La tauromaquia recuerda este 17 de marzo una fecha señalada: el 90 aniversario de la alternativa de Jaime Pericás, uno de los nombres clave en la historia del toreo balear. Fue en 1936 cuando el diestro mallorquín tomó la alternativa en la plaza de toros de Valencia, en un cartel de gran categoría que reflejaba la importancia de la cita.
Aquella tarde, Pericás tuvo como padrino a Domingo Ortega y como testigo a Rafael Ponce “Rafaelillo”, en un acto que supuso su consagración como matador de toros. El toro del doctorado llevó por nombre “Extremeño”, herrado con el número 70 y perteneciente a la ganadería de Antonio Pérez de San Fernando. Como curiosidad histórica, la cabeza de aquel animal se conserva en la actualidad en la plaza de toros de Inca, manteniendo vivo el recuerdo de aquella jornada.
Más allá de la efeméride, la figura de Jaime Pericás forma parte de una dinastía taurina profundamente arraigada en Mallorca. La saga, iniciada por Gabriel Pericás “Marino”, ha tenido continuidad a lo largo de las décadas con nombres como Gabriel Pericás Ripoll, también matador de toros; Francisco Gabriel Pericás; o Pedro Codes Pericás, entre otros, hasta llegar a la actualidad con nuevos integrantes que mantienen vivo el legado familiar.
La vinculación de los Pericás con la tauromaquia no se limita únicamente al ruedo. Desde 1932, la familia ha desempeñado un papel fundamental en la plaza de toros de Palma, donde han ejercido como conserjes del coso, convirtiéndose en custodios de su historia y tradición generación tras generación.
Noventa años después, la alternativa de Jaime Pericás sigue siendo un símbolo de identidad y orgullo para la tauromaquia balear, un capítulo imborrable que conecta pasado y presente a través de una familia que ha hecho del toro su forma de vida.

