Marzo: se prende la pólvora y despierta el toreo

Marzo: se prende la pólvora y despierta el toreo

Marzo llega con olor a pólvora y con el toreo dispuesto a echar a andar. Arranca la temporada y lo hace, además, por todo lo alto: con el solape de La Magdalena de Castellón y las Fallas de Valencia, mientras Olivenza vuelve a reclamar su papel histórico como prólogo del curso taurino. Siempre fue así. Incluso por encima de un Valdemorillo que, con su San Blas, ha adelantado en los últimos años el disparo de salida hasta febrero.

Pero Olivenza sigue siendo mucho Olivenza. El coso extremeño, frontera natural con Portugal, continúa siendo la primera plaza por la que desfilan las figuras del toreo para mostrar cómo les ha sentado el invierno. Es el primer examen, la primera toma de contacto antes de que lleguen las ferias levantinas, donde ya no hay demasiado margen para el error.

Es cierto que ni Valencia ni Castellón tienen hoy la exigencia histórica de plazas como Madrid o Sevilla, pero siguen siendo un termómetro importante. En ellas se empieza a dibujar buena parte de la temporada. Cuando los toreros hacen el paseíllo en estas primeras ferias del calendario, muchos ya tienen perfilado cerca del cincuenta por ciento de su año.

Los tiempos han cambiado y conviene asumirlo. Sin embargo, de lo que ocurra en Fallas y en La Magdalena se esboza el verano taurino: las ferias de julio, las agosteras y ese grueso de la temporada donde se decide realmente el curso del año. Los toreros lo saben y por eso aprietan desde el principio, aunque la vara de medir de estas ferias ya no sea la de antaño.

Que no se nos olvide, además, que Castellón sigue siendo oficialmente una plaza de segunda categoría, aunque para muchos aficionados tenga aroma de primera por ser el primer gran ciclo que rompe el ayuno invernal.

Y con la temporada en marcha regresan también los debates eternos. Vuelve aquello de “se ha picado poco al toro” o “solo se le ha señalado”. Benditos comentarios, por cierto: significan que el toreo ya está vivo de nuevo.

Conviene, eso sí, cuidar el tercio de varas, una suerte que temporada tras temporada parece ir perdiendo peso. Pero si se exige un buen tercio de varas, también habrá que exigir buenos picadores. No abundan. Me atrevería a contarlos con los dedos de una mano… y quizá todavía me sobrarían.

Porque tampoco sirve hacer entrar tres veces al toro al caballo solo para desangrarlo y dejarlo inerme para la muleta. Para eso, cuanto menos mejor. Antes de gritar aquello de “¡más al caballo!”, conviene mirar quién está montado en la cabalgadura. Dependiendo del picador, a veces es preferible que la cosa se quede en lo justo.

La temporada, en cualquier caso, llega cargada de alicientes. Volveremos a ver a los de siempre —aunque a veces nos canse—, pero también hay motivos para la ilusión.

Ahí está Morante de la Puebla, que regresa porque no puede vivir sin torear. Lleva el toreo en la cabeza y su mejor medicina parece ser el ruedo. Bendito sea si su vuelta le cura a él… porque toreando como sabe también cura al toreo.

Y detrás, una generación que empuja con hambre. Víctor Hernández quiere demostrar que lo de Otoño no fue casualidad. Borja Jiménez llega arrebatado, dispuesto a defender —ahora sí— el sitio que se ha ganado a pulso. Daniel Luque afronta una temporada en la que sabe que su nombre pesa y quiere demostrar por qué. David de Miranda entiende que lo de Málaga fue una bendición que no piensa desaprovechar. David Galván tiene poder y personalidad para mandar delante de cualquier toro. Y Fortes, con una trayectoria marcada por las cicatrices más duras del toreo, parece llamado por fin a disfrutar de la grandeza que tantas veces se le negó. La juventud también aprieta con fuerza.

Marco Pérez carga con la expectación de quien ilusiona desde niño y ahora tiene el reto de sorprender para no caer en la monotonía. Aarón Palacio, con verdad y personalidad en su toreo, posee una cabeza privilegiada y un concepto que muchos dirían más propio de Sevilla que de Zaragoza. Y Zulueta ha querido empezar apostando fuerte, anunciándose con una de Santa Coloma junto a Palacio, conscientes de que los jóvenes deben jugarse el sitio desde el primer día.

Quedan muchos nombres en el tintero, pero lo importante es que la temporada llega cargada de ilusión. Y, sobre todo, que los tendidos siguen respondiendo. Para disgusto de quienes llevan años anunciando el final del toreo y de quienes desde la política intentan agitar polémicas para ocultar sus propias torpezas.

Porque mientras algunos hacen ruido, las plazas se llenan y el toreo sigue vivo. Así que que ardan las Fallas, que suene la pólvora… y que arranque, de una vez, la temporada taurina de 2026.