En el mundo del toro, el brillo de los focos suele concentrarse en quienes están anunciados en ferias de relumbrón. Sin embargo, la verdad del toreo también se escribe lejos de las plazas, en el silencio de los tentaderos, en la soledad del campo, en la entrega sin cámaras ni aplausos. Allí, donde el aficionado no siempre llega, Imanol Sánchez lidia su propia temporada, una que ya ha superado las 100 reses toreadas en lo que va de 2025.
Aunque por ahora su nombre no aparece en los carteles de las grandes ferias, el torero aragonés se encuentra en plena forma y más comprometido que nunca con su vocación. Su día a día se puede seguir a través de sus redes sociales, donde comparte sin filtros una vida dedicada por completo al toro: preparación física, entrenamientos intensivos, visitas al campo y tentaderos a lo largo y ancho del Valle del Ebro.
Lo más sorprendente de su preparación es su apuesta por un encaste tan peculiar como legendario: la Casta Navarra. Conocido por su dificultad, genio y fiereza, este encaste representa un reto mayúsculo para cualquier torero. No se trata de una lidia cómoda ni lucida, sino de un ejercicio constante de técnica, reflejos y entrega absoluta. Dominar este tipo de ganado requiere un nivel de preparación superior, e Imanol lo asume como una oportunidad de crecimiento y evolución en su tauromaquia.
Las ganaderías del Valle del Ebro lo saben bien. Por eso, decenas de ganaderos confían en Sánchez para tentar sus vacas más prometedoras, aquellas que decidirán la línea genética de sus hierros durante los próximos años. En estos tentaderos, que muchas veces pasan desapercibidos para el gran público, Imanol se ha convertido en un auténtico referente, demostrando su capacidad, temple y conocimientos profundos del comportamiento animal.
Pero más allá de la técnica, lo que convierte a Imanol Sánchez en un caso único dentro del panorama taurino actual es su fe inquebrantable, su constancia y una resiliencia a prueba de temporadas difíciles. Sabe que el camino del toreo no siempre es lineal ni justo, pero lo recorre con la misma determinación con la que pisa un ruedo cuando se abren los toriles.
“Me entreno cada día como si mañana tuviera una corrida de toros. Esa es mi forma de estar preparado para cuando llegue la oportunidad”, declara el diestro. Porque aunque hoy no esté anunciado en ferias importantes, su nombre sigue vivo entre los que aprecian la autenticidad, la entrega y el amor puro al toro.
De hecho, no descarta cerrar entre cuatro y cinco corridas este año, aunque prefiere ser cauto hasta que se materialicen. Entre sus metas, dos sueños que lleva tiempo acariciando: confirmar su alternativa en Madrid y volver a hacer el paseíllo en la Feria del Pilar de Zaragoza, donde ya ha dejado gratos recuerdos.
En un mundo cada vez más expuesto a la inmediatez y el escaparate, Imanol Sánchez encarna el valor de la espera, el trabajo callado y la preparación constante. Y es que, mientras otros cuentan orejas, él suma reses, kilómetros, esfuerzo y pasión. Una temporada sin plazas, pero con alma de figura.
Porque el toreo no solo vive en los carteles: también en cada tienta, en cada muleta gastada, en cada paso firme hacia una oportunidad que, cuando llegue, lo encontrará listo.

