Manzanares crece con el quinto y sentencia con una estocada recibiendo (Directo: Ronda)

Manzanares crece con el quinto y sentencia con una estocada recibiendo

El primero de Ribeiro Telles salió muy parado y con escaso celo, obligando a Diego Ventura a sostener toda la lidia desde la iniciativa. A lomos de ‘Guadalquivir’ consiguió encelarlo y dejó dos rejones de castigo antes de comenzar a subir el tono de la actuación en banderillas. Con ‘Oro Negro’ se metió mucho en los terrenos del toro y clavó dos palos en todo lo alto. Después, sobre ‘Lío’, llegaron los quiebros más espectaculares, que terminaron de encender los tendidos. La faena creció aún más con ‘Bronce’, al que quitó el cabezal para ejecutar dos banderillas ofreciendo los pechos del caballo y provocando después al toro hasta dejar que el equino le mordiera el pitón. El cierre llegó con ‘Brillante’, con el que colocó dos cortas al violín y una rosa antes de enterrar el rejón de muerte. Ventura había hecho prácticamente todo ante un toro de muy escasas prestaciones. Dos orejas.

Poco recorrido tuvo el segundo de la tarde, primero de la lidia a pie. El toro de Garcigrande, largo y bien presentado, resultó deslucido y falto de casta, llegando prácticamente apagado al último tercio. Antes, en el caballo, se dañó el pitón izquierdo sin que el palco atendiera las protestas del público que reclamaba su devolución. Con la muleta, Morante de la Puebla apenas pudo dejar algún detalle aislado, sobresaliendo un trincherazo de su sello. Ante la falta de opciones, el cigarrero optó por abreviar. Tras dos pinchazos, dejó una estocada entera. Silencio.

Más terciado y con aire anovillado salió el segundo de Garcigrande, que se desplazó de salida con buen tranco. José María Manzanares lo recibió con mucho temple a la verónica y remató el saludo con una vistosa revolera. Tras el paso por el caballo, el toro se partió la punta del pitón izquierdo, repitiéndose las protestas del público y la decisión del palco de mantenerlo en el ruedo. Ya con la muleta, el de Garcigrande mostró nobleza y clase, aunque muy medido de fuerzas. Manzanares construyó una faena reposada, de buen empaque y mucho temple. Hubo ligazón sobre la diestra y mayor profundidad al natural, aunque el público no terminó de entrar en una labor medida y de buen tono. Media estocada y descabello. Silencio.

Juan Ortega dejó uno de los grandes recibos capoteros de la tarde ante el cuarto. Tras fijarlo por abajo, con la rodilla semiflexionada, se estiró a la verónica en media docena de lances de enorme poder, temple y rotundidad, rematados con una media de gran belleza. Después lo llevó al caballo galleando por chicuelinas con garbo y torería. La faena comenzó con ayudados por alto y varios muletazos por bajo que hicieron crujir la plaza. El toro fue creciendo y Ortega también. Más arrebatado y expresivo que en otras ocasiones, el trianero construyó una de las obras más importantes de su temporada, con momentos de gran hondura y naturalidad. La penúltima tanda al natural fue superlativa, por trazo, profundidad y ajuste, llevándose al toro muy ceñido y rematando atrás. Después llegaron un circular y una serie en redondo de enorme intensidad, interrumpida por un desarme inoportuno cuando el público ya estaba completamente entregado. Una estocada entera cerró la faena. Oreja tras aviso, con fuerte petición de la segunda.

Más terciado salió el quinto de la tarde, cuarto de la lidia a pie. Morante de la Puebla lo recibió con decisión y dejó un saludo a la verónica de mucho mando, embarcando desde muy adelante y llevando las embestidas atrás. Tras el paso por el caballo intentó un quite por chicuelinas, pero desistió al quedarse muy corto el de Garcigrande. El toro resultó deslucido e informal, sin terminar de entregarse nunca. Morante hizo el esfuerzo desde el inicio de faena, que abrió con ayudados por alto y muletazos por bajo de sabor añejo. Después, la falta de continuidad del animal impidió que la labor tomara vuelo. Quedaron chispazos y muletazos sueltos cargados de personalidad, sobre todo al natural, dentro de una actuación en la que el cigarrero mostró disposición y poder. Mató de una estocada entera al tercer intento. Ovación.

El quinto de Garcigrande, de mejores hechuras que sus hermanos, tuvo nobleza y clase, aunque volvió a acusar una falta de raza que limitó su duración. José María Manzanares centró toda su apuesta en la muleta y fue construyendo una labor de menos a más, ganando profundidad conforme avanzaba la faena. El alicantino buscó siempre la ligazón y el temple, dejando pasajes de buen toreo y administrando con inteligencia las embestidas. Lo más importante llegó en la última serie sobre la diestra, cuando apretó al toro por abajo y remató con un cambio de mano muy despacioso. La estocada recibiendo, fulminante, terminó de disparar la emoción en los tendidos. Dos orejas.

LA RESEÑA


Real Maestranza de Caballería de Ronda (Málaga) || Tradicional Corrida Goyesca || Tercera de la Feria de Pedro Romero 2026

Entrada: Lleno de ‘No hay billetes’

Se lidian toros de David Ribeiro Telles (1º) y Garcigrande, 

  • DIEGO VENTURA : Oreja;
  • MORANTE DE LA PUEBLA : Silencio y Ovación;
  • JOSÉ MARÍA MANZANARES : Silencio y Dos orejas;
  • JUAN ORTEGA : Oreja tras aviso