El primer Victorino de la tarde fue recibido con una ovación por su imponente presencia, aunque pronto dejó ver una condición muy distinta a la que anunciaba su estampa. Manso, deslucido y con una embestida siempre por encima del engaño, apenas ofreció posibilidades de lucimiento. El Cid apostó por una faena de paciencia y oficio, llevándolo a media altura para evitar que el toro se venciera y conseguir alargar unos viajes que nacían y morían sobre las manos. Fue una labor de mérito por las dificultades del animal, aunque sin posibilidad de alcanzar mayor vuelo. La espada terminó de enfriar cualquier opción tras varios pinchazos previos a la estocada definitiva. Silencio.
El segundo, bajo y bien hecho, tuvo nobleza y calidad, aunque su escaso poder restó emoción a unas embestidas que llegaron siempre con poca fuerza. Manuel Escribano lo recibió con una larga cambiada en el tercio y pronto entendió que debía acompañarlo sin tirones ni exigencias bruscas. La faena encontró su mejor expresión al natural. El sevillano toreó con suavidad, alargando los viajes y administrando con precisión la reducida energía del toro. Los naturales tuvieron largura y limpieza dentro de una labor medida, sin estridencias y de exquisito trato. Una estocada baja terminó frenando la petición mayoritaria de oreja. Ovación para Manuel Escribano.
El tercero reunió seriedad, armonía y una embestida con el sello exigente de Victorino Martín. Tomás Rufo lo recibió a la verónica y desde el inicio apostó por una lidia de pulso suave, evitando cualquier brusquedad para no quebrar la buena condición del toro. Con la muleta, el de Pepino llevó siempre la embestida por abajo y encontró al natural los pasajes más importantes de la faena. Hubo trazo largo, profundidad y una notable expresión en el toreo curvo, dentro de una labor que fue creciendo por su ajuste y limpieza. La última tanda rebajó ligeramente el tono y un pinchazo previo a la estocada terminó alejando el premio. Ovación para Tomás Rufo y para el toro en el arrastre.
El cuarto recuperó el perfil más clásico de Victorino Martín: cariavacado, afilado de hocico y serio por delante. El Cid encontró pronto la medida de su embestida y abrió la faena en los medios con naturales que evocaron algunas de sus tardes más importantes frente a este hierro. El toro tuvo buen embroque y permitió ser conducido con limpieza mientras mantuvo la inercia, aunque su limitado poder redujo la duración de los viajes. El de Salteras dejó lo mejor sobre la mano izquierda, con muletazos largos, templados y rematados por abajo. Cuando el animal perdió entrega, la faena ya había alcanzado suficiente entidad. Un pinchazo previo a la estocada no impidió que paseara una oreja y prolongara su especial vínculo con Cuatro Caminos.
LA RESEÑA
Plaza de toros de Santander (Cantabria) – Corrida de Toros – Jueves 23 de julio || Sexta de la Feria de Santiago 2026
Entrada: Más de tres cuartos de plaza
Se lidian toros de Victorino Martín,
- MANUEL JESÚS ‘EL CID’ : Silencio y Oreja;
- MANUEL ESCRIBANO : Ovación con saludos
- TOMÁS RUFO : Ovación

