Fiel a su carácter, Juan de Castilla resta importancia al percance mientras avanza en su recuperación. “Estoy en Medellín, en casa de mis padres, recuperándome, haciendo fisioterapia y movilidad. Contento y con ganas de volver pronto”. Una serenidad que contrasta con la dureza de las imágenes que llegaron desde Manizales. A la fractura ósea se sumó un mensaje calmado a su madre desde la ambulancia que terminó por viralizarse. “Siempre intento darle tranquilidad a mi familia, que sepan que estoy bien, que estoy en buenas manos y que la cabeza está en buen sitio”.
La cornada llegó cuando nadie lo esperaba, mientras quitaba al toro para proteger a un compañero que había caído tras clavar las banderillas. “Era el toro mío, lo estaban banderillando. Cuando salió el último par, el banderillero se quedó sin sitio y el toro le pasó por encima. Salí a quitar y me pegó primero una cornada en la pierna derecha, que me atravesó el muslo, y cuando estaba cayendo me pegó otro derrote en la izquierda, con el que me parte la tibia y el peroné”. Pese al brutal parte médico, lo despacha con naturalidad: “Creo que es de profesionales arriesgar así; cualquier profesional lo habría hecho igual. Simplemente tuve mala suerte. Por lo menos a mi compañero no le pasó nada”.
Ya desde casa, el torero asume con deportividad los festejos que se ha visto obligado a perder. “Es una pena los compromisos que se perdieron, pero las cornadas nunca llegan cuando uno está preparado. Llegan cuando tienen que llegar”. Para él, la clave está en la mentalización: “Esto hace parte del juego. Hay que llevarlo con inteligencia y resignación”.
Los médicos ya le han dado el alta, aunque avanza con prudencia. “La recuperación va bastante bien. Incluso podía andar sin muletas, pero los médicos me dijeron que no, que apoyara la muleta por el tema óseo. Con la derecha ya estoy en rehabilitación; con la izquierda toca paciencia. No tengo dolor ni molestias, y eso es muy significativo”.
Su hoja de ruta tiene una fecha señalada: el 21 de marzo en Villaseca de la Sagra, en la corrida benéfica con toros de Celestino Cuadri a beneficio de la investigación del cáncer infantil. Un compromiso que le ilusiona particularmente. “Lo veo muy viable. Quiero llegar incluso mejor que antes de la cornada. Es muy bonito jugarse la vida por una convicción o por el amor a tu profesión, pero más bonito es hacerlo por algo tan noble como la investigación del cáncer infantil”.

La temporada trae reencuentros y retos. Entre ellos, el mano a mano con Gómez del Pilar: “Es un torero que admiro muchísimo. Para mí es fundamental y muy emocionante reaparecer ese día”. También volverá a 3 Puyazos, donde ya dejó una actuación de peso la pasada temporada. “Este año es la reivindicación. Volver con más fuerza e ilusión. Esta feria está haciendo las cosas muy bien de cara al aficionado”.
Su trayectoria reciente habla de dureza y adaptación. Bayona fue otro trance serio: una cornada de 60 centímetros que afectó pierna izquierda y zona perianal. “Arrastro algunas secuelas todavía, pero no pasa nada. Con preparación física, mentalización y buenos médicos se puede salir adelante de cualquier circunstancia”. Tras aquel percance reapareció en Dax a un nivel notable. “Fue una temporada intensa, fuerte y nada fácil, pero estoy feliz. Cada vez que me ponía el traje de luces iba hacia adelante. Los aficionados lo notan”.
Pamplona también ocupa un lugar destacado. “Me encanta Pamplona. Espero que este año se me tenga en cuenta después de haber ido dos tardes y cortar una oreja cada día. Torero que corta las orejas, torero que vuelve”.
Sobre lo que viene en 2026, habla con convicción: “El 21 de marzo será la reaparición. Después San Agustín, posiblemente Madrid, Pamplona, Francia. Creo que va a ser la temporada más importante de mi vida y voy a llegar lo más preparado posible. Que la gente vea que las cornadas no me afectan: me ayudan a madurar y a ser mejor torero”.
Su esfuerzo se ha forjado también lejos del toro. Hasta marzo —cuando decidió centrarse totalmente en su profesión— compaginaba temporada, entrenamientos y reparto de paquetería. “Dormía 3 o 4 horas al día durante 3 años. Muchas veces sin fines de semana. Era extenuante, pero curte muchísimo, madura, asienta los pies en la tierra”. Una etapa que también dejó atrás por respeto a su profesión: “No quería faltarle el respeto ni a mi jefe ni a mi profesión. Por fortuna dejé de trabajar en marzo y espero que mi vida esté marcada ya por el toreo”.
Su entorno lo respalda y lo comprende. “En casa saben que soy feliz así, que mi vida me mueve de esta manera. Mientras me vean feliz tras mi profesión, me respetan y me apoyan enormemente”.
Juan de Castilla se despide con un deseo sencillo y ambicioso: “Ojalá toreé mejores plazas y más que el año pasado, y que todas las plazas donde actué me repitan. Eso diría mucho de la memoria de los aficionados y de mi parte, de que voy mejorando”.

