Sergio Rodríguez: “Muchas veces los toreros no contamos la verdad por miedo a represalias”

Sergio Rodríguez: “Muchas veces los toreros no contamos la verdad por miedo a represalias”

Sergio Rodríguez sabe lo que significa ganar un certamen como la Copa Chenel. Sabe lo que cuesta llegar hasta el final, imponerse en Valdetorres del Jarama y asumir el premio de anunciarse en Madrid un 12 de octubre cargado de expectativas. Por eso el invierno no ha sido sencillo. Tampoco la ausencia de su nombre en los primeros carteles de la temporada.

“No ha sido fácil el hecho de no verme anunciado en San Isidro después de todo lo que ocurrió aquella tarde”, reconoce con serenidad. Aquella comparecencia en Las Ventas estuvo marcada por circunstancias que escaparon al control del torero: la retirada de Florito, la inesperada despedida de Morante y la última tarde de Fernando Robleño. Un contexto que, a su juicio, eclipsó lo que dejó en el ruedo. “Es una tarde dura de asimilar”, admite.

Rodríguez esperaba que el triunfo en la Chenel tuviera mayor continuidad. El contacto con Madrid existió, pero fue de manera tardía y ya no había hueco. Sevilla, en cambio, ni siquiera llamó. “Uno como torero lo que quiere es torear y más, y en mi caso creo que habiendo dado motivos para ello”.

El avilés, recién doctorado en los últimos años, asume que la transición al escalafón superior suele venir acompañada de un parón que borra méritos anteriores. “Es empezar de cero prácticamente”, resume. No se siente un caso aislado. Cita a Borja Jiménez o a Fernando Adrián como ejemplos de carreras que necesitaron tiempo antes de asentarse en la élite. “Es una carrera muy larga y de fondo, hay que tener mucha paciencia”.

UNA RUPTURA POCO HABITUAL

En diciembre sorprendió con un comunicado en el que rompía su relación de apoderamiento con Leandro Marcos y Manuel Canorea. No fue una despedida edulcorada. Fue directa y transparente. Y eso generó reacciones encontradas.

“Me vi obligado a contar la verdad”, explica. “Muchas veces los toreros no decimos lo que ha ocurrido por miedo a posibles represalias, pero sentía que la gente tenía que saberlo”. Asume que esa sinceridad puede haber generado una imagen equivocada en ciertos aspectos, pero no se arrepiente. Forma parte de su forma de entender la profesión. Ahora camina solo, “Mi espada y mi muleta”.

Es una decisión meditada. Ha recibido llamadas, pero prefiere esperar. Cree en la independencia, en la pureza del camino propio, aunque sea más áspero. “No es fácil caminar solo, pero es un camino muy verdadero y muy fiel a mis principios”.

SIN CAMPO DESDE OCTUBRE

La situación se agrava con un dato revelador: no se ha puesto delante de un animal desde el 12 de octubre en Madrid. Las lluvias, la falta de oportunidades y la inercia del invierno han alargado la distancia con el toro real. “Llevo sin ponerme delante de un animal desde el 12 de octubre. Es mucho tiempo”.

Entrena, mantiene la disciplina, se aferra al trabajo físico y al toreo de salón, pero reconoce que nada sustituye la sensación del animal “Las sensaciones que te deja un toro son muy difíciles de encontrar toreando de salón”.

Aun así, no pierde la fe. El triunfo en la Chenel no lo entiende como casualidad “Eso tiene un porqué”, afirma. Y se agarra a esa certeza como motor.

LA HERENCIA DE LA COPA CHENEL

Lejos de cuestionar el certamen, lo reivindica. Se declara agradecido a la Fundación Toro de Lidia por la visibilidad y el respaldo. “Yo soy torero gracias a los circuitos”, afirma sin titubeos. Más allá de la televisión y la repercusión mediática, valora el trabajo interno: las preparaciones en el campo, el aprendizaje ante los medios, la convivencia entre compañeros. “Se forma una familia”.

Con Daniel Crespo, su rival en la final, mantiene respeto y admiración. No han hablado en profundidad este invierno, pero no duda de que su momento llegará.

La temporada se vislumbra con una cita importante en Valladolid en mayo. Es el primer punto señalado en rojo. El resto, incertidumbre, y paciencia: “Estoy deseando poder triunfar en Madrid o en una plaza de relevancia para ocupar el sitio que quiero”.

Sergio Rodríguez habla sin estridencias, no hay reproches altisonantes ni victimismo, solo la conciencia de que el toreo es resistencia. Que la alternativa no garantiza continuidad. Y que, en muchas ocasiones, la carrera comienza de verdad cuando parece detenerse. El invierno ha sido largo. Pero no definitivo.