también traía consigo cambios significativos. En el burladero de la empresa se sentaba, por primera vez en la Maestranza, José María Garzón, desmonterado, cumpliendo el sueño largamente acariciado durante el invierno. Era el día en que la ilusión tomaba forma definitiva.
Morante no necesitó más que un par de lances al cuarto para poner de acuerdo a la plaza: regresaba por donde se marchó, por la senda de la rotundidad. Suavidad, ceñimiento y el mentón hundido marcaron un recibo en el que el toro, viniéndose por dentro, terminó descomponiendo la escena. Pero lo verdaderamente memorable llegó después. El animal se detuvo a mitad del lance, y José Antonio dejó la verónica cargada, suspendida en el tiempo, mientras el toro, con la cara alta, parecía mirar el capote. Una imagen irrepetible, de esas que justifican una tarde entera. Morante sostuvo la escena hasta que el animalito quiso seguir la tela, rematando con una media en redondo de profundo sabor.
Ya con la muleta, se llevó al toro con trincherillas por bajo hacia los medios para comenzar por la derecha con temple y delicadeza. Series cortas, de tres muletazos, pero con pulso y cadencia. El toro, noble, careció de ese punto de motor necesario para redondear cada viaje. Por el pitón izquierdo, el trasteo se desarrolló a cuentagotas, siempre de uno en uno, pero con limpieza. Una estocada de ley puso en sus manos una oreja de peso; la segunda, concedida con excesiva generosidad, rebajó el listón de un palco que no debería marcar ese camino en el primer día de feria. Mal comienzo presidencial.
Con el que abrió plaza, Morante dejó otra lección, esta vez de oficio. Un toro incómodo desde el capote, que llegó a la muleta ya sin entrega. No se perdió en insistencias inútiles abreviando. También eso es torear.
David de Miranda confirmó que su valor no admite discusión. El sexto, sobrero, salió sin definirse, poniendo en aprietos a la cuadrilla. El inicio de faena, con un estatuario en los medios, le costó una voltereta de fea caída. Lejos de arredrarse, se rehízo con firmeza para sacar muletazos de uno en uno ante un toro probón, de medias embestidas. La estocada hasta la bola premió la verdad de su entrega con una oreja de peso. Su primero, también incierto, apenas dio opciones, pese a la disposición del torero.
Roca Rey contó con el lote de mayores prestaciones. Su primero, noble, repetidor y con flexibilidad, permitió un inicio de rodillas muy del gusto del público, aunque falto de profundidad. Acortó distancias al final, pero el fallo con la espada —un mete y saca— diluyó el posible triunfo. En el quinto, le costó acoplarse de inicio con un toro de mejores comienzos que finales. Después, tiró de mando y poder, bajando la mano y encontrando naturales largos y templados, pese al molesto punteo del animal. Tras la estocada, se pidió y concedió una oreja.
Así te he narrado el festejo en directo
Muy pejagoso en el capote salió el primero de la tarde, que no permitió el lucimiento a Morante de la Puebla, quien solo pudo dejar un lance a la verónica ante un toro que no sacaba la cara del capote. El primer puyazo lo recibió un tanto caído, sin apretar el animal en el caballo, empujando únicamente con el pitón izquierdo sobre el peto. En su segundo encuentro se quedó dormido en el peto y apenas fue señalado.
Brindó el toro al rey emérito, D. Juan Carlos I, antes de comenzar. Por trincherazos bajos se sacó al toro de tablas con mucha torería, y eso fue todo ante un animal que, en cuanto pasó más allá de la segunda raya del tercio, echó la persiana y se paró. Morante optó con acierto por abreviar, rematando con un abaniqueo y yéndose a por la espada ante un toro quebrantado que llegó sin fuerza a la muleta del cigarrero. Lo mató de una estocada que fue suficiente. Silencio
Suelto de salida, el segundo se fijó pronto en el capote de Roca Rey, que dejó verónicas con ritmo antes de pararlo con una chicuelina y una media. En varas empujó sin apretar y ya dejó entrever falta de poder. Quitó por saltilleras desde los medios, muy ajustado y sin moverse David de Miranda, rematando con una revolera que encendió los tendidos, y replicó por chicuelinas Roca antes de banderillas. Brindó al rey emérito y comenzó de rodillas, conectando rápido con el público en una faena basada en la ligazón, tirando del toro a base de dejarle la muleta en la cara. Noble y repetidor el de Garcigrande, tuvo calidad también al natural, donde el peruano lo llevó con buen pulso, rematando con circulares y acortando distancias en el tramo final antes de las bernardinas finales. Tras un mete y saca, dejó una estocada algo baja que fue suficiente.
Muy suelto salió el tercero de la tarde, que le costó fijarse en los vuelos del capote de David de Miranda y nunca llegó a emplearse. Manseó en sus dos encuentros con el caballo, sin empujar y quedándose dormido en el peto, saliendo suelto hacia querencia cada vez que perdía la cara del caballo. También puso complicaciones en banderillas, arrollando con embestidas inciertas hacia los banderilleros. Manteniendo su incertidumbre en la muleta, embistió sin definir y agarrado al piso, dejando a David de Miranda inédito pese a su voluntad. Optó por abreviar y despacharlo de un golpe de cruceta. Silencio
Por verónicas, Morante recibió con mucha suavidad al cuarto, aunque el toro se vino por dentro descomponiendo el lance. Volvió a saludarlo por el mismo palo y el animal se quedó parado, ofreciendo una imagen fotográfica que el sevillano aprovechó para rematar con varias verónicas de empaque y ceñidas, cerrando con una bonita media. En el primer encuentro con el caballo, el toro buscó los pechos del jaco, y Morante quitó por verónicas despaciosas y ajustadas que hicieron rugir los tendidos. Tras brindar desde los medios al público, se sacó al toro caminando hacia los medios por trincherillas a media altura, iniciando una faena basada en el pulso y las muñecas, llevando embebidas las embestidas de un buen Garcigrande, noble y repetidor. Con compás y pases milimétricos, Morante templó al toro y remató con una estocada efectiva que le puso las dos peludas en las manos.
Por verónicas lanceó Roca Rey al quinto antes de que, en el primer encuentro con el caballo, el toro echase la cara alta en el peto protestando, y sin emplearse en el segundo puyazo. Quitó David de Miranda desde el centro del ruedo, firme y templado, combinando tafalleras, tijerillas y un lance suelto a una mano. Brindó la faena al ganadero Gerardo Ortega y se fue a los medios. Al inicio le costó cogerle el aire a un animal que tuvo mejores comienzos que finales en los viajes, siempre corto y reponiendo antes del embroque. Exigiéndole con poder, Roca Rey logró lo mejor de la faena, ligando series al natural con largura y bajando la mano, en un toro que punteaba al mínimo contacto con la muleta. Mató de una estocada y, tras la petición del público, se llevó la oreja en el esportón.
Por verónicas saludó David de Miranda al sobrero del hierro titular, que buscaba las vueltas al caballo y, en el segundo puyazo, derribó al picador, mostrando claros síntomas de falta de raza. Desde los medios, De Miranda citó de estatuario y el toro lo arrolló de manera muy fea, provocándole una caída de espaldas aparentemente sin consecuencias. Sin arrugarse, el onubense volvió a la cara del toro, visiblemente dolorido, para extraer agua de un pozo seco: un animal que vendía caras las embestidas y exigía verdad y raza. A base de pulsear y dar toques en la muleta, De Miranda tiró de las embestidas y fue construyendo pases de uno en uno, cruzándose siempre en una apuesta de entrega total. Mató de una estocada y paseó una oreja de ley, dejando claro su coraje tras la paliza recibida.
LA RESEÑA
Real Maestranza de Caballería de Sevilla – Corrida de Toros || Domingo de Resurrección
Domingo 05 de abril de 2026
Entrada: Lleno de ‘No hay billetes’
Se lidian toros de Garcigrande,
- MORANTE DE LA PUEBLA (Catafalco con los cabos en negro), Silencio y Dos orejas;
- ROCA REY (Berenjena y Oro), Saludos y Oreja
- DAVID DE MIRANDA (Azul purísima y Oro), Silencio y Oreja;






