Rafael Molina: “El toro hoy tiene que ser un atleta; el peso es un concepto anacrónico”

Rafael Molina: “El toro hoy tiene que ser un atleta; el peso es un concepto anacrónico”

Fotografías: Sara Navarro

La reciente corrida de El Parralejo en Sevilla ha reforzado la línea ascendente de una ganadería que, pese a su juventud, se ha instalado con fuerza en plazas de máxima exigencia. En este contexto, Rafael Molina atiende a Torolive para desgranar las claves de un encierro que destacó por su variedad y fondo.

El ganadero se muestra satisfecho con el resultado global más allá del brillo individual de “Secretario”, un toro que dio la vuelta al ruedo y que simbolizó el momento actual del hierro: “Fue una corrida variada, abierta, como buscamos siempre. Lo más bonito que nos dijeron es que cuando salió el sexto toro la gente no se había dado cuenta de que se había acabado la corrida”.

Ese concepto de “corrida abierta” responde a una filosofía clara en la selección: combinar líneas genéticas y buscar matices distintos en el comportamiento. En ese equilibrio entre sementales y vacas reside, según Molina, la riqueza del encierro. Aunque “Secretario” acaparó focos, el ganadero pone en valor otros ejemplares del envío, como el segundo de la tarde, al que define como un toro de gran calidad en la muleta. Una visión que refuerza la idea de conjunto por encima de individualidades.

Uno de los puntos más interesantes de la conversación llega al abordar el eterno debate del toro moderno. Molina lo tiene claro: “El toro hoy hay que entenderlo como un atleta. Es un animal que en veinte minutos no para de moverse ni de pelear”. Desde esa premisa, cuestiona abiertamente la importancia del peso en las plazas: “El peso es un concepto anacrónico. Lo importante es el trapío, que es lo que transmite al aficionado. Un toro puede pesar más y decir menos que otro más liviano pero mejor hecho”.

Esta reflexión enlaza con la evolución que ha experimentado la cabaña brava en las últimas décadas. Para el ganadero, la mejora ha sido integral: alimentación más específica, mayor control sanitario y un manejo orientado a reducir el estrés del animal antes de la lidia.

“El peso es un concepto anacrónico. Lo importante es el trapío, que es lo que transmite al aficionado. Un toro puede pesar más y decir menos que otro más liviano pero mejor hecho”

Precisamente el manejo fue uno de los grandes desafíos de este invierno, especialmente duro en el campo onubense: “Hemos tenido condiciones muy complicadas, con muchísima lluvia. Incluso tuvimos que resguardar los toros bajo techo. Ha sido difícil prepararlos, pero no puede servir de excusa”.

A pesar de ello, el resultado en Sevilla avala el trabajo realizado y refuerza la confianza de cara al siguiente gran compromiso: la plaza Las Ventas.

Allí, El Parralejo volverá a examinarse en un escenario donde la exigencia es máxima y donde, según Molina, persisten ciertos criterios discutibles: “No entiendo por qué si el reglamento fija un peso, en Madrid se exige otro. Deberíamos centrarnos más en el trapío que en la báscula”.

Más allá del presente inmediato, la ganadería vive un momento de consolidación. Cuatro años consecutivos propiciando salidas por la Puerta del Príncipe en Sevilla y varios reconocimientos al mejor toro de la feria avalan una trayectoria en claro crecimiento.

En ese camino, Molina insiste en una idea que atraviesa toda la entrevista: el toro bravo es el resultado de un trabajo colectivo y minucioso desde su nacimiento. “Esto no es solo genética. Es alimentación, manejo, sanidad… y el esfuerzo de mucha gente”.

Con esa base, El Parralejo encara una temporada de responsabilidad y oportunidades, con citas en plazas de primer nivel tanto en España como en Francia. Un calendario exigente que servirá para medir la solidez de un proyecto que ya ha dejado de ser promesa para convertirse en realidad.