San Jorge no puede depender del silencio de la Diputación

San Jorge no puede depender del silencio de la Diputación

Lo que está ocurriendo en Zaragoza con San Jorge no es solo una cuestión taurina. Es un problema de gestión. Y, sobre todo, de falta de claridad.

A medida que se acerca el 23 de abril, la sensación es cada vez más incómoda: la Diputación Provincial de Zaragoza, con su presidente Juan Antonio Sánchez Quero al frente, sigue sin ofrecer una respuesta firme sobre si la ciudad tendrá o no toros en su día más simbólico. Y cuando una institución no responde, el silencio deja de ser prudencia para convertirse en mensaje.

Porque conviene recordar que alternativas hay. La propuesta presentada por Raúl Gracia ‘El Tato’ no es una declaración de intenciones vacía: es un planteamiento concreto, con nombres, con estructura y con la voluntad de evitar que Zaragoza se quede sin toros en San Jorge. Se podrá debatir su alcance, su encaje o incluso su oportunidad, pero lo que no se puede negar es que pone una solución encima de la mesa.

Y, sin embargo, la Diputación sigue sin posicionarse con claridad. Ese es el punto clave. No tanto el qué, sino el cómo. Porque lo que desconcierta no es solo la posibilidad de que no haya festejo, sino la forma en la que se está gestionando esta situación. La indefinición, la demora y la ausencia de explicaciones alimentan una sensación difícil de justificar en una plaza como Zaragoza.

No es la primera vez que ocurre. El proceso del pliego ya dejó un escenario enredado, con recursos, tensiones y acusaciones cruzadas en el que la propia Diputación señaló a los empresarios como responsables del bloqueo. Ahora, el riesgo es repetir el mismo esquema: dejar que el tiempo avance, estrechar los márgenes y acabar trasladando la imposibilidad a factores externos.

Pero la realidad es otra: cuando hay propuestas sobre la mesa, decidir también es una responsabilidad. Y en ese contexto, la figura de ‘El Tato’ adquiere un peso evidente. No por lo que representa individualmente, sino por lo que simboliza su movimiento: alguien que, desde dentro del sistema, plantea una vía para que Zaragoza no se quede sin toros en su día grande. Ignorar esa iniciativa sin una explicación clara no ayuda a reforzar la imagen de la institución.

Junto a ella, han surgido otras propuestas que obligan aún más a la Diputación a ejercer su papel con criterio. Porque no todas las opciones son iguales, ni en fondo ni en forma. Y precisamente por eso, lo que se espera de una administración pública no es silencio, sino análisis y decisión.

Zaragoza no se juega solo una corrida. Se juega algo más importante: la sensación de que su plaza, su tradición y su calendario dependen de una gestión a la altura de lo que representan.

Todavía hay margen. Pero cada día que pasa sin una respuesta clara, ese margen se estrecha. Y entonces ya no será cuestión de plazos ni de procedimientos. Será, simplemente, cuestión de decisiones.