El toreo vive un momento de regreso juvenil, pero la inmediatez de las redes y la falta de lectura profunda amenazan tanto la educación taurina como la propia prensa escrita. Educar a la nueva generación que se acerca al toreo es uno de los mayores retos para quienes vivimos, difundimos y escribimos sobre toros. La moda atrae a muchos jóvenes a los tendidos, pero nos falta enseñarles a entender el toreo desde una perspectiva profesional y a valorar con criterio lo que ocurre en el ruedo.
El primer obstáculo está en los propios jóvenes, que han abandonado la prensa tradicional y se guían casi exclusivamente por redes sociales. Twitter, TikTok y plataformas similares encarnan la inmediatez que define nuestra sociedad: un consumo rápido que destruye la reflexión y la comprensión profunda. Leemos pensando en lo que haremos después, proyectamos nuestra mirada al futuro y olvidamos saborear el presente.
Hoy pocos se adentran en artículos de historia taurina, editoriales o columnas de opinión, porque dedicar tres minutos a leer parece un esfuerzo excesivo. Redes como TikTok capturan la atención en segundos: impactan, entretienen, pero no informan. Con el toreo sucede lo mismo: una noticia se multiplica en mil tweets que apenas cuentan más que un titular.
Y aquí está la verdadera tragedia: la atención del lector medio dura apenas 0,30 segundos. Ese es el tiempo que dedican a un artículo antes de pasar a la siguiente noticia. No es un dato anecdótico: refleja que la información superficial ha reemplazado a la reflexión. La sociedad se ha habituado a consumir titulares fugaces, y así, la prensa escrita —y con ella la cultura taurina— se debilita progresivamente.
La prisa ha transformado el periodismo en una carrera por los clicks. Muchos medios priorizan la velocidad sobre la veracidad y el aprendizaje. Un titular nunca explica el porqué; sin contexto y profundidad, el conocimiento y la afición no pueden prosperar. Medir el éxito de un artículo solo por clics es un espejismo: lo crucial es la retención del lector, su capacidad de detenerse, entender y aprender.
Este problema no es exclusivo del toreo: es social. Iniciativas como el Congreso de la Fundación Toro de Lidia muestran que prensa y toros pueden colaborar; el siguiente paso es acercar ambos mundos a las nuevas generaciones, enseñándoles que leer no es perder tiempo, sino aprender, documentarse y convertirse en aficionados y profesionales más completos.
Prensa y toros ya se dieron la mano el pasado 18 de noviembre en Madrid; el verdadero desafío ahora es tender la mano a quienes se asoman a los tendidos, para que no se pierdan en la prisa que nos aleja de lo esencial.

