San Agustín del Guadalix consagró el modelo torista de Tres Puyazos

San Agustín del Guadalix consagró el modelo torista de Tres Puyazos

La Feria de Tres Puyazos volvió a reafirmar en San Agustín del Guadalix un modelo de festejo singular en el panorama taurino: carteles sin concesiones, protagonismo absoluto del tercio de varas y un toro íntegro, encastado y complejo que midió la capacidad de los actuantes. El público respondió con un lleno de ambiente torista y respeto hacia la liturgia del rito.

La novillada matinal marcó el inicio con dos hierros de fuerte personalidad como Barcial y Alicia Chico. Hubo novillos serios, astifinos y con dificultades, acompañados de otros con nobleza pero justos de fuerza. En este marco destacaron las intenciones, entrega y recursos de Jesús de la Calzada y Miguel Andrades, que evidenciaron oficio y capacidad para sostener faenas donde el ritmo lo marcaba el animal. De la Calzada dejó su sello de temple y voluntad ante novillos que humillaron pero se quedaron cortos, mientras que Andrades lució en banderillas, mostró capacidad de aguante y firmó los pasajes más compactos del festejo, especialmente ante el serio Gobernador de Alicia Chico. Las malas condiciones de algunos ejemplares limitaron mayores cotas artísticas y las espadas impidieron redondear resultados.

Por la tarde llegó el turno del festejo mixto con los toros de Prieto de la Cal y Cuadri, dos ganaderías emblemáticas del encaste veragüeño y el onubense. El encierro ofreció la dureza, la interrogación y la exigencia esperada. El tercio de varas recuperó un peso fundamental, destacando la cuádruple entrada al caballo del primero de Prieto de la Cal y los puyazos de Javier Ortiz al cierraplaza de Cuadri. Los toreros tuvieron que superar orientaciones, protestas y falta de humillación en algunos toros. Luis Gerpe mostró decisión y criterio, pagando incluso con una voltereta su entrega; Juan de Castilla dejó momentos de temple a derechas ante Vendedor de Cuadri; y Cristóbal Reyes toreó con poder y autenticidad al noble Bronceado, aunque la espada le privó de premio. La tarde retrató el concepto de la feria: testar la tauromaquia desde la verdad del toro.

El tercer capítulo lo protagonizaron los Dolores Aguirre en un festejo que tuvo prácticamente un nombre propio desde el principio hasta el cierre: Damián Castaño. Ante un envío serio, áspero, de movilidad incierta y peligro sordo, el salmantino se mostró en torero pleno de oficio, valor y temple. Su faena al primero, Carafea, encendió la plaza, mientras que en los siguientes tuvo que resolver problemas de comportamiento, miradas al bulto y cambios de ritmo que exigieron técnica y serenidad. La corrida dejó momentos de emoción en el caballo, quites intensos, algún susto fuerte como la voltereta en el quinto y una sensación final de reconocimiento al torero, al rigor del toro y al propio formato.

A nivel ganadero la feria confirmó el interés del ámbito torista por presenciar hierros singulares: la seriedad de Barcial, la irregularidad en fuerza de Alicia Chico, la exigencia áspera de Prieto de la Cal, la profundidad y bravura en varas de Cuadri y el carácter seco y poderoso de Dolores Aguirre marcaron la identidad del ciclo.

Tres Puyazos cerró así una edición donde el toreo volvió a estar ligado al caballo, al reglamento del toro encastado y al pulso entre dificultad y verdad. El público reconoció la autenticidad de los actuantes y la seriedad del concepto. San Agustín del Guadalix ha consolidado un proyecto que aporta algo distinto, coherente y necesario dentro de la temporada taurina española.