Samuel Castrejón: “Dar una sorpresa así en una feria como Valdemorillo es satisfactorio, pero también una responsabilidad”

Samuel Castrejón: “Dar una sorpresa así en una feria como Valdemorillo es satisfactorio, pero también una responsabilidad”

El invierno había dejado señales. No solo en el campo, castigado por la lluvia, sino también en los mentideros taurinos, donde el nombre de Samuel Castrejón comenzaba a pronunciarse con ese “runrún” que precede a los toreros distintos. Su triunfo en el certamen Camino hacia Las Ventas y, especialmente, su actuación en Valdemorillo, han terminado de confirmar lo que muchos intuían: el nacimiento de una ilusión nueva.

Para el propio novillero, lo ocurrido en la Feria de San Blas y La Candelaria tiene un significado especial. “Es muy bonito. También es una responsabilidad, pero dar una sorpresa así en una feria como Valdemorillo, pues para mí es satisfactorio”, afirma con la serenidad de quien es consciente de la dimensión del momento que atraviesa.

Su actuación no pasó desapercibida. Bastó un solo novillo para dejar huella, para detener el tiempo por momentos y para que el público percibiera un concepto definido. Castrejón reconoce que llegaba con la presión añadida de unas expectativas crecientes: “Sabía que la gente quería verme y aparte quería verme torear bien. Eso implica también una gran responsabilidad y gracias a Dios salió un novillo que se prestó mucho a torearlo bien y me permitió poder darle tres o cuatro tandas como lo siento”.

Ese “como lo siento” define buena parte de su identidad como torero. Su concepto se asienta sobre el temple, la naturalidad y el sentimiento, cualidades que remiten a una forma de entender el toreo basada en la pureza. Él mismo no esconde sus referencias, aunque evita encasillarse: “El maestro Juan Ortega es uno de mis referentes, sobre todo todos los toreros que intentan reducir la embestida e imponer ellos el ritmo del toro. Pero tampoco me quiero atar en ningún concepto. Sobre todo es ponerle sentimiento y alma, que al final es lo que queda en los tendidos”.

El debut de Castrejón con los del castoreño, clave de una tarde con premio en Valdemorillo
Samuel Castrejón saliendo a hombros en Valdemorillo

El paso al novillo picado supone un punto de inflexión en la carrera de cualquier torero. Un cambio técnico y emocional que Castrejón describe con naturalidad, destacando las posibilidades que ofrece el animal para el toreo profundo: “Es el cambio más grande que hay. El animal ya para, tiene otro ritmo, pasa más despacio, y eso favorece al toreo. Permite hacer las cosas como uno las siente”.

Su formación ha estado marcada por la influencia directa de sus maestros, figuras clave en su evolución y en su preparación mental. La implicación de profesionales como Fernando Robleño y Sergio Aguilar ha sido determinante en su crecimiento: “La figura de los maestros para mí es esencial. No se queda solo en que sea un director o un maestro de la escuela. Ellos viven nuestras carreras como si fuesen las suyas. El abrazo al terminar fue inmenso, momentos muy dulces y muy bonitos”.

Pero más allá del triunfo personal, hay imágenes que reflejan algo más profundo. La salida a hombros, arropado por compañeros y jóvenes aficionados, simboliza la vigencia y el futuro de la tauromaquia. Castrejón lo percibe con claridad: “Ese momento indica sobre todo que hay mucho compañerismo y que los triunfos de los compañeros también nos hacen estar orgullosos. La fiesta ahora mismo está en su mejor momento y eso hay que cuidarlo”.

A pesar del impacto de su triunfo, el novillero es consciente de la realidad del sistema y de la dificultad de abrirse camino. Las ferias se cierran con antelación y las oportunidades no siempre llegan al ritmo que marca el mérito. Él lo asume con madurez, aunque no oculta su reflexión: “Es cierto que hoy en día las ferias se cierran demasiado pronto. Tendrían que dar un poco más de margen a ver qué puede pasar en esos primeros días de temporada”.

Sin embargo, lejos de la impaciencia, su discurso transmite equilibrio y determinación. Sabe que el camino del toreo es largo y que cada paso debe consolidarse con verdad. Su actuación en Valdemorillo no ha sido un punto de llegada, sino el inicio de una etapa nueva.

Samuel Castrejón ha dejado de ser una promesa para convertirse en una realidad emergente. Su nombre ya está en el horizonte. Y lo más importante: su concepto, su temple y su forma de sentir el toreo han empezado a ilusionar a la afición. Porque, como ocurre siempre con los toreros que dicen algo distinto, lo que ha nacido no es solo una carrera, sino una expectativa. Y eso, en el toreo, es el principio de todo.