Tres meses después, Paco Ureña ha vuelto a ponerse delante de un toro. Atrás quedan semanas de recuperación, sacrificio, incertidumbre y pequeños avances hasta recuperar una sensación que llevaba demasiado tiempo esperando: la libertad de volver a torear.
El regreso se produjo en un lugar especialmente ligado a su preparación, la plaza cubierta de Eduardo Flores, en la serranía de Guadalajara. Allí, ante un toro de José Vázquez, el murciano volvió a ocupar su sitio, a cruzarse, a ofrecer el pecho y a recuperar las distancias de un oficio que nunca admite atajos.
La prueba dejó sensaciones positivas. Más allá del entrenamiento, significó el reencuentro con su manera de entender el toreo: colocación, entrega, verdad y una disposición intacta pese a la dureza de una primera mitad de temporada marcada por el percance sufrido en Madrid.
No ha sido la primera vez que la adversidad se cruza en el camino de Ureña. Su trayectoria está construida también sobre la capacidad de levantarse, reconstruirse y regresar sin renunciar a la personalidad que lo ha convertido en uno de los toreros más reconocibles del escalafón.
Septiembre como horizonte
El objetivo está ahora en llegar plenamente preparado a los compromisos del próximo mes. Albacete y Murcia aparecen como dos fechas fundamentales para volver a poner en valor su concepto ante dos aficiones que conocen bien su dimensión.
Serán dos escenarios de máxima responsabilidad y, al mismo tiempo, dos oportunidades para comenzar a escribir una segunda mitad de temporada diferente.
Paco Ureña ya ha vuelto al toro. Ha recuperado el sitio, las sensaciones y la ilusión. Después de tres meses dentro del túnel, el murciano vuelve a mirar de frente la luz del toreo.

