Marco Pérez convirtió su reaparición en una demostración de ambición. El salmantino volvía a vestirse de luces después del percance sufrido en Santander y lo hizo sin reservas, atacando la tarde desde el primer toro de su lote y dejando una imagen de enorme determinación.
El tercero, un buen ejemplar de Victoriano del Río, le permitió desplegar una faena de ritmo, ligazón y temple. Pérez se metió pronto en la obra, toreó con intensidad por ambos pitones y conectó de inmediato con los tendidos. La actuación tuvo continuidad y una entrega constante, suficiente para que el público se volcara con él y le concediera dos orejas.
Con la Puerta Grande ya asegurada, no administró el resultado frente al sexto. Volvió a salir con la misma disposición y aprovechó las primeras embestidas de otro toro de Victoriano del Río para construir series de buen tono. Cuando el animal perdió fondo, el salmantino acortó las distancias y sostuvo la faena desde las cercanías, manteniendo viva la conexión con la plaza. Sumó una oreja más y cerró su reaparición con tres trofeos.
Roca Rey protagonizó la faena más rotunda de la primera mitad frente al segundo, un toro de Toros de Cortés con clase, transmisión y recorrido. El peruano tomó el mando desde el inicio y edificó una labor de gran autoridad, con series profundas y ligadas por ambos pitones.
La faena creció en intensidad hasta terminar con la plaza completamente entregada. Hubo poder, temple y una clara sensación de dominio ante un toro que permitió exigirle. Una estocada de efecto fulminante puso el cierre y le valió dos orejas.
El quinto también le ofreció opciones. Roca Rey encendió de nuevo San Roque con un comienzo de rodillas en el centro del ruedo y varios pases cambiados por la espalda. Después mantuvo la tensión con series de mando y firmeza frente a otro buen toro de Victoriano del Río. La faena caminaba hacia un nuevo premio, pero el fallo con la espada terminó dejando el resultado en silencio.
Alejandro Talavante abrió plaza ante un toro de Victoriano del Río que fue perdiendo recorrido conforme avanzó la faena. El extremeño encontró sus mejores momentos al natural y, cuando el animal buscó las tablas, recurrió a las cercanías para mantener viva la labor. Un pinchazo previo a la estocada dejó todo en silencio.
La recompensa llegó en el cuarto. Talavante se encontró con un toro exigente, al que fue ganando poco a poco desde el mando y la inteligencia. El animal terminó entregándose a una muleta que lo llevó con limpieza y temple, en una faena de creciente consistencia y remates muy toreros. Las manoletinas y una estocada efectiva pusieron el cierre a una actuación premiada con una oreja.

