Perera tocó el cielo, Robleño se despidió con honor y Morenito puntuó en una Madeleine marcada por el peso del toro

Perera tocó el cielo, Robleño se despidió con honor y Morenito puntuó en una Madeleine marcada por el peso del toro

La feria arrancó con una novillada sin picadores marcada por el interés de los actuantes pese a la ausencia de trofeos, donde David Gutiérrez y Clovis fueron proclamados triunfadores ex aequo gracias a sus actuaciones templadas y llenas de actitud. Ambos dejaron pasajes de buen concepto, pero los aceros diluyeron cualquier opción de premio, una constante que se repetiría en otros festejos del ciclo.

El primer gran golpe de autoridad llegó en la corrida de Santiago Domecq, donde Miguel Ángel Perera firmó la faena más rotunda de la feria ante el extraordinario “Cautivo”, un toro premiado con la vuelta al ruedo. El extremeño lo toreó con temple, profundidad y mando por ambos pitones, cuajando una obra maciza que fue rubricada de estocada y premiada con dos orejas y salida a hombros. También dejó momentos de interés Tristán Barroso, que cortó una oreja, mientras Emilio de Justo evidenció disposición, aunque sin remate con la espada.

Uno de los capítulos más emotivos llegó con la corrida de José Escolar, en la que Fernando Robleño se despidió del coso francés con una actuación cargada de verdad y oficio, paseando una oreja de peso tras imponerse a un toro exigente. La tarde, sin embargo, quedó marcada por la grave cornada sufrida por Damián Castaño, herido en el gemelo al entrar a matar, en un gesto de máxima entrega. Juan de Castilla dejó constancia de su firmeza, pero nuevamente la espada le privó de tocar pelo.

La novillada de Cuillé tuvo en Martín Morilla al único espada capaz de cortar una oreja, en una labor de solvencia y buen concepto. Aarón Palacio dejó detalles de interés, pero volvió a estrellarse con el acero, en una mañana condicionada por la falta de raza del encierro.

La corrida de El Parralejo supuso una ocasión perdida por el escaso juego del ganado, aunque Clemente destacó por su madurez y capacidad para sostener las embestidas deslucidas, siendo el único que logró conectar con el público. Juan Ortega y Andrés Roca Rey mostraron disposición, pero se estrellaron ante toros sin opciones reales.

El cierre del serial, con los toros de Victorino Martín, ofreció una corrida exigente y peligrosa, en la que Morenito de Aranda logró el único trofeo, una oreja de mérito tras imponerse a un toro complicado. Fortes dejó una de las actuaciones más puras de la tarde, cargada de clasicismo y entrega, pero la espada volvió a negarle el triunfo, mientras El Cid evidenció oficio ante un lote sin entrega.

El balance final dejó una feria de contenido desigual, marcada por la exigencia del ganado y el compromiso de los toreros, en la que el nombre propio fue el de Miguel Ángel Perera, autor de la faena cumbre del ciclo, y el de Fernando Robleño, que se despidió dejando una última lección de honestidad torera.