Julián López ‘El Juli’ y Marco Pérez compartieron una conversación en la ganadería del madrileño antes de su compromiso en Nimes. El maestro reflexionó sobre su nueva vida como ganadero, la dificultad de criar un toro y la exigencia constante que acompaña a las grandes figuras del toreo, mientras el joven salmantino asumió la responsabilidad de una cita de máxima relevancia.
La conversación, de tono íntimo y cargada de fondo, deja varias reflexiones clave sobre el toro, la profesión y la presión que rodea a las nuevas generaciones. “Desde que dejé de torear me he dedicado cien por cien a la ganadería”, arrancó El Juli, que no ocultó el cambio radical en su vida tras retirarse de los ruedos.
El madrileño fue claro al comparar ambas facetas: “Para mí es más difícil criar un toro que torear”, al entender que en la plaza el torero “puede solucionar con esfuerzo, trabajo y sabiduría”, mientras que en el campo “el toro no es una ciencia exacta y sale como quiere”. Aun así, reconoció la dureza del oficio: “Cuando sale bien es muy bonito, pero se sufre mucho”.
Sobre su concepto ganadero, El Juli lo definió sin rodeos: “Busco un toro que a mí me gustaría torear”. Y matizó una idea clave de su filosofía: “Eso no quiere decir que sea fácil ni blando, sino un toro con unas características con las que se pueda realizar una tauromaquia con la que emocionar al público”.
Marco Pérez escuchó con atención las reflexiones del maestro antes de asumir el peso de las comparaciones: “Sueño con lograr algún día una cuarta parte de todo lo que ha hecho el maestro”, confesó. La respuesta de El Juli fue tajante y reveladora sobre su confianza en el joven torero: “No una cuarta parte, sino que va a conseguir el doble”.
Uno de los ejes de la conversación fue la presión que acompaña a los toreros desde edades muy tempranas. El Juli lo resumió con crudeza: “Hay que tirar de orgullo, amor propio y raza”, porque “cuando la gente empieza a hablar de ti siendo tan pequeño, hay que sobreponerse a ese peso cada día”. En ese sentido, fue rotundo sobre la exigencia del oficio: “Para triunfar tienes que refrendar diariamente con triunfos lo que se habla de ti”.
Las redes sociales también tuvieron su espacio. El Juli se mostró prudente: “No soy el mejor para las redes sociales”, admitió, al tiempo que reconocía cierta incomodidad con la “sobreexposición y falta de intimidad”.
Marco Pérez, en cambio, defendió su utilidad: “Me ayudan a publicitarme, a salir de la burbuja y a acercar el mundo del toro a gente joven”. El nombre de Nimes apareció como epicentro emocional de la conversación. Para El Juli, la plaza francesa es “mágica, con un aroma distinto y una pasión que se desborda cuando hay faenas rotundas”. El madrileño recordó tardes muy especiales allí, entre ellas la celebración de sus diez años de alternativa o corridas de gran impacto con el público entregado.
Marco Pérez evocó una de las imágenes más poderosas de su carrera reciente: la tarde de su alternativa bajo la lluvia. “No se movió nadie del tendido hasta que pasó el rabo”, recordó. Sobre el futuro inmediato en Nimes, ambos coincidieron en el deseo de una tarde redonda. El Juli lo expresó desde su papel de ganadero: “Que los tres toreros triunfen, salgan a hombros y la gente salga emocionada”.
Marco Pérez lo cerró con una imagen muy gráfica: “El mejor recuerdo sería una foto de los tres toreros y el ganadero saliendo a hombros”. La reflexión final del maestro dejó una idea central sobre la profesión: “Ser torero es algo único”, aunque como ganadero también se vive con intensidad cuando el toro permite la emoción. “Pero lo más intenso es ponerse delante, sin duda”.

