Oficialmente, el 31 de diciembre de 2025 concluirá el contrato que durante casi un siglo ha unido a la Empresa Pagés con la Real Maestranza de Caballería de Sevilla. El responsable de que este vínculo que parecía inquebrantable se haya roto atiende al nombre de Ramón Miguel Valencia Pastor, marido de María del Carmen Canorea Pagés, hija del yerno de Eduardo Pagés, que fue el iniciador de la saga. La gestión de don Ramón merece un análisis a modo de obituario.
A la muerte del siempre recordado Diodoro Canorea en el año 2000, son su hijo Eduardo y su yerno Ramón Valencia los que se hacen cargo de la Empresa Pagés, y a partir de 2015 este último se queda en solitario al frente de la gestión, acaparando además 2/3 partes de la sociedad, puesto que Eduardo le vende su participación. El tercio restante correspondía a Mercedes Pagés, la otra hija fruto del matrimonio entre Carmen Pagés y don Diodoro.
El caso es que sea junto a su cuñado o en solitario, nada menos que un cuarto de siglo ha permanecido al frente de la plaza de toros de Sevilla este aparejador albaceteño que amasó su fortuna a costa del negocio inmobiliario, y que como empresario taurino, aparte de una vía paralela de incrementar sus riquezas, encontró la manera de adquirir relevancia social.
UN NEGOCIO MILLONARIO
Desde un punto de vista económico sus primeros años fueron de apreturas, jugando entonces un papel fundamental Pedro Rodríguez Tamayo, amigo personal de Eduardo Canorea y que entró a formar parte de la Empresa Pagés por sus grandes conocimientos financieros. Gracias en gran parte a su labor la sociedad quedó saneada, y ya sin rémoras pretéritas el negocio fue redondo. Después de Eduardo, Pedro Rodríguez Tamayo también decidió marcharse unos años después, cuentan que hasta la coronilla de don Ramón.
Siendo justos, hay que reconocer que Ramón Valencia ha triunfado desde un punto de vista económico, pues la realidad es que, a día de hoy, la plaza de Sevilla es una mina. Ello, pese a sus continuas quejas respecto a la rentabilidad del negocio. La llantina llegó a tal extremo, que hasta el propio PACMA utilizó como arma arrojadiza contra la Fiesta unas declaraciones de Ramón Valencia en las que lamentaba que no le salieran los números. Fue en 2016, y nueve años después ahí seguía por lo visto perdiendo dinero. Nunca jamás se le escuchó ni media palabra en positivo respecto a los beneficios que generaba una plaza como la de Sevilla.
Pero los datos están ahí. Sin ir más lejos, la temporada taurina de 2025, con 10 llenos de “no hay billetes” le reportaron unos 2 millones de beneficios netos en una plaza que, paradójicamente, ha perdido más del 60% de abonados. Porque, en efecto, a la muerte de Diodoro Canorea, se produjo un descenso galopante de abonados del cuál la plaza ya nunca se recuperó. El momento crítico llegó cuando las figuras del toreo decidieron durante dos años (2014 y 2015) no torear en Sevilla, cansados de que la Empresa Pagés pusiera constantemente en duda la rentabilidad de los toreros punteros. Se consiguió lo que parecía imposible, que una serie de matadores huyera de la plaza en la que todo el mundo sueña con torear. Muchos aficionados de toda la vida dejaron su abono, y la plaza fue cayendo en una pérdida de identidad muy dolorosa, al menos para los que la conocieron en su máximo esplendor.
PÉRDIDA DE ABONADOS… Y TAMBIÉN DE IDENTIDAD
De los casi 7.000 abonados que tenía la Maestranza, apenas quedan hoy unos 2.200. Algunos de esos abonos en sitios de privilegio los recuperó la reventa, que actualmente tiene un gran negocio en Sevilla aprovechando el tirón tremendo que tiene su Feria de Abril. El resultado es un público variopinto, fluctuante, sólo parecido al de toda la vida en carteles muy determinados, una minoría en cualquier caso. El triunfalismo que se ha vivido en los últimos años ha convertido a la Maestranza en una plaza irreconocible, a lo que colaboran también unos presidentes que parecen dejarse llevar por la nueva tendencia, y una banda de música que ya no interrumpe los pasodobles ni después de un desarme. Los taurinos por supuesto están encantados de la vida, pero si Sevilla tiene el prestigio que tiene, es porque históricamente fue una plaza entendida, ecuánime, que valoraba lo bien hecho y despreciaba lo malo, ya fuera con broncas o, casi siempre, con silencios. Y en la que los triunfos no se regalaban. En 2025, este periodista escuchó gritos de “torero, torero” de varios tendidos al unísono que tuvieron tintes de público de despedida de soltero.
Respecto a los carteles, Ramón Valencia ha terminado cogiéndole el pulso a la plaza, y sobre la base de Morante de la Puebla y otras figuras de gran tirón y toreros muy del gusto de la afición de Sevilla, ha ido confeccionando ferias cada vez mejores. Atrás quedan esos tristes años en los que institucionalizó el hoy olvidado cartel mediático del sábado de feria (quizá porque ya no queden toreros mediáticos) o combinaciones extrañísimas, más propias de otras plazas. No había que ser la reencarnación del Papa Negro para entender, por ejemplo, que un mano entre Sebastián Castella y López Simón en su día encajaba perfectamente en Madrid, pero no en la Maestranza. Su estrecha y extraña relación con Matilla ha propiciado, eso sí, que el único torero que no ha faltado en la Feria de Abril durante sus 25 años de gestión haya sido David Fandila, El Fandi.
Otro cantar son las novilladas, apartado en el que su gestión ha incluso empeorado. Al eliminar las novilladas fuera de abono y cerrar todos los puestos de las de abono desde el mes de febrero, un novillero que triunfara en Sevilla no podía ser repetido en toda la temporada. Y no conforme con ello, parte del plantel de novilleros que han sido contratados en los dos últimos años, precisamente en los que llegó a un acuerdo de apoderamiento con Javier Zulueta, a olido (por no decir, apestado) ha intercambio de cromos de forma escandalosa. Desde ese punto de vista, jamás la Maestranza había caído tan bajo.
UNA TUMBA CAVADA EN LOS TRIBUNALES
En estos 25 años, además, muchos espectáculos se han ido perdiendo, empezando por todos los que eran fuera de abono: aparte de las ya citadas novilladas de agosto y septiembre; la Corrida de la Virgen de los Reyes; y la Corrida del 12 de octubre, ahora sustituida por un festival benéfico que organizan las hermandades de la ciudad. Además, se eliminó la corrida del Lunes de Resaca, la del Día del Corpus (esa fecha se ha venido utilizando para una de las novilladas con picadores que Pagés estaba obligada a celebrar); y la matinal de rejones el domingo de farolillos.
Pero cuando Ramón Valencia cavó su propia tumba como empresario del Baratillo fue el día en el que se le ocurrió llevar a los tribunales a la Real Maestranza de Caballería. Ya había mostrado su descontento en varias ocasiones, llegando a amenazar con que se iría “cuando me engañen tres veces”, pero el caso es que de las palabras pasó a los hechos al entender que la propiedad debía devolverle nada menos que 6 millones de euros en concepto de I.V.A. de muchos años atrás; y parte de lo recaudado por las visitas turísticas, que incluían un recorrido no sólo por el museo, sino también por la plaza de toros. Si el Tribunal Supremo no opina lo contrario (ha presentado recurso de casación ante los varapalos judiciales sufridos hasta ahora) los tribunales le han dado la razón a la Real Maestranza, que obviamente tuvo muy en cuenta cómo se las gastaba el último eslabón de una familia que ha estado explotando su plaza de toros durante casi un siglo.
Y así, una vez concluida la temporada de 2025, esta institución cuyos beneficios se destinan íntegramente a la conservación de sus edificios, y a obras sociales y culturales, no le ha renovado el contrato a Ramón Valencia, pese a que él se encargó de dar por sentado que gozaría incluso de un año de prórroga. Ello, al hilo de aquellos tiempos negros del COVID en los que el señor Valencia pretendió que las leyes se adaptaran a sus necesidades y no al revés, de manera que la Maestranza tuvo sus puertas cerradas la friolera de 700 días mientras en otras plazas andaluzas se daban toros con aforo reducido, como fueron los casos de Córdoba y El Puerto de Santa María. Plazas, por cierto, regentadas en aquel momento por el nuevo empresario del coso del Baratillo, José María Garzón Mergelina…

