Meses después de aquella cornada de Corella que le frenó en seco la recta final de la temporada hablamos con Manuel Escribano. El sevillano admite que el invierno “ha sido larguillo” por culpa de una lesión “un coñazo” que exigía paciencia y tiempo. La buena noticia: no hubo que pasar por quirófano. “Ya prácticamente está curado. Entrando a matar, tentando… duele, molesta, pero puedo hacer todo lo que quiero”, asegura.
Aquella cornada paralizó una parte del año que venía cargada de ilusión. “Nunca una lesión es buen momento. Por poner algo positivo, fue al final y solo perdí dos corridas que me hacían mucha ilusión”.
No fue el único obstáculo. La temporada arrancó con una intervención de rodilla que venía posponiendo.“Son taritas que tenemos los toreros. Muchos años toreando, muchos años entrenando. Para eso es importante la preparación, cuidarse y vivir para el toro”. En eso, el sevillano no se vende barato: es uno de los nombres del escalafón que entrena como un atleta. “Somos profesionales de alto nivel. La salud, la fuerza, la preparación… todo tiene que ir de la mano”.

Y así, tras pasar por el ‘taller’, Escribano firmó una de sus mejores temporadas. Quizá el punto de inflexión fue Sevilla, donde rozó la Puerta del Príncipe ante Victorinos.“Mi único error fue un pinchazo. Nada más. Es un error que penalizó la labor”. Aun así, la tarde permanece en su memoria: dos toros complicados, opuestos y exigentes en plena Feria de Abril. “De esas tardes que marcan la temporada. En las grandes ferias hay que dar la cara”.
Lo suyo con los grises viene de lejos. Habla de Victorino como quien conoce los pasillos de una casa ajena. Recuerda aquel segundo toro de Sevilla como “un animal complicado, muy difícil, que si no estás al nivel no te da lo que tiene”. El entendimiento es mutuo. Y ahí aparece Alicante: la encerrona, el indulto de «Bohemio», una tarde “soñada y devastadora físicamente”. “Alicante está arraigado a mi vida. Casi dejo mi vida allí y luego me la devolvieron. El caso va ligado a Victorino y Victorino a mí. Tenía que hacerlo”.
No es casualidad que el torero hable de “defender su bandera”. En su caso, el hierro duro es patria, pero la ambición no se limita a ese territorio. “Uno tiene que defender su bandera y luego conquistar otras. Ahora me apetece sentarme en otras mesas”. Por eso señala Burgos con Juan Pedro, Sevilla con Santiago Domecq o incluso la variedad de nombres que entran y salen de su plantel ganadero. “Cuando te ponen un toro y sirve, lo cuajo. Pero no siempre significa cortar cuatro orejas. Tiene que haber un toro con posibilidades”.
Hay plazas que definen a un torero. Para Escribano, Bilbao es una de ellas. Allí cortó una oreja en 2023 y allí lleva dos años sin volver. “Es una de mis plazas. Me encanta el público, el toro, el ambiente… y la tarde más importante que hice allí creo que fue esa con Morante y Roca. Disfruté y lo sentí”. No oculta cierta desazón con su ausencia después.
Caso distinto ocurre con Pamplona, otra estación natural en su calendario. Con el hierro de Miura como bandera, tiene claro que “si hay que matar una corrida de Miura, es en Sevilla o en Pamplona”. Ni un ápice de dramatismo: “Son plazas donde sales a darlo todo. Sabes que vas a entregar tu vida, pero vas feliz”.
La conversación deriva hacia Madrid. Y aquí, sin estridencias, deja una reivindicación que pocos contaron: la corrida de Adolfo Martín. “Me alegra que me lo digas porque poca prensa la destacó. Para mí es una de las tardes del año. Los dos míos eran dos talibanes”. Fue una tarde para “cruzar las rayas”, para justificar por qué quise estar dos tardes en San Isidro. “Madrid sabe por qué estoy ahí. Yo toreo para mí, para sentirme realizado. Luego si trasciende o no, es otra cosa”.
Sobre la prensa y el silencio mediático, Escribano no se muerde la lengua. “Es una putada que no trascienda lo que has hecho. Pero yo sé lo que he hecho delante del toro. Eso es lo que sirve para seguir ahí”. Reconoce que, hoy, el peso se reparte entre medios, aficionados y redes: “Muchas veces es más importante el movimiento de redes y páginas como la tuya que la prensa total”.

El torero sevillano vive un momento feliz, y se nota. “Cuando uno está feliz en su vida, en su entorno y haciendo lo que le gusta, es donde sale la mejor versión”. Y añade una idea que define una vocación: “Si alguien decide gastar su dinero y su tiempo en verte, eso es lo más grande que hay. Hay que devolverlo”.
La última reflexión llega desde Sevilla. Cambios de gestión, nuevos aires y una noticia que afecta al aficionado: algunas corridas se expondrán en la Real Venta de Antequera. A Escribano le parece un acierto. “La Venta es preciosa. Sevilla es la plaza más bonita del mundo, pero los corrales fallan. Esto crea eventos, ilusión, afición. Ojalá salga adelante”.

