El primero de Margé, corniveleto, castaño y suelto de carnes, se desplazó con nobleza en el capote de Román y cumplió sin excesos en dos encuentros con el caballo. Con la muleta, el toro ofreció mejores prestaciones por el pitón derecho, por donde embistió con suavidad y recorrido. Por el izquierdo tuvo algo menos de humillación, aunque mantuvo una condición estimable. Román consiguió hacer sonar la música y ligó varias series, pero la faena fue desigual y no terminó de alcanzar verdadera rotundidad. Aun así, dejó momentos de buen tono ante un toro con posibilidades. Tras un primer intento fallido, dejó una estocada entera atravesada y necesitó del descabello, perdiendo una posible oreja.
El segundo, también castaño pero más alto y cuajado, embistió rebrincado en el capote de Clemente. En varas buscó las vueltas al caballo en los dos primeros encuentros antes de emplearse de verdad en el tercero. Bien ahormado por el picador, el toro mostró después sus mejores virtudes: fijeza y nobleza, aunque le costó terminar los muletazos por abajo. Clemente comenzó con derechazos entregados en el centro del ruedo y mantuvo esa línea durante una faena irregular, con pasajes de interés pero sin continuidad suficiente. Mató de metisaca y una estocada entera baja. Palmas para el toro en el arrastre y silencio para Clemente.
El tercero, burraco, veleto y más bajo, embistió con movilidad pero sin demasiada clase en el capote de Samuel Navalón y cumplió en varas. Fue el ejemplar de menos opciones de los tres primeros, pero ante él llegó la faena de mayor entidad del festejo hasta ese momento. Navalón estuvo poderoso, muy bien colocado y con las ideas claras, sabiendo en todo momento dónde pisar y dónde dejar la muleta. El de Ayora encontró el equilibrio justo entre someter al toro y no exigirle en exceso, evitando que protestara o tropezara las telas. Dejó naturales de importancia y varios pases de pecho de mucha expresión dentro de una labor bien estructurada. La espada hizo guardia en el primer intento, justo cuando sonaba el aviso, y dejó una estocada entera al segundo. Silencio para Navalón.
El cuarto, cuajado, serio, hondo y fijo, mostró buena condición desde los primeros tercios. Fue bravo en dos encuentros con el caballo y galopó con buen son en banderillas, dejando entrever un fondo importante. Con esas sensaciones, Román brindó la faena al ganadero, pero el esperado acople no terminó de producirse. Tras unas primeras tandas de derechazos con interés, la labor fue perdiendo intensidad. Un desarme frenó el entusiasmo del tendido y terminó apagando también la música. A partir de ahí, la faena ya no recuperó el pulso inicial. Román pinchó antes de escuchar un aviso y dejó después una estocada entera baja. Palmas para el toro en el arrastre y silencio para Román.
El quinto, colorado, bien hecho y serio, fue hasta ese momento el toro de mayor clase del encierro. Bravo en dos encuentros, embistió con fijeza y ritmo, aunque le faltó un punto más de fuerza —o quizá otro pulso en la muleta— para alcanzar mayor importancia. Clemente inició la faena con buen tono y encontró pronto la calidad del animal, pero la labor, excesivamente larga, fue perdiendo intensidad conforme avanzó. El toro mantuvo nobleza y buen son, aunque ya con menos recorrido y transmisión. El francés falló con los aceros: dos pinchazos, aviso, una estocada delantera al encuentro y otra entera. Palmas para el toro en el arrastre y silencio para Clemente.
LA RESEÑA
Plaza de toros de Dax (Francia) || Primera de la Temporada Taurina 2026
Se lidiaron toros de Robert Margé,
- ROMÁN : Silencio y Silencio;
- CLEMENTE : Silencio
- SAMUEL NAVALÓN : Silencio tras aviso

