Ventura corta un rabo, Escribano dos orejas y El Cid hace el toreo al natural en la despedida de Juan Francisco Peña

Ventura corta un rabo, Escribano dos orejas y El Cid hace el toreo al natural en la despedida de Juan Francisco Peña

Crónica
Plaza de Toros de la Alameda · Jaén
Primer festejo de la Feria de San Lucas 2026 · Domingo 11 de octubre de 2026

Ficha del festejo

Plaza
Plaza de Toros de la Alameda
Jaén

Festejo
Corrida de toros
Primero de la Feria de San Lucas

Fecha
Domingo 11 de octubre
Feria de San Lucas 2026

Entrada
Más de tres cuartos de plaza

Ficha
Resultado

Diego Ventura

Diego Ventura
Primer toro: Oreja
Segundo toro: Dos orejas y rabo

El Cid

El Cid
Verde esperanza y oro
Primer toro: Silencio
Segundo toro: Oreja

Manuel Escribano

Manuel Escribano
Turquesa y oro
Primer toro: Dos orejas
Segundo toro: Ovación

Desliza lateralmente para ver todos los actuantes

Los toros
Ganadería

Victorino Martín

Ganaderías
Victorino Martín
Corrida muy bien presentada y de juego variado, aunque buena en líneas generales. El cuarto fue el ejemplar más destacado y recibió la vuelta al ruedo, mientras que tercero y quinto fueron ovacionados en el arrastre. Se lidió además un sobrero para rejones de Guiomar Cortés de Moura y sobreros para la lidia a pie de Gavira.

Incidencias
El picador Juan Francisco Peña se despidió de los ruedos en esta tarde. La banda de música tuvo un gesto con el histórico varilarguero durante la lidia del sexto, mientras Manuel Escribano le puso el toro en los medios para su último encuentro con el caballo.

En el ruedo
La crónica

Firma
Nacho Raso
Colaborador
Firma de Nacho Raso

Diego Ventura abrió la puerta grande tras cortar tres orejas y un rabo en una tarde en la que El Cid dejó una faena para el recuerdo al natural y Manuel Escribano volvió a imponerse desde la entrega. El cuarto de Victorino Martín fue premiado con la vuelta al ruedo.

Recibió Diego Ventura en la misma puerta de toriles al primero de la tarde, un precioso animal con el que se iniciaba la “gesta” —así lo anunciaba la empresa— del jinete con los de la divisa extremeña. Colocó a la perfección los primeros rejones de castigo, así como la mayoría de las banderillas, arrebatándose Ventura tras rozar en distintas ocasiones los pitones del toro al caballo. Con un precioso caballo completamente blanco colocó las banderillas cortas y el rejón de muerte, que cayó algo trasero, teniendo que recurrir al descabello y matando finalmente al tercer intento. Concedió la oreja el palco tras una fortísima petición, siendo ovacionado el toro en el arrastre.

Enfundado en un precioso verde esperanza y oro se sacó a los medios, andando hacia atrás, El Cid al segundo de la tarde, ovacionado de salida, precioso de hechuras y mucho más entipado que el anterior. En varias ocasiones hizo el toro por llevarse por delante el capote, mostrando desde el principio un comportamiento que poco iba a ayudar al de Salteras. Pocas fuerzas y mucha violencia; el toro de Victorino perfecto, nótese la ironía. Fue además excesivamente picado, lo que no ayudó al desarrollo de la lidia, y perdió las manos durante el tercio de banderillas, pero cuando embestía lo hacía con clase.

Cuando todo parecía indicar que íbamos a ver poco más que un macheteo y la suerte suprema, se echó El Cid la muleta a la izquierda, logrando lo que hasta el momento parecía impensable: sacarle buenas embestidas y mejores naturales, llegando incluso a adornarse con sus tan característicos faroles. Bajo los compases de Concha Flamenca, siguió toreando con la zurda hasta que la faena perdió toda opción de triunfo al quedarse el animal sin las poquísimas fuerzas que le quedaban. Dejó dos pinchazos y estocada, siendo pitado el toro y silenciado el torero.

Supongo que debería decir que, ante el tercero de la tarde, se fue Manuel Escribano a porta gayola, pero cuando el torero se coloca prácticamente en los medios de la plaza, no sé muy bien cómo denominar a dicho saludo. Se comportó bien de salida el toro, permitiendo que se gustara a placer el sevillano toreando a la verónica. Fue picado magníficamente el toro ante un público que, por cierto, pitaba y protestaba que el de Victorino estuviera recibiendo algo más que un picotazo.

Siento decirlo, pero ver a Escribano a día de hoy en este tipo de plazas y en los primeros tercios se ha convertido en lo más parecido que hay a ver a El Fandi —no digo que sea ni mejor ni peor, pero es idéntico—. El toro fue mostrando a lo largo de la lidia todas las cualidades que al segundo le habían faltado, estando todo dispuesto para que Escribano pudiera torearlo a placer en el último tercio.

Brindó la faena al público y, antes siquiera de que la montera rozara el suelo, ya tenía a la plaza totalmente entregada y, si todo iba bien, las orejas en el esportón —ni siquiera el mal uso de la espada le impidió cortarlas—. Comenzó la faena agarrado a tablas, sacándose a los medios a un toro que cada vez embestía mejor. Una primera serie toreando en redondo rematada con un tremendo pase de pecho, un molinete con la derecha y una serie de naturales larguísimos ante un toro que no regalaba una embestida y que seguía sin abrir la boca.

Tras una última serie por el derecho se fue por la espada en el momento idóneo, dejando un primer pinchazo y una estocada traserísima pero efectiva. La faena habría sido de una si la espada hubiera entrado; fue de dos. Ovacionado el toro en el arrastre.

Fue el cuarto un toro que, desde que salió por toriles, mostró que no estaba sobrado de fuerza. Clavó bien Ventura el primer castigo y marró con el segundo, teniendo que poner uno más. Se vino arriba el toro en banderillas, volviendo a estar sensacional Diego Ventura, gustándose el jinete con el precioso caballo “Quirico”, con el que clavó las tres primeras banderillas y con el que definió a la perfección lo que es —o debe ser— el toreo a caballo.

Magnífico con las banderillas cortas, clavó a la perfección el de muerte, cortando las dos orejas y el rabo de un ejemplar magnífico premiado con la vuelta al ruedo. Dio el rejoneador una clamorosísima vuelta al ruedo acompañado por Victorino.

Al quinto de la tarde, ovacionado de salida, le cascó El Cid un manojo de verónicas de las que ya no se ven, con las manos bajas, sin perderle un paso y con ese regusto atemporal del que tantas veces les he hablado; y, tras un buen paso por el caballo, dejó otro quite con dos verónicas y una media de cartel.

Tras un muy buen tercio de banderillas, brindó El Cid al público y, en los mismos medios de la plaza, comenzó a torear directamente sin probaturas. Ya en la primera tanda al natural se descubrió que el pitón del toro era el izquierdo. Y claro, hablar de un cárdeno cuyo pitón es el izquierdo, y en manos de El Cid, saben ustedes que es mucho decir.

Fueron tres series al natural, o quizás cuatro, qué sabré yo, las que le hicieron falta para dejar una que, a mí personalmente, no se me va a olvidar. Afloraron mayoritariamente los pañuelos tras dejar el sevillano una estocada algo traserita después de un pinchazo, sucumbiendo el presidente ante la petición. Oreja. Ovacionado el toro en el arrastre.

Sonó la música en la despedida de los ruedos de Juan Francisco Peña, un histórico del toreo a caballo que hoy ponía fin a su trayectoria. No tuvo la suerte el varilarguero de protagonizar un destacado tercio, al estar el toro algo más que falto de fuerzas; aun así, bonito gesto el de la banda y el de Escribano al ponerle a su picador el toro en los mismos medios.

Se vino arriba el toro a partir de su paso por el caballo y volvió a protagonizar Escribano un notable tercio de banderillas ante un animal que se iba reponiendo poco a poco. Se vio prendido el de Gerena al intentar colocar el tercer par sentado en el estribo, teniendo obligatoriamente que destacar el buen hacer de su cuadrilla —y de Diego Ventura desde el callejón— quitándole al toro prácticamente de encima.

Le brindó el toro Juan Francisco Peña, y ya en la muleta comenzó “Bolsista” a embestir de categoría y a meter la cara de una manera superior. Se la dejaba muerta Escribano en la cara y tiraba del toro con la izquierda como si estuviera toreando de salón y, por si fuera poco, haciendo todo en los medios de la plaza. Volvió a irse por la espada en el momento justo, cuando el toro empezaba a embestir con más violencia de la cuenta y, tras hacerle un final de faena con naturales de uno en uno, dejó una estocada trasera y poco agarrada, tras la que se vio obligado a descabellar, siendo finalmente ovacionado.