
Miguel Ángel Perera
Palmas tras aviso
Oreja

Clemente
Ovación tras petición
Ovación

Víctor Hernández
Silencio
División

El banderillero Tomás Úbeda se desmonteró tras parear al quinto toro de la tarde.
Miguel Ángel Perera sostuvo la tarde desde el oficio y encontró el único trofeo en el cuarto, mientras Clemente puso el compromiso y Víctor Hernández cargó con el lote más áspero de la corrida.
Miguel Ángel Perera sacó el mayor partido de su lote y sostuvo la tarde desde el oficio. En el primero, un colorado bonito y cuajado, encontró buen son y bravura en varas, aunque el toro no tuvo fondo suficiente para repetir en la muleta. El extremeño planteó una faena técnica por ambos pitones, pero la falta de continuidad del animal impidió mayor ligazón. Fue silenciado tras dos tercios de espada al segundo intento y aviso.
Su premio llegó en el cuarto, un jabonero de bellas hechuras, noble, fijo y de embestida aplomada. Perera midió los tiempos, no lo obligó de más y administró con temple sus viajes, elevando la faena sobre el pitón izquierdo con muletazos largos, ligados y de buen gusto. Una estocada trasera y algo baja le permitió cortar una oreja.
Clemente dejó una tarde de mucho compromiso. Se fue a portagayola en el segundo y sufrió una fea voltereta al torear después por delantales, aunque continuó por chicuelinas con la taleguilla destrozada. El toro fue bravo en varas y tuvo un inicio con ritmo por la derecha, pero se vino abajo pronto y la faena no terminó de compactarse. Una gran estocada contraria dejó su actuación en saludo tras petición, con bronca a la presidencia.
Volvió a irse a portagayola en el quinto, un toro que derribó en el primer encuentro y tuvo alegría en banderillas, tercio en el que saludó Tomás Úbeda y reapareció Morenito de Arles tras su cornada de Bayona. El de Santiago Domecq fue pronto y repetidor en la muleta, y Clemente le siguió el pulso con naturales hondos antes de rematar por luquesinas. Saludó al tercio tras una estocada baja al segundo intento.
Víctor Hernández tuvo el lote más duro y también pagó el precio físico de la tarde. El tercero, burraco carbonero, fue bravo en varas y fijo de salida, pero bajó pronto de tono, tropezó varias veces y se defendió por el pitón izquierdo, aunque por ahí dejó algún embroque aprovechable. Entre enganchones, Víctor logró naturales sueltos de mérito, pero la faena no pudo tomar vuelo y el descabello complicó el final.
En el sexto se encontró con un toro que salió con pies, mostró bravura en la primera vara y después buscó tablas, desarrollando un comportamiento fiero, agresivo y con fondo de mansedumbre. El alcarreño tragó coladas y desarmes hasta sufrir una dura voltereta. Sin volver la cara, lo intentó con valor, pero el toro nunca se entregó y la espada terminó de alargar una labor despedida con división de opiniones.
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