El campo aún despertaba cuando la finca Los Charcos abrió sus puertas. A las nueve y media de la mañana, el frío de enero se mezclaba con el aroma del desayuno y con esa expectación silenciosa que solo acompaña a los días importantes del calendario ganadero. No era una mañana cualquiera: la ganadería Toros de Guerrero celebraba su Bautismo de Fuego.
En torno a José Daniel Guerrero, la afición se percibía en cada gesto y en cada detalle. Nada queda al azar en esta casa donde el bravo se cría con paciencia, respeto y una idea muy definida de lo que se busca. Antes de que el hierro entrara en juego, llegaron las faenas camperas, el apartado y la selección: ese trabajo callado y esencial que marca el futuro de una ganadería.
El Bautismo de Fuego es el primer gran rito del toro bravo. El instante en el que el becerro deja atrás el anonimato para adquirir una identidad que lo acompañará de por vida. Nombre, número y hierro. Tradición, compromiso y responsabilidad grabados a fuego.
Uno a uno, 26 reses —15 machos y 11 hembras— fueron pasando por el cajón, bajo la atenta mirada del veterinario de la AGL. Más de tres horas de trabajo duro, de precisión y de respeto por el animal. Reses nacidas entre julio de 2024 y junio de 2025 que, desde ese momento, ya forman parte de la historia viva de Toros de Guerrero.
Una ganadería joven, sí, pero con recorrido y con raíces firmes. Desde su fundación en 2017, José Daniel Guerrero ha ido construyendo un proyecto sólido, apoyado en procedencias contrastadas y en una selección constante. Los resultados comienzan a verse en los ruedos, con presencia en plazas como Zaragoza, Huesca, Ejea, Tarazona o Cariñena, y con una novillada destacada en la Feria del Pilar de 2023.
Cuando el hierro se apagó y la faena quedó cumplida, llegó el tiempo del encuentro, de la charla serena y del agradecimiento sincero. Porque el campo bravo también es eso: esfuerzo compartido, convivencia, tradición y hospitalidad. Y tras el Bautismo de Fuego, los más pequeños, el grupo de roscaderos “Los Ángeles” pudieron vivir uno de esos momentos que se guardan para siempre, haciendo lo que más aman: tentar una becerra en las propias instalaciones de la ganadería, sintiendo de cerca la emoción, el respeto y la ilusión que mantienen viva esta forma de entender el campo y el toro bravo.
Finalizada la faena campera y como manda la tradición, todos los asistentes se reunieron en los salones de la ganadería. En Toros de Guerrero, el esfuerzo compartido se agradece alrededor de la mesa, siendo la paella, elaborada por el cocinero Javier Mayoral, uno de los platos estrella de la jornada.
Nuestro agradecimiento a José Daniel Guerrero por abrirnos las puertas de su casa y permitirnos compartir una jornada tan significativa. Con esa manera de entender el campo, trabajando sin prisas pero con paso firme, y con una afición sincera como motor, Toros de Guerrero camina con ilusión hacia el futuro. El fuego, una vez más, dejó su huella. Y el camino, sin duda, merece la pena.





