NADA NOS TURBE, SÓLO MURTEIRA BASTA

Capdevila, disposición sin materia prima ante un “Desinquieto” deslucido

Nada te turbe, nada te espante. Sólo Dios basta, decía Santa Teresa. En los Cielos manda él, pero a veces le da por cederle el cetro a los de las barbas, haciéndose uno y trino en la pelea del morir, que no es sino metáfora de la vida que Él mismo nos dio. Hoy los que han salido por toriles han muerto por nosotros, igual que lo hizo El de Arriba en su día.

Han muerto para perdonar los pecados de la Fiesta. Ante ataques, pamplinas, ignorancia, escasez de afición o la mismísima cosa nostra: nada nos turbe, nada nos espante. Sólo el toro basta.

Se quedaba corto el último de la tarde en el capote de Mariscal. Tuvo un paso discreto por el caballo, tras el que pudimos disfrutar de un buen tercio de banderillas protagonizado de nuevo por el de Sevilla. Destacó especialmente el último par, cerrado en tablas, muy arriesgado, que levantó sonadas ovaciones. En la muleta, el novillo derrochó clase, embistiendo muy humillado a la par que entregado en profundidades. Mariscal planteó una faena de cercanías, la cual le pasó factura con una cogida muy aparatosa, en la que el pitón no caló (aparentemente) en sus carnes de milagro, destrozando la taleguilla por la pierna izquierda. Muy sonada fue la tanda que ejecutó a continuación por el pitón derecho, en la que se entendió mejor con las embestidas del Murteira, dándole algo más de sitio. El percance le restó estructura a la faena, la cual rubricó con una buena estocada que, sumada a la entrega que mostró, le propinó una petición de oreja que fue atendida por la presidencia.

A portagayola recibió Capdevila al primero de sus ejemplares, ejecutando bien la suerte, a lo que siguieron una serie de chicuelinas en las que tuvo que buscar al animal, que salía algo suelto. El burel tomó las varas con ahínco, levantando palmas en los tendidos. Tras el caballo ganó fijeza, la cual demostró al quitarlo Mariscal Ruiz por tafalleras, así como en un tercio de banderillas en el que avivó su carácter, haciendo gala del carbón y la casta que llevaba dentro. Brindó a Sevilla Gonzalo Capdevila. Se postró de rodillas para comenzar a muletear, tragando en lances que remató incluso en redondo, conectando con los tendidos frente a una máquina de embestir. El de Murteira rebosaba en la muleta, acudiendo largo y tendido, dispuesto a pelear lo que se le pidiera y más. Daba fiesta, pero también la pedía, y a Capdevila, acusando cierta falta de rodaje, le costó dársela. Tras no lograr acoplarse, recurrió el novillero a recursos y distancias más cortas, sin mucho éxito. Hubo percance en las postrimerías de la faena, sin consecuencias mayores. Mató de estocada entera, arriba. Los partidarios pidieron la oreja, pero Sevilla no es una plaza de carros (que me perdone La Algaba). Afortunadamente hizo caso omiso la presidenta, que se equivocó sin embargo al no darle la vuelta a un gran novillo del hierro portugués.

Recibió Mariscal Ruiz a su primer oponente por verónicas, tropezando entre lances, sin mayor desenlace. En el tercio de picar no halló el de los marfiles apenas castigo, a lo que siguió una voltereta pitones en tierra, y todos en paz. El novillero sevillano protagonizó un frenético tercio de banderillas, sacando a relucir el cornúpeta un gran fondo de casta que convirtió en posterior aplomo en los primeros compases de faena, posiblemente por una elección errónea de los terrenos. Se echó en lo alto del novillo, amontonado ya, en busca de unas embestidas que no llegaron. Terminó por abreviar, pinchando en tres ocasiones (no le ayudaba nada el de Murteira, completamente aplomado) hasta conseguir estoquearlo muy habilidosamente en el cuarto envite. Silencio para ambos torero y toro.

Con dos largas cambiadas de rodillas recibió Capdevila a su segundo novillo. La lidia fue algo tediosa, condicionada por la distraída —y hasta mansa— condición del animal, que fue muy protestado en varas por hacer caso omiso a la pelea, saliendo a buscarlo pasadas las rayas el varilarguero, que tampoco hizo mucho por torear a caballo. Acortaba mucho el viaje el franciscano en banderillas, lo que complicó un tanto el asunto. Faena de muleta poco lucida, sobrada en disposición pero falta de materia prima. Pinchó en una ocasión y puso seguidamente una estocada un punto atravesada que no hizo muerte, llegando a sonar un aviso. Se le atascó el descabello, y terminó por echarse el novillo por sí mismo. Silencio para el novillo, palmas para Capdevila.

El primer ejemplar de Murteira —de hermosa lámina, armoniosa y pareja— se deslizó con garbo en el capote de Uceda Vargas, echando las manos por delante a un ramillete de verónicas de semblante muy clásico y destacable temple. Acudió alegre a un caballo en el que se encontró con dos puyazos dispares, uno primero más prolongado (algo caído) y otro más leve de colocación algo trasera. Acortó recorridos el animal tras salir del peto, quedándose en los tobillos de Gonzalo Capdevila, que intentó un quite con chicuelinas en el que, sin poder lucirse, tuvo que resolver. El paso por banderillas fue discreto, cayendo desafortunadamente un harpón en uno de los puyazos en el primero de los pareos. Brindó al público Uceda Vargas, que hizo gala de su buen gusto en un lucido inicio por doblones. No fue capaz de mantener el ritmo que la faena prometía por las clase del novillo, que pedía sitio y una colocación muy precisa, la cual encontró más bien tarde, lo que no hizo posible facturar una faena estructurada. Mató de pinchazo hondo y agarrado, que hizo muerte. Palmas al novillo en el arrastre, y silencio a su matador.

El saludo capotero fue valiente, hasta llegar Uceda Vargas a colocarse de hinojos sobre el albero, transmitiendo al personal. Empujó el de la divisa lusa en el peto en sus dos entradas, y en banderillas no vendió barata la pelea, arreando y levantando la cara en los cuadres. Estuvo a la altura la cuadrilla, especialmente Jaime Bermejo, que saludó una calurosa ovación. De nuevo, brindis al público de Uceda Vargas. El breve inicio de faena tuvo buena impronta, pero poco más que detalles —algún natural de mayor calado— vimos en este capítulo. Le faltó colocación al de Gerena frente a un novillo que presumía clase, pero al que no le valía cualquier cosa. Puso una estocada caída, muy tendida. Sirvió. Palmas al novillo y a Uceda.

La novillada de Murteira Grave fue magnífica. Si me preguntan, para mí valieron 5 de los 6 que salieron por toriles. Como factor común compartieron los animales un aje especial en las arrancadas, un picante del que nos gusta a los que nos encanta, una casta en definitiva a la que, por desgracia, muchos anhelan en peligro de extinción. Para mayores, estuvo más que a la altura en presentación para Sevilla, algo que no siempre hemos podido decir cuando se trataba de festejos del escalafón inferior. No quiero ser quien señale a los novilleros en el dÍa de hoy, puesto que los tres han venido a partirse la cara, hablando mal y pronto. Sin embargo, la exigencia de los bureles ha destapado por momentos la falta de rodaje o del cuajo que pedían sus embestidas. Es complicado llegar preparado a citas así hoy en día como novillero con caballos. Habrá que seguir peleando.

En días así, se va uno contento de la plaza. Pena que no hubiera una plaza llena para presenciarlo. Pena que no estuviera aquí la televisión, para servir de escaparate a una de esas tardes que crean verdadera afición, de la duradera, no de la de botella de DYC y quita y pon. Pero de algo habrá servido, digo yo. ¡Dios sabe más! Sean felices. Nos vemos la semana que viene.

LA RESEÑA


Real Maestranza de Caballería de Sevilla Novillada con Picadores || Segunda de la Temporada de Novilladas 2026

Entrada: Media plaza

Se lidiaron novillos de MURTEIRA GRAVE, gran juego y buena presentación, destacando especialmente el 3º

UCEDA VARGAS (Verde esperanza y Oro)

  • Primer novillo: SILENCIO
  • Cuarto novillo: OVACIÓN

GONZALO CAPDEVILLA (Grosella y Oro)

  • Segundo novillo: VUELTA AL RUEDO
  • Quinto novillo: SILENCIO

MARISCAL RUÍZ (Verde Botella y Oro)

  • Tercer novillo: SILENCIO
  • Sexto novillo: OREJA