Sergio Rollón: “Nunca dudé de si iba a seguir, lo peor fue pensar si podría volver a ponerme delante”

Sergio Rollón será operado por miositis osificante tras la grave cornada de Valdetorres

Cuando le saludas, Sergio Rollón responde con la misma energía que siempre le ha caracterizado: “Estoy muy alegre y contento de hablar contigo porque significa que ya estoy… ya estoy, si no recuperado al 100 %, sí con ganas de volver a pisar el albero”. Esa mentalidad —una mezcla de realismo y determinación— ha sido desde el principio lo que ha sostenido su recuperación.

La cornada que sufrió en Valdetorres del Jarama no fue una herida menor: impactó el denominado triángulo de Scarpa y casi le cuesta la vida. Rollón recuerda con nitidez momentos de aquella tarde. Estuvo consciente en la enfermería tras la cogida y cuenta cómo intentaba no gritar para no preocupar a quienes le atendían: “Me dijeron que estuviera quieto, pero yo decía: a ver si estoy haciendo gilipollas y no tengo nada… y tengo que matar el segundo toro”. La ironía de ese pensamiento, incluso en medio del dolor, refleja la doble dimensión de su compromiso: el amor por la profesión y el instinto de supervivencia.

Al día siguiente, ya en la UCI de un gran hospital, lo primero que preguntó fue por la continuación del certamen: “Me desperté en la UCI y lo primero que les pregunté fue si sabía dónde estaba… y luego les dije que había final, que había puntuaciones, que tenía que saber qué puesto quedaba”. La respuesta, entre risas y empatía médica, fue que no había puntuaciones y que preguntara a sus padres. Aquel momento explica tanto la confianza como el humor con que Rollón enfrentó la adversidad.

Los primeros parte médicos fueron severos: pérdida de cerca de cuatro litros y medio de sangre, funcionamiento comprometido de varios órganos y dudas sobre secuelas. A sus padres les advirtieron incluso de posibles afectaciones mentales por el impacto del trauma. Sin embargo, Rollón no se achica: “Sí sabía lo que había pasado, claro. Sabía lo que me había pasado, y eso fue un alivio para ellos y para mí”.

La recuperación no ha sido lineal. Aunque el alta le permitió volver a casa con su familia, hubo momentos de preocupación cuando la pierna se inflamaba y él no podía levantarse de la cama con facilidad. En esos episodios, el fisioterapeuta Roberto Martín se convirtió en pieza clave del proceso: “Ha sido súper importante. Me ha ayudado desde el primer momento y ha sido una tranquilidad enorme tener a alguien con ese nivel de experiencia y de cariño profesional al lado”.

Hacer frente a la posibilidad de dejar la profesión ni siquiera se cruzó en su mente. “Hubo momentos muy duros, claro, pero nunca dudé de si iba a seguir. Lo peor fue pensar si podría volver a ponerme delante de un toro: correr o no correr, eso fue lo que más miedo me dio”. En esa lucha mental, el trabajo con el coach Javier Portal también marcó diferencia: “Ha sido fundamental para que mi cabeza supiera que esto se puede superar”.

Mientras hablaba, Rollón contaba también cómo decidió fijar Valdemorillo como plaza para su reaparición tras el accidente. No fue algo improvisado: buscaba una feria con cierta repercusión y sentido simbólico, y sobre todo quería volver a torear en un escenario donde puede sentirse acompañado y observado. La noticia de que su recuperación era viable justo al entrar por la puerta de la finca donde iba a volver a torear fue un “mazazo emocional”: más allá de la ilusión, fue la confirmación de que su cuerpo estaba respondiendo.

La vuelta al albero no se vivió como un simple regreso: “El hecho de volverme a enfundar un traje, ver cómo se abre el chiquero y saber que se me toca a mí… es una sensación inexplicable. Es la emoción que uno vive en los momentos más puros del toreo”. Reconoce que no estuvo perfecto: “Hubo cosas que mejorar, muchas cosas que pulir… pero las sensaciones fueron muy positivas”.

Su invierno también ha estado marcado  por la pérdida de un compañero cercano, Nicolás Cubero. Rollón lo recuerda con profunda emoción y cariño: compartían entrenamientos, vivencias y sueños. La noticia de su fallecimiento le llegó de forma abrupta y dolorosa: “Llamé a Nicolás para ver si era una broma, como quien no quiere creerlo… y cuando me respondió su padre llorando supe que era verdad. Se me cayó el mundo encima”. Rendir homenaje a Nicolás y verlo reflejado en el nombre de una vaca de la ganadería de Carpio fue, para él, un recuerdo que perdurará.

Hacia 2026, Rollón mantiene ilusión y prudencia a partes iguales. Aunque reconoce que algunos empresarios pueden pensar que seis meses y medio es poco tiempo para volver, él se siente preparado y con ganas de demostrarlo. “Espero que vayan saliendo muchas cosas, poder estar a la altura en Valdemorillo y que la gente confíe en mí, como yo confío en que mi pierna va a responder”.

La temporada que asoma no está escrita todavía, pero Rollón tiene claros sus primeros puntos de referencia: además de Valdemorillo, espera volver a plazas como Madrid, Pamplona y también Francia. No abandona la idea de seguir creciendo, mejorando y, sobre todo, demostrando que ningún revés definitivo marca el final de un sueño.