Silencio
Silencio
Silencio tras aviso

Si la cuarta novillada del XXVI Alfarero de Oro tuviera que corregirse como un examen, la calificación para la terna sería clara: NM, necesitan mejorar. No por falta de ganas, porque los tres las pusieron, sino porque Villaseca de la Sagra también mide otra cosa: el sitio, los recursos, la cabeza y la capacidad para resolver cuando el novillo exige más que voluntad.
Gonzalo Capdevila abrió tarde y se fue a portagayola al primero, dejando constancia de su disposición. Volvió a apostar por el valor frente al serio cuarto, un novillo que empujó con fuerza en el caballo hasta derribar al picador. El gaditano dejó momentos estimables sobre la diestra, pero su actuación no terminó de romper ni de encontrar una estructura sólida. Hubo actitud, sí, pero también la sensación de que la faena pedía mayor gobierno.
Cristian González afrontó dos pruebas de distinto signo. Frente al exigente segundo mostró poder y firmeza, logrando someterlo en algunos pasajes, aunque el desacierto con los aceros terminó por enfriar el esfuerzo realizado. Ante el quinto, más deslucido, volvió a tirar de paciencia y entrega para intentar sacar partido de un animal que llevaba poco dentro. Su tarde tuvo oficio a ratos, pero no la rotundidad necesaria para imponerse del todo.
Emilio García-Torres encontró sus mejores opciones en el tercero, un novillo serio y encastado ante el que dejó dos series meritorias sobre la mano derecha. Buscó después la emoción en cercanías y logró conectar por momentos con los tendidos, siendo ovacionado tras petición. Fue, quizá, quien más cerca estuvo de elevar el tono del festejo, aunque tampoco terminó de rematar una actuación plena.
Montealto echó al ruedo una novillada seria, exigente y con dificultades, de esas que no regalan nada y que sirven para comprobar el verdadero momento de cada novillero. Y ahí quedó la conclusión de la tarde: los tres quisieron, los tres se pusieron, pero a los tres les faltó un punto más de oficio y claridad para mandar de verdad.
Porque el Alfarero de Oro también es esto: una escuela dura, un escaparate sin red y un examen en el que el novillo pregunta y Villaseca corrige. Esta vez hubo valor y entrega, pero no bastó. En una plaza así no alcanza con querer: también hay que saber resolver.
seria, móvil y exigente novillada de Montealto, muy bien presentada y con dificultades, aunque falta de un punto de clase en líneas generales.







