“Sevilla y el hambre: El poso de Méndez y los mordiscos de Vilau

“Sevilla y el hambre: El poso de Méndez y los mordiscos de Vilau

Tras tres años sin andarles escribiendo por estos lares: ¿qué les digo que ya no sepan? Es un orgullo y una satisfacción —citando las celebérrimas palabras de nuestro disfrutón ex-monarca— verles las caras de nuevo tras estas gafas de color de albero, tan dorado como la última vez que lo vi con la pluma en la mano.

¿Qué es lo bello de vivir sino la espera? En Sevilla tomamos buena cuenta de ello. ¿Acaso no es mejor lo previo a lo bueno que lo bueno en sí? La cuaresma, el esperar a que llegue un paso. Los primeros azahares. La portada de la Feria montándose. El olor a puchero por toda la casa, que te despierta las tripas aunque sabes que aún no está listo. Es hambre. Bendito hambre.

Ese hambre precisamente es el motor que nos empuja a morder, en esta vida y en la otra. Aunque a veces, nos come el ansia. ¿O aquí nadie se ha quemado la lengua con la primera cucharada? Precisamente porque nos mantiene en movimiento, ese hambre nos hace vivos. Pero hay que saber domar a ese caballito desbocao que se mueve dentro de nosotros. Y ese poso sólo lo da el rodaje, la experiencia. Hoy hemos visto al caballo blanco y al caballo negro, esos mismos que Platón imaginó dentro de sí para explicar su mito. El auriga de la razón lleva dentro de sí al irascible (caballo blanco), noble, hermoso y obediente, que representa el coraje, la voluntad y las pasiones racionales. Y por otra parte, tiene en sus manos igualmente las riendas del concupiscible (caballo negro), desobediente y rebelde, que aúna todo aquello que nos encontramos en el vientre, hasta hacernóslo rugir. Veamos quién es quién.

Vimos lo más destacado de la tarde en las manos de Julio Méndez. El tercero fue un novillo muy suelto de salida, lo que desestructuró el recibo. Buenas formas del de Ávila. Vivimos un irregular tercio de varas, en el que se administró poco —casi nulo— castigo. Quitó por chicuelinas Tirado. Brindó faena el novillero a El Juli. Iniciando por estatuarios, el toro se cruzaba, pero aguantó su lidiador en una baldosa, sin enmendarse. Logró entenderse Méndez con el novillo, que embestía con recorrido, humillando, pero no en vano, con notable exigencia involucrada. Apretaban ambos, lo que hizo sonar la música. Fueron acortando el viaje las embestidas, y las distancias al tanto. Julio Méndez tiro de arrimón, dejándose oler los muslos. Cerró por muy ajustadas bernadinas, que aunque parecían no ser propias para un animal así, que aunque tanto miraba hacia adentro, tuvieron impronta suficiente para darle un broche a la altura a la faena. Se acordó del Juli a la hora de matar, no sé si me entienden. Perdió el trofeo con la espada. Al menos caló arriba la tizona, pero el de La Cercada vendió cara su muerte, hasta el punto de tener que descabellar, acertando a la segunda. Ovación con saludos tras aviso.

Brindó Julio Méndez la faena de su segundo adversario al público. Facturó un gran inicio por doblones el abulense, que consiguió despertar tanto al novillo como a los tendidos. Prosiguió atacando el de los cuernos acusando cierta falta de casta, desentendido entre lances, hasta rajarse sin salirse de la jurisdicción, e incluso coger a su matador sin consecuencias mayores. Éste no se quiso dejar nada en el tintero, atacando hasta la saciedad a un burel que ya se refugiaba y defendía en tablas. Los tendidos le pidieron insistentemente que lo matara, a lo que hizo caso omiso hasta que no quedara una gota más por exprimir. Terminó por hacerlo tras pinchar y escuchar un aviso, con una estocada contraria. Saludó a los tendidos tras el citado finiquito.

La carta de presentación de Mario Vilau en Sevilla fue una portagayola bien ejecutada, a lo que siguieron verónicas rodilla en tierra de mucha enjundia pero escaso calado, frente a unos tendidos fríos, silenciosos. A Sevilla, y qué digo, a cualquier sitio, hay que llegar con hambre. No les hablo de no ir comido (me perdonen ciertos ganaderos), hablo de morder. De ganas. De buscarse el pan frente a los bichos. Y Vilau fue la viva imagen de ello en la tarde de hoy. Realizó un buen quite por altaneras Julio Méndez, que conectó desde el primer momento con los tendidos. Brindó labores el catalán a Manolo Bajo y Domingo Valderrama. Iniciando de rodillas, se tropezó para rehacerse a posteriori y lo llevó muy largo por abajo, llegando a los tendidos. Arreaba el novillo, se comía la muleta, y le aguantaba en principio Vilau el ritmo, hasta sonarle incluso la música. Sin embargo, el hambre a veces hincha las tripas. Se aceleró.

Un par de desmontes hicieron el silencio en la Banda del Maestro Tejera. Manteniendo dicha tónica y no estructurando faena, más allá de algunos lances sueltos, no rompió hacia adelante el asunto, y nos quedamos pensando en lo que pudo ser, pero nunca fue. Terminó accidentadamente por bernardinas, sin percance al menos, poniendo seguidamente un pinchazo arriba, agarrado, que hizo muerte. Ovación al toro en el arrastre, saludos Vilau. En su personal segundo acto, brindó la faena a Javier Zulueta. Se topó con un novillo sin entrega, que no humillaba, hasta haciendo la noria en ocasiones. El cornúpeta se rajó sin tardanza. Si algo vimos, fue porque embistió Vilau, no el animal. Se apretó el catalán y le rascó faena a su adversario, que se movía entre gateos, a veces casi inertes. Llegó a conectar con los tendidos, que llegaron a pedirle una oreja —tras una estocada algo contraria y tendida — que no se concedió, acertadamente. Vuelta al ruedo.

Carlos Tirado fue quien menos pudo decir en la tarde de hoy. Esbozó buenas intenciones en su recibo al primero, que acudió al choque al caballo, protagonizando un esperpéntico tercio de varas, de picotazo y resbalón, que Luque Teruel quiso pasar cómo bueno, irresponsable e inexigentemente como presidente, más si cabe en la Maestranza. No colaboró tampoco Vilau, que lo quitó del caballo antes de tiempo. Cambio de tercio. En la brega sacó a relucir un buen pitón derecho, cabeceando en ocasiones, eso sí. No lo pudimos ver en la muleta, sin embargo. Se partió la cepa del pitón justo antes de comenzar el tercio, haciendo Luque Teruel caso omiso, repitiendo el esperpento. Show goes on. Buen fondo del animal pero claramente mermado por el incidente. Tirado voluntarioso, técnico, pero no hay toro de estas maneras. Estocada caída y tendida. Saludó una ovación.

La novillada de La Cercada fue más que interesante, con dos buenos novillos (2º y 3º) uno (1º) prometedor al que vimos claramente mermado por su más que notoria lesión (no atendida por el palco, puesto que un animal con el pitón partido desde la cepa no debería ser lidiado y dado muerte en el redondel si el accidente fuese previo al inicio de la faena de muleta, como fue el caso). Los otros tres acusaron escaso ánimo en la pelea. Lástima que fueran precisamente los tres últimos novillos, todos sabemos que siempre es mejor de menos a más que al revés. La presentación pudo ser mejor, sobre todo en las caras, algo faltas de remate en líneas generales, aunque viniesen bien compuestos de caja y kilos.

Podríamos darle el aprobado al hierro extremeño en su debut en la Maestranza.

No estuvo el presidente, José Luque Teruel, a la altura en ciertos pasajes del festejo, especialmente, en el transcurso de la lidia al primer ejemplar.

Análisis aparte, volvamos a lo que les comentaba en un principio. Hoy vi a Julio Méndez como caballo blanco, y a Vilau como caballo negro (a Carlos Tirado no lo pudimos ver, discúlpenme señorías). Ambos son hambre, a ambos les debe dominar la razón, ese auriga que tanto nos merece a todos. Sin embargo, en Méndez vi el rodaje, la templanza que da la experiencia, ese poso tan esencial que fuera clamado como una de las cuatro virtudes cardinales. Y en Vilau vi el arrebato de un hambre desmesurada, de quien reclama su plato, el mismo que le fuera arrancado de sus manos tal y como a sus paisanos catalanes hace ya 15 putos años.

Necesitamos a ambos frente al plato, dos formas distintas de atacarlo. Pero que no dejemos de escuchar rugir las tripas, ni de ver caerse la baba. Esto es crudo como el hambre. Y así tiene que seguir siendo. Y les puedo decir:

Perro que ladre o no ladre,

Que muerda siempre que tenga hambre.

LA RESEÑA


Plaza de toros de Real Maestranza de Caballería de Sevilla – Novillada con picadores || Segunda novillada de la Temporada Maestrante 2026.

Entrada: Media plaza.

Se lidiaron novillos de La Cercada, de buenas hechuras y dispares de juego.

  • CARLOS TIRADO, ovación y silencio tras aviso
  • MARIO VILAU, ovación y vuelta al ruedo
  • JULIO MÉNDEZ, ovación tras dos avisos y ovación;