En la temporada venteña hay nombres imprescindibles, y entre ellos figura la Asociación El Toro de Madrid. Con décadas de actividad, independencia crítica y un peso real en la vida taurina de la capital, se ha convertido en un actor que no solo observa, sino que interviene, analiza, denuncia y propone. Su presencia en Las Ventas y en el debate taurino en la capital es tan constante como incómoda para algunos, necesaria para muchos. Al frente de esta etapa, desde hace un año, está Carlos Rodríguez Villa, quien atiende a A Pie de Albero con claridad y sin rodeos, reivindicando el papel de la afición organizada en la primera plaza del mundo.
“Somos aficionados antes que nada”, explica nada más iniciar la conversación. “Nuestra casa y nuestro mundo es la Plaza de Toros de Madrid y la fiesta de los toros”. En su discurso hay un sentido de responsabilidad: “Estamos muy pendientes de todo lo que acontece en Madrid, de su toro, de su aficionado y de su integridad”. Y la definición que utiliza una de sus socias, Yolanda, resume bien su espíritu: “Aficionados activos y militantes”.
No es una etiqueta vacía. Durante el invierno, cuando la plaza duerme, la Asociación El Toro de Madrid mantiene vivas las brasas con iniciativas que van desde las tertulias de los jueves en el Puerta Grande a balances públicos de la temporada, escritos formales a las autoridades e incluso la elaboración del ya conocido “listado negro” de ganaderías que no respondieron en Las Ventas durante la temporada venteña. “No paramos, como aquel que dice”, reconoce Rodríguez Villa. “Disparamos un poquito en todos lados, siempre con Madrid, el toro y su afición por delante”.
Uno de los frentes más recientes fue la presencia del empresario Rafael García Garrido en la sede de la Asociación, donde respondió durante más de dos horas a las preguntas de socios y aficionados. Del encuentro salieron titulares relevantes, pero también algunas fricciones, como el debate sobre la báscula de caballos. Rodríguez Villa lo explica sin dramatismo: “No dejan de ser sugerencias y medidas para mejorar el rito y la ceremonia”. Y añade: “Si una empresa presume de innovación, ¿por qué no dar mayor integridad al conjunto de la lidia instalando una báscula en el patio de caballos?”.

Para el presidente, la cuestión va más allá de lo estético: “Lo que pedimos es una verdadera pelea entre toro y caballo en el Tercio de Varas, una suerte bellísima y fundamental para el devenir de la lidia”. En este punto introduce un matiz importante: señala a la autoridad más que a la empresa. “Los máximos responsables son la autoridad, que debe velar por el reglamento y por que todo se desarrolle correctamente”.
Otro debate recurrente es el de la presidencia de Las Ventas y la falta de criterios unificados. “Dependiendo de quién esté arriba en el palco sabes por dónde puede ir la fiesta”, afirma. “Y es una pena que la plaza de referencia dependa de criterios tan dispares”. Este año, recuerda, “han llegado a presidir siete equipos distintos en un mismo San Isidro”, algo que para la Asociación resulta incompatible con la categoría de Madrid.
El 2024 ha sido además su primer año como presidente tras la etapa de Roberto García, figura histórica en la entidad. Rodríguez Villa reconoce el peso del cargo con naturalidad: “Muy responsabilizado”. Y añade: “He estado muchos años en la junta, he tocado todos los puestos y llego acompañado de un equipo directivo maravilloso y de unos socios que me apoyan y me resguardan”.
La conversación termina como empezó: con Madrid en el centro. La Asociación El Toro de Madrid no ha buscado nunca ser protagonista, pero sí contrapeso, vigilancia y criterio. Un papel incómodo para algunos; imprescindible para otros. En cualquier caso, un papel que se ejerce.
“Siempre que queráis, estaremos aquí presentes”, se despide Rodríguez Villa. Y queda claro que, para ellos, defender el toro de Madrid no es un eslogan, sino una forma de estar en la fiesta.

