Isabel Lozano: “Crecer entre toros bravos es una escuela de vida”

Isabel Lozano: “Crecer entre toros bravos es una escuela de vida”

Hablar de Isabel Lozano es hablar de una mujer llena de pasión por el campo y el toro bravo. Miembro de la ganadería familiar de Alcurrucén y de la histórica saga de los Lozano, ha crecido vinculada al campo y a una forma de entender la tauromaquia basada en el respeto, el trabajo diario y la responsabilidad que implica criar toro bravo. Su visión, serena y comprometida, refleja una manera de vivir la ganadería como vocación y como herencia cultural.

Criarse entre toros no es solo una circunstancia, es una educación sentimental. Isabel lo explica con naturalidad, consciente de que su apellido pesa, pero también de que es un privilegio. “Esa herencia no se mide tanto en apellidos ni en hierros, sino en una manera de mirar el mundo, de entender el tiempo y de relacionarte con la vida”, afirma. Para ella, el campo bravo ha sido una escuela permanente, un aprendizaje vital que difícilmente se adquiere entre cuatro paredes. “En el campo se aprende incluso más que en una universidad”, resume.

Su memoria taurina arranca muy pronto, casi antes de ser consciente de ello. Recuerdos de Madrid, del tendido, de tentaderos y de sobremesas en las que el toro y la tauromaquia eran el centro de todo. “Me acuerdo de tardes concretas siendo muy pequeña, de ver tentar a los maestros Manzanares padre, César Rincón, de los inicios de José María, de convivir con figuras como El Juli, Castella o Perera. Escucharles y verles en activo ha sido una suerte enorme”, recuerda. Vivencias que le han permitido conocer, de primera mano, un toreo que muchos solo conocen por referencias.

Dentro de esa historia reciente, la figura de Julián López ‘El Juli’ ocupa un lugar especial. La relación con la Casa Lozano en la etapa más madura de su carrera fue, según Isabel, un ejemplo de entendimiento y equipo. “Fue un privilegio seleccionar toros con un torero de esa talla. En el campo era una maravilla ver cómo entendía a los animales, cómo les sacaba todo, lo bueno y lo malo. A nivel ganadero nos aportó muchísimo”, explica, subrayando también el papel de su tío Luisma en esa gestión tan delicada como decisiva.

Pero si hay un nombre propio que ha marcado la última temporada de Alcurrucén ese es ‘Profesor’. El toro que brilló en Sevilla y que fue reconocido como el mejor de la Feria de Abril simboliza a la perfección el ideal que persigue la casa. “Siempre estamos esperando ese toro soñado. Profesor reunió casi todas las virtudes que buscamos: bravura, clase, profundidad, entrega…”, señala Isabel, consciente de que el listón que se le exige a Alcurrucén es altísimo. “Cuando el toro bueno sale, es muy bueno, y eso tiene una doble cara: ilusión y exigencia constante”.

El encaste Núñez, la armonía de hechuras y ese concepto de toro “torero” siguen siendo la bandera de la ganadería. “Hay toros que los ves en el campo y te llevan a Sevilla sin decirte nada. ‘Profesor’ era uno de ellos”, afirma. Y junto a él, otros nombres propios que confirman una línea clara de selección y trabajo paciente.

La pandemia supuso un golpe durísimo para el campo bravo, y Alcurrucén no fue una excepción. Isabel lo relata sin dramatismos, pero con crudeza. “Tuvimos que reducir mucho la ganadería por causas evidentes, había mucha oferta y poca demanda por la reducción natural de festejos. Fue una catástrofe para muchos compañeros”, explica. Decisiones dolorosas, pero necesarias para preservar lo esencial: la genética, el futuro, la posibilidad de seguir. “Esto no es una producción al uso, aquí se selecciona bravura. Es un tesoro genético que hay que proteger”.

Con ese esfuerzo silencioso llega ahora una temporada clave. Madrid y Sevilla vuelven a marcar el pulso de 2026 para Alcurrucén, con dos carteles de máxima responsabilidad. “Hay mucha ilusión y mucha confianza en la camada. El trabajo del campo está hecho; luego ya entran en juego los reconocimientos y todo lo que no depende de nosotros”, apunta, dejando entrever una de las grandes preocupaciones del sector.

«Cuando aparece un toro como ‘Profesor’, que reúne bravura, clase y profundidad, te llena de ilusión, pero también te recuerda la exigencia constante que tiene una casa como Alcurrucén»

Isabel Lozano

Precisamente sobre los criterios veterinarios y la disparidad de decisiones en plazas de primera categoría, Isabel se muestra clara. “Es un despropósito no tener un criterio unificado. El ganadero sabe perfectamente lo que lleva a cada plaza. Cuando vas a Madrid o Sevilla, sabes lo que exige esa plaza”, defiende, reclamando coherencia por el bien del espectáculo y de la Fiesta.

Como representante de una nueva generación de ganaderos, Isabel Lozano cree firmemente en el diálogo entre jóvenes, sin perder de vista la experiencia de los mayores. “Nuestro papel es continuar un legado cultural y familiar, pero también aportar ideas que ayuden al futuro del campo bravo. Remamos todos en la misma dirección: el toro”, concluye.

Una conversación que confirma que Alcurrucén no solo vive de su historia, sino de una convicción firme: seguir creyendo en el toro como eje de todo.