El telón está arriba. Madrid y Sevilla, Sevilla y Madrid, han presentado ya sus carteles para la ya inaugurada temporada 2026, la cual lleva dándonos para hablar desde bien antes de las campanadas. Tanto que, francamente, cada vez cuesta más añadir notas a un análisis más que trabajado por los mentideros y plumillas cuyo sustento salpica del albero mojado.
La tempranera presentación de San Isidro dio el pistoletazo de salida. No se quiso dejar pisar por ninguna otra la primera plaza del mundo, que por momentos va reflejando en su estrategia comunicativa y publicitaria una incipiente rivalidad con la Maestranza (sana, esperemos), al buscar anticiparse siempre a las embestidas, corriendo la mano y ganando la acción metros por delante.
El coso de la calle Alcalá sigue siendo hogar para el serial más completo y extenso del universo taurino un año más. Salvando ciertas combinaciones un tanto correosas para esas dichosas tardes de clavel, con nombres que se repiten igual que el ajo crudo, hay que saber reconocer el trabajo bien realizado.
Una notoria cantidad de nombres jóvenes hace gala del mismo. En lo personal, me ilusionan especialmente toreros como Víctor Hernández –que tiene madera de torero de Madrid–, Jarocho –una oda a lo clásico–, Isaac Fonseca y Juan de Castilla – ambos garra pura y pura–. Pueden darle la vuelta a esto, refrescar el panorama si esas bolitas del cielo quieren caer. A muchos (no me incluyo, no me van las prisas) les hubiera gustado ver a Morante abrir más de una terna en Las Ventas este año, pero por el momento no parece posible.
Pero si hay un nombre propio para este San Isidro es el de Borja Jiménez. A él no le hace falta un retrato propio como anuncio, ni buscar protagonismo en portadas que poco tienen que ver con lo taurino. Le basta con su toreo, así como con su palabra, la misma que usó para tirar un guante (¿hace cuánto no veíamos tal cosa en esto del toro?) al que algunos ponen como máxima figura. Victorinos, en Otoño. A ver si lo recoge. ¡Guerra!
Por desgracia, también hay qué lamentar. Obviando ausencias como las relativas a los diestros, en favor generalmente de repeticiones de dudoso mérito, me gustaría realizar un alegato en favor de la aminorada diversidad de encastes que, pese a no tratarse ni mucho menos de la más remarcable en comparación con las demás plazas de primera, ha supuesto un varapalo para el Toro con mayúsculas. Divisas como la de Miura, Cuadri, Dolores Aguirre, Baltasar Ibán o Santiago Domecq, entre otras, no pisarán el albero de Las Ventas en este San Isidro. Curioso, cuanto menos, cuando hay dobletes y hasta tripletes de ganaderías del encaste mayoritario.
Pasando a Sevilla, tenemos lo que se filtró. En primera instancia, creo no ser el único que ha sentido cierta decepción al esperar un lavado de cara mayor para el coso del Baratillo, que tendrá que ser paciente hasta poder llegar a ser lo que me consta que Garzón quiere que sea. Si bien no ha querido (o podido) “inmolarse” ante el sistema este año, esperemos que, con la ayuda de un creciente y necesario abonado, sea capaz de ir introduciendo un cambio progresivo y fructífero.
Esto no quiere decir que la Feria de Abril del presente año no haya experimentado una mejoría respecto a los últimos años, lo cual es obvio. En el primer sentido que se nota, es en la inclusión de matadores que no están tan vistos, algunos más jóvenes que otros. Los carteles se han abierto un tanto, y la preferia se ha sembrado de nuevas oportunidades para quienes las necesitan. Quiero acordarme de alguien que puede dar mucho que hablar en la capital hispalense, como es Aarón Palacio (ausente en Madrid), aunque también resuenan nombres nuevos como el de Fabio Jiménez, el de Molina.
Encontramos sin embargo una escasa diversidad de encastes, tan lejana ya Sevilla de aquellos años 80 en tantos sentidos (no todos). Con la excepción del regreso de La Quinta, injustamente excluida la pasada temporada, y el “debut” de Álvaro Núñez, todo sigue igual. Incluso con la añadidura del Puerto de San Lorenzo, regreso que encuentro más bien injustificado si tenemos en cuenta los resultados brindados por el hierro charro en sus últimas temporadas. Si se quiere abrir a Atanasio-Lisardo, que sea como es debido. Igualmente, la mejor de las suertes, no estamos los aficionados sevillanos para cerrarle puertas a lo distinto, por parecido que pueda verse.
Definitivamente, el pistoletazo ha sonado. Y todos están en sus marcas. Veremos qué nos depara una temporada como esta. Estaremos pendientes. Ilusión no nos falta, y paciencia… ni les cuento.

