Luque sostiene el naufragio de El Vellosino

Luque sostiene el naufragio de El Vellosino

La tarde nació torcida mucho antes de que se abriera la puerta de chiqueros. La inesperada ausencia de la corrida de El Parralejo —después del extraordinario juego ofrecido semanas atrás en Sevilla— y la opacidad absoluta de la empresa sobre los motivos de la sustitución habían instalado en los tendidos un clima de desconfianza evidente. Madrid acudió predispuesta al examen severo y la corrida de El Vellosino no hizo sino confirmar, desde el primer toro, todos los temores.

Porque además del juego desastroso del encierro, hubo ejemplares impropios por presentación para una plaza de la categoría y la exigencia de Las Ventas. Faltó remate, faltó cara y, sobre todo, faltó raza. La corrida se movió siempre entre la invalidez, la mansedumbre y una alarmante ausencia de poder que convirtió la tarde en una sucesión de intentos frustrados. Un espectáculo plano, desprovisto de emoción y sin apenas opciones para los toreros.

Dentro de ese panorama desolador, Daniel Luque volvió a demostrar por qué atraviesa uno de los momentos más sólidos del escalafón. Su primero fue un animal sin fuerza ni continuidad, que perdió las manos desde el capote y llegó a la muleta completamente derrumbado. Sin embargo, el de Gerena consiguió construir una faena de enorme mérito técnico, siempre colocado, tirando literalmente del toro y logrando incluso algunos naturales estimables por el izquierdo, el único pitón por donde el animal dejó entrever un mínimo de clase. Todo ocurrió a media altura moral, porque debajo no había nada. Luque puso la firmeza, la colocación y el gobierno que le faltaban al toro. La ovación tras aviso reconoció precisamente eso: el esfuerzo de sostener lo insostenible.

Volvió a ocurrir en el quinto. Otro ejemplar noble pero absolutamente vacío, sin transmisión ni fondo, condenado a pasar andando detrás de la muleta. Luque insistió con actitud irreprochable, cruzándose, buscando siempre la colocación exacta y tratando de dar sentido a una embestida anestesiada. Otra vez quedó la sensación de que el torero había estado muy por encima de la materia prima. Madrid se lo reconoció con una nueva y cálida ovación.

David de Miranda dejó la imagen más sincera de la tarde frente al tercero, seguramente el único toro que, dentro de la mediocridad general, permitió algunos momentos aprovechables. El onubense lo recibió con buen gusto a la verónica y luego firmó un inicio de faena quieto por estatuarios y comprometido, brindado al público, en medio de un viento cada vez más molesto que terminó condicionándolo todo. Al natural llegaron los pasajes de mayor verdad, con un De Miranda firme y decidido ante un animal que, pese a humillar por momentos, nunca dejó de evidenciar su condición de mansote rajado. El sexto ya no tuvo absolutamente nada. Inválido y deslucido, terminó por derrumbar cualquier expectativa restante. Aun así, el torero mantuvo la compostura y la dignidad ante un público ya agotado por el tedio.

Sebastián Castella tampoco encontró resquicio alguno. Su primero fue un animal desfondado desde salida, incapaz de sostener una sola serie sin claudicar. El francés, consciente de la imposibilidad de extraer lucimiento, abrevió con criterio. Peor aún resultó el cuarto, un toro de escasa presencia y aún menor contenido, que nunca rompió hacia adelante ni transmitió emoción alguna. Castella trató de sujetarlo y construir una faena imposible, pero todo quedó reducido a un ejercicio estéril que terminó diluyéndose entre el atasco con los aceros y el hastío general.

La corrida de El Vellosino dejó así una de esas tardes que erosionan lentamente el crédito de una plaza y de una afición. No sólo por el juego del ganado, sino por todo lo que rodeó al festejo: la falta de transparencia sobre la sustitución del encierro titular, la discutible presentación de varios toros y la sensación permanente de improvisación. Madrid puede aceptar el fracaso del toro bravo; lo que difícilmente tolera es la ausencia de explicaciones y la renuncia a la integridad que exige su categoría.

LA RESEÑA


Plaza de toros de Las Ventas (Madrid) – Corrida de Toros || Sexta de la Feria de San Isidro 2026

Entrada: Lleno de ‘No Hay Localidades’

Ganadería de EL VELLOSINO: Desfondada y muy desigual corrida de El Vellosino, falta de fuerza, raza y transmisión, con varios ejemplares además escasos de presentación para Madrid. Un encierro inválido y deslucido que condenó la tarde al tedio y dejó sin opciones reales a la terna

SEBASTIÁN CASTELLA (Grana y Oro)

  • Primer toro : SILENCIO
  • Cuarto toro: SILENCIO TRAS DOS AVISOS

DANIEL LUQUE (Malva y Plata)

  • Segundo toro: OVACIÓN TRAS AVISO
  • Quinto toro: OVACIÓN TRAS AVISO

DAVID DE MIRANDA (Teja y Oro)

  • Tercer toro: SILENCIO
  • Sexto toro : SILENCIO