El primer festejo de la temporada taurina sirvió para ir tomando el pulso a un año que arranca con ilusión y nombres jóvenes con cosas que decir. Fue una tarde variada, con momentos de buen toreo, pasajes de valor y actuaciones marcadas por la entrega, en un festejo que se fue construyendo poco a poco. En ese contexto destacó por encima del resto Samuel Castrejón, que debutaba con los del castoreño y terminó erigiéndose en el triunfador de la función tras cortar dos orejas al sexto, dejando la sensación de haber firmado la actuación más completa y asentada de la tarde.
El nº 18, Compositor (10/22), de capa negra, abrió la tarde y encontró en Álvaro Serrano una acogida de marcado sabor clásico: lance genuflexo, un farol y cuatro verónicas que ya marcaron el tono de su quehacer. Volvió a dejar huella en un quite personal, citando con el capote a la espalda. Con la muleta, arrancó faena en los medios con tres estatuarios de gran quietud y ajuste, antes de construir una labor medida y de buen gusto frente a un toro noble y entregado. Ligó dos series en redondo a media altura, conducidas con suavidad y mando, siempre buscando la continuidad. Alargó la faena intentando extraer todo lo aprovechable de su oponente, que llegó a voltearle sin consecuencias. Cerró su actuación con una estocada entera y efectiva. Oreja.
El nº 16, Sal Gorda (9/22), castaño bocidorado, fue recibido por Mario Vilau sin titubeos, marchándose de inmediato a portagayola para esperar a un toro que salió como una auténtica locomotora, rematando el saludo con unas gaoneras de exposición. Con la muleta, inició su labor de rodillas en la boca de riego, enlazando pases cambiados de gran emoción. Ya en pie, toreó en redondo con temple a un animal encastado que llegó a voltearle en la segunda de las series. Por el pitón izquierdo logró después tres series muy ajustadas, de trazo firme. Volvió a la rodilla para cerrar con circulares invertidos, aprovechando la incansable embestida del astado, al que dio muerte de una estocada entera algo desprendida. Oreja tras aviso.
El nº 8, Olvidado (11/22), de capa tostada bocidorada, fue saludado por Julio Méndez a la verónica, firmando después un quite en los medios por gaoneras rematadas con una revolera. Con la muleta, comenzó su labor con muletazos genuflexos antes de torear con la diestra con largura, temple, ajuste y desmayo frente a un adversario exigente. No perdió intensidad su quehacer al natural, manteniendo el nivel de la faena. En la recta final, se asentó con firmeza en la arena para protagonizar un arrimón que cerró con un desplante arrojando la muleta. Tras una última tanda de ayudados por alto, dio muerte al novillo de una estocada entera. Oreja.
El nº 10, Turqueso (1/23), de capa negra mulata, fue recibido por Sergio Rollón a la verónica, luciéndose después en un quite por navarras. Fue este un novillo de genio, con embestidas sin humillar, frente al que el novillero supo imponerse con inteligencia, entendiendo en todo momento al oponente e imponiendo mando a sus series por ambos pitones. Puso voluntad y ganas en un trasteo de firmeza, que cerró con muletazos genuflexos por bajo ante un animal falto de fijeza. Cobró una media estocada trasera y desprendida. Vuelta al ruedo tras un aviso.
El nº 21, Pelador (10/22), de capa negra, fue saludado por Félix San Román con una revolera en los medios para cerrar el recibo capotero. También en los medios inició su labor de muleta ante un novillo de embestida tardía y rebrincada, que ofreció escasas opciones para el lucimiento. Pese a ello, el torero puso voluntad y ganas, porfiando en exceso frente a un oponente deslucido. Cuando se disponía a cerrar su faena y tomar el estoque, perdió la cara del animal, que le prendió por la entrepierna. Logró darle muerte de un pinchazo hondo y caído. Silencio tras aviso.
El nº 11, Garrote (1/23), de capa negra, permitió a Samuel Castrejón —que debutaba con los del castoreño— firmar la gran revelación del festejo. Frente a un novillo de bandera, cuajó una actuación impregnada de arte y embrujo, llegando a detener el tiempo en varios pasajes de muleta. Sus naturales, hondos y templados, destilaron sabor añejo, interpretados con pulso y cadencia y conectando con facilidad con los tendidos. Fue una faena de alta intensidad, sabiamente medida en los tiempos, sin un muletazo de más, que remató con solvencia con la tizona, poniendo el broche a una labor destinada a quedar en la memoria de la tarde. Dos orejas.
LA RESEÑA
Plaza de toros de Valdemorillo (Madrid) || Primera de la Feria de San Blas y La Candelaria 2026
Entrada: Dos tercios de plaza.
Se lidian novillos de Jiménez Pasquau,
- ÁLVARO SERRANO, Oreja
- MARIO VILAU, Oreja tras aviso
- JULIO MÉNDEZ, Oreja
- SERGIO ROLLÓN, Vuelta al ruedo tras aviso
- FÉLIX SAN ROMÁN, Silencio tras aviso
- SAMUEL CASTREJÓN, Dos orejas;

