Es difícil contar una tarde en la que uno llega a ver realizado el toreo que tantas veces soñó. Dicen que la realidad supera a la ficción, y lo sucedido hoy en Sevilla lo confirma: un viaje al toreo antiguo, a los ecos gallistas que muchos solo conocíamos por los libros. Porque hay tardes —y obras— que desmontan cualquier aprendizaje previo. La de Morante de la Puebla a “Colchonero” pertenece ya a ese territorio inabarcable de lo histórico.
Saludó al de Álvaro Núñez apoyado en el estribo, jugando con el capote a una mano ante un toro que se salía suelto. Después, ya con ambas manos, el mentón hundido en el pecho, meció verónicas en un palmo de terreno, con el animal pasando a milímetros, encendiendo los tendidos. No se conformó: aún quitó por tijerillas, rescatando un toreo que parecía olvidado. Quiso hacer suya toda la lidia y, sin concesiones, banderilleó con un primer par al sesgo, un segundo de poder a poder y un tercero, sentado en una silla, al quiebro junto al estribo, que terminó de desatar la locura. A esas alturas, la historia ya estaba escrita.
La faena comenzó, de nuevo, en la silla, con ayudados por alto de un tiempo que ya no se ve. En redondo, por el derecho, ligó con la cintura rota y el compás abierto, dando forma a una primera parte de gran rotundidad. Pero fue al natural donde alcanzó la cima: se enroscó al toro en la cintura, rematando los muletazos detrás de la cadera con una hondura extraordinaria. El clímax llegó en una última serie en la que un natural en círculo hizo estallar la Maestranza. Exprimió al noble de Núñez hasta el límite. La espada, esta vez, no acompañó y todo quedó en una doble vuelta al ruedo. No hizo falta más: hay obras que no caben en los trofeos.
Reponerse a algo así era prácticamente imposible. Víctor Hernández, sin embargo, volvió a dejar la impronta de un torero firme y de concepto profundo. En su primero, la faena se sostuvo sobre la mano izquierda, con naturales de buen trazo, siempre bien colocado, dando el pecho y cargando la suerte. Midió los tiempos con acierto, administrando la exigencia cuando el toro comenzaba a venirse a menos. El sexto, más deslucido y pegajoso, no le permitió alcanzar cotas mayores, aunque volvió a evidenciar su capacidad para imponerse con limpieza y firmeza.
Juan Ortega dejó sus mejores momentos en el segundo, al que templó por momentos con el capote y en los compases iniciales de la muleta. Su concepto, basado en la suavidad y la reducción de las embestidas, encontró pasajes de buen gusto, aunque en ocasiones ese afán por templar en exceso los viajes terminó por descomponer los muletazos con enganchones. Remató siempre detrás de la cadera, pero la espada, caída, enfrió el conjunto en una plaza que llegó a pedir el trofeo sin que le diese tiempo a la presidenta si quiera a sacar el pañuelo. El quinto, condicionado por la resaca emocional de la obra de Morante y por su escaso fondo, apenas ofreció opciones.
Pero todo quedó marcado por una faena que trasciende lo inmediato. Porque hay tardes que no se cuentan sino que quedan para el recuerdo y para contar a nuestros nietos dentro de muchos años. Y la de Morante en Sevilla ya es una de ellas.
ASÍ TE HE NARRADO EL FESTEJO:
Algo frenado y con escaso recorrido se mostró el primero de la tarde en el capote de Morante, que lo lanceó a la verónica arrancando los primeros rugidos al pasarse al toro muy ceñido. El primer puyazo cayó algo trasero, sin que el animal apretase. Quitó desde los medios Juan Ortega por chicuelinas, rematadas con una media templada y de buen gusto. En la muleta, el toro no ofreció nada. Puso Morante toda la gracia que le faltó a un animal falto de raza, que se quedó corto en los muletazos y echó siempre la cara alta. Con acierto, el sevillano, que ya había salido con la espada desde el inicio, optó por abreviar y lo despachó de una estocada tendida suficiente. Silencio.
De rodillas a la puerta de toriles se fue Juan Ortega a recibir al segundo, que se le vino recto y a punto estuvo de arrollarle. Ya en el tercio lo paró por verónicas, tres de ellas de gran temple, rematadas con una media verónica de cartel como broche al recibo capotero. Quitó por gaoneras desde los medios Víctor Hernández, ajustado ante un toro que se pasó muy cerca por el pitón izquierdo. En la muleta, Ortega construyó su faena por el derecho, siempre reduciendo la embestida y llevando los viajes hasta detrás de la cadera, ligando en redondo con ajuste y lentitud. Por el izquierdo el toro se vino hacia dentro, y en el inicio de la primera serie lo empaló, aunque el animal mostró movilidad y buena condición por ese pitón. Mató de manera algo caída tras tirarse a matar recto. El toro dobló con prontitud y se pidió la oreja.
Abanto de salida salió el tercero de toriles en un recibo que se salió de lo habitual, comenzando por caleserinas rematadas con una larga de rodillas. No se empleó en el primer encuentro con el caballo, buscando siempre los pechos del equino. Tras brindar al público, inició la faena con estatuarios de mucha quietud, rematados con un firme pase del desdén, antes de comenzar desde la segunda raya del tercio. El toro mostró nobleza y calidad, pero muy limitada por la falta de poder, frente a la exigencia constante de Hernández. Brilló especialmente al natural, con firmeza, dando el pecho y llevando los muletazos con largura y profundidad, aunque cada vez con mayor exigencia a medida que el toro se venía a menos. En los últimos compases, la faena quedó reducida a naturales de uno en uno, siempre asentado y buscando los remates detrás de la cadera dando el pecho de frente. Sonó un aviso mientras todavía cuadraba al toro, que ya apenas pasaba, y lo mató de una estocada trasera y algo tendida, paseando una oreja.
Con el capote a una mano quiso Morante lancear al cuarto, pero el toro salía suelto y desatendía el engaño del cigarrero. Ya por verónicas logró ligar los cites, encendiendo los tendidos y toreando con los vuelos a un palmo de terreno. Con una larga cordobesa, echándose el capote al hombro, dejó al toro colocado para el primer encuentro con el caballo, donde no se entregó. Por tijerillas desde los medios remató el quite, antes de un tercio de banderillas en el que Morante puso los palos con la montera calada, en una estampa clásica que enloqueció a los tendidos; el último par, en paralelo al estribo, fue de quiebro sentado en una silla.
Comenzó la faena también en la silla, con ayudados por alto de corte antiguo, de los que ya no se ven. El toro, de mucha clase, embistió siempre con profundidad en la media muleta, donde Morante lo llevó embebido, ligando y ciñéndose al máximo hasta levantar los tendidos hispalenses. Al natural alcanzó su momento más alto, en redondo y con los muletazos llevados hasta detrás de la cadera, en una faena de clímax muy elevado. Lástima que tras tres pinchazos y varios golpes de verduguillo, la plaza se tiñó de blanco. No se le concedió la oreja, en una decisión muy discutida tras el nivel de la obra y el criterio mostrado por el palco durante la feria. Doble vuelta al ruedo de ley.
Con la plaza todavía con el runrún de Morante, salió el quinto, que pasó sin gracia por las verónicas con las que lo saludó Juan Ortega, antes de que en sus dos encuentros con el caballo saliese suelto y sin entregarse con el del castoreño. En la muleta, el toro mostró embestidas más pegajosas, sin querer irse y girando siempre sobre las manos, lo que, unido a unos tendidos aún bajo el impacto de la faena anterior, dejó la labor sin mayor eco en los tendidos. Mató de una estocada baja. Silencio.
Con las manos por delante embistió el sexto en las verónicas con las que lo lanceó Víctor Hernández de inicio, antes de que el toro lastimase al caballo en el primer encuentro con el picador. Llegó a la muleta con el poder muy medido y sin demasiado celo. Los mejores momentos de la faena llegaron con la mano izquierda, con muletazos largos y llevados en paralelo a tablas. Las bernardinas finales pusieron el broche a una labor de notable nivel. Hubo petición de oreja no atendida y saludó una ovación.
LA RESEÑA
Real Maestranza de Caballería de Sevilla – Corrida de Toros || Quinta de la Feria de Abril 2026
Entrada: Lleno de ‘ No hay Localidades’

Ganadería de ÁLVARO NÚÑEZ,

MORANTE DE LA PUEBLA (Rioja y Oro)
- Primero toro: SILENCIO
- Cuarto toro: DOS VUELTAS AL RUEDO

JUAN ORTEGA (Verde limón y Oro)
- Segundo toro: OVACIÓN
- Quinto toro: SILENCIO

VÍCTOR HERNÁNDEZ (Sangre de toro y Oro)
- Tercer toro: OREJA TRAS AVISO
- Sexto toro: OVACIÓN





