La Fundación Cajasol acogió una nueva edición de sus tradicionales Mano a mano, la número 77, en un encuentro de enorme carga artística y emocional que unió frente al público al torero David Galván y al pianista y compositor flamenco David Peña Dorantes. Un diálogo profundo entre dos formas de arte que, desde lenguajes distintos, comparten sensibilidad, búsqueda y emoción.
Conducido por el periodista José Enrique Moreno, el acto dejó reflexiones de gran calado sobre la creación artística, la inspiración y la necesidad constante de evolucionar sin perder la esencia. Dorantes abrió el encuentro definiendo el sentido de la cita: “Estamos aquí para poner palabras a lo que uno siente”, en una conversación que transitó entre el flamenco, la tauromaquia, la espiritualidad y el compromiso con la autenticidad artística.
Galván confesó la influencia que la música de Dorantes ha tenido en su carrera desde sus comienzos: “Mis primeros ratos de toreo de salón estaban acompañados por Orobroy”, afirmó el torero gaditano, señalando además al compositor sevillano como “una fuente de inspiración inigualable”.
Por su parte, Dorantes recordó cómo nació precisamente esa obra universal siendo apenas un adolescente, después de una noche de convivencia familiar y artística en Lebrija. “Tuve la suerte de encontrar Orobroy”, explicó el músico, reivindicando además la importancia de crear desde la libertad y la emoción.
La búsqueda constante del artista, eje central del encuentro
Uno de los grandes temas de la charla fue la búsqueda permanente del artista. Galván defendió que “el sentido del arte es encontrar la trascendencia” y explicó que la verdadera magia aparece “cuando se alcanza esa perfecta imperfección”. Dorantes, en la misma línea, habló de la creatividad como una necesidad diaria y defendió que “la técnica nunca debe eclipsar la capacidad de transmitir”.
La conversación dejó también interesantes paralelismos entre el toreo y el flamenco. El tiempo, el temple, el silencio y la pausa aparecieron como elementos comunes entre ambas disciplinas. “Torear despacio y el temple se valoran igual que una soleá bien dicha”, señaló Dorantes, mientras Galván recordó que “muchas veces los silencios dicen más que los sonidos”.
Hubo espacio igualmente para reflexionar sobre la evolución artística y la incomprensión que muchas veces generan las propuestas diferentes. Galván recordó su importante faena en Madrid en 2024 como ejemplo de una búsqueda personal basada en “el clasicismo y la contemporaneidad”, mientras Dorantes defendió la necesidad de “romper patrones siempre que se aporte algo nuevo”.
Fe, emoción y un cierre cargado de simbolismo
Uno de los momentos más emotivos de la tarde llegó cuando Galván relató la experiencia espiritual vivida junto a Jesús de Medinaceli en uno de los momentos más difíciles de su carrera, una vivencia que, según explicó, marcó el inicio de su resurgir profesional tras entrar en la Copa Chenel.
El broche final fue una escena de enorme belleza y simbolismo. Dorantes se sentó al piano para interpretar Orobroy mientras David Galván toreaba de salón con el capote sobre el escenario, regalando al público un cierre cargado de sensibilidad que convirtió el encuentro en una de las ediciones más especiales y emotivas de los Mano a mano de la Fundación Cajasol.

