Hay tardes en las que el resultado no cabe en el marcador. Ni en los trofeos, ni en los silencios, ni siquiera en una vuelta al ruedo que, aun teniendo valor, no termina de explicar todo lo que ocurrió. La encerrona de Borja Jiménez en la corrida In Memoriam a Ignacio Sánchez Mejías fue una de esas tardes: una apuesta mayor, un gesto de torero en una plaza que no perdona, pero también una corrida que nunca terminó de acompañar del todo. El sevillano puso la actitud, el riesgo, la entrega y dos faenas de peso; el ganado, salvo momentos muy concretos, puso el límite.
La tarde había nacido con ambiente de cita grande. Borja Jiménez fue obligado a saludar tras el paseíllo en medio de una ovación atronadora que ya hablaba del respeto de Madrid hacia una apuesta poco frecuente: encerrarse con seis toros en Las Ventas. Y Borja respondió desde el primer minuto con una declaración de intenciones. Se fue a portagayola ante el primero de Domingo Hernández, que se le vino recto, obligándole a echar cuerpo a tierra antes de continuar con un saludo vibrante de rodillas y a pies juntos. No era solo un inicio vistoso; era una forma de decirle a Madrid que no iba a reservarse nada.
El primer toro permitió apuntar una faena que nunca llegó a romper por falta de fondo. Borja lo toreó con mando por el pitón derecho, ligó varias tandas de buen pulso y dejó una serie al natural de mano baja y trazo largo. Pero el animal se fue apagando hasta terminar por echarse. Ahí empezó a escribirse el argumento de una tarde difícil: el torero quería, la plaza esperaba, pero los toros no siempre podían.
El momento de mayor temperatura llegó en el cuarto ‘Soleares’, de Toros de Cortés, el único toro que de verdad cambió el pulso de la corrida. Borja volvió a irse a la puerta de chiqueros y lo recibió de rodillas, prolongando después el saludo con verónicas genuflexas y una media templada. El toro ya se había dejado ver en el caballo, sobre todo en un segundo encuentro en el que acudió largo, galopando y con clase. Había toro, y Borja lo supo desde el primer instante.
Brindó desde los medios y comenzó la faena hincado de rodillas, con una primera serie por el derecho de enorme impacto. El toro embistió por dentro, con emoción, y el sevillano lo sujetó con mando, rematando con un molinete y un pase de pecho que metieron definitivamente a Madrid en la faena. Después llegó lo mejor: la exigencia por abajo, los naturales rotundos, la capacidad para pedirle al toro sin aliviarle. No fue una labor cómoda, sino una faena de poder a un toro bravo y con transmisión. El final por manoletinas, con los pitones rozando la taleguilla, puso el punto de tensión. Pero la media estocada y el descabello enfriaron el premio. Hubo petición, pero todo quedó en una vuelta al ruedo que fue reconocimiento y, al mismo tiempo, sensación de oportunidad perdida.
También tuvo peso lo hecho ante el quinto, sobrero de El Torero. Fue otro toro con posibilidades, aunque medido de fuerzas, que permitió a Borja construir por ambos pitones. Sobre la derecha encontró ritmo y largura, encajado de riñones y llevando al toro en redondo. Al natural, buscó siempre cruzarse, quedarse en el sitio y tirar de embestidas que fueron acortándose conforme avanzaba la faena. Hubo exposición, profundidad y verdad en varios pasajes que llegaron mucho a los tendidos. De nuevo, cuando la tarde pedía premio, la espada volvió a cerrar la puerta: media estocada, varios pinchazos y un golpe de cruceta dejaron todo en una ovación.
Entre esos dos toros se sostuvo lo más importante de la encerrona. Porque el resto fue, en demasiados momentos, una pelea contra la falta de raza, la debilidad o la protesta en un desfile de hasta nueve toros que salieron por chiqueros. El segundo bis, de Victoriano del Río, ya había mostrado dificultades en banderillas, midiendo mucho a los subalternos. En la muleta se vino abajo pronto tras golpearse contra las tablas. Borja probó por ambos pitones, pero el toro protestó, dio tornillazos y nunca terminó los viajes. La decisión de abreviar fue lo más sensato. El animal fue fuertemente abroncado en el arrastre.
El tercero titular de Domingo Hernández fue devuelto por su falta de poder tras perder las manos en varias ocasiones. El sobrero, también de Domingo Hernández, tampoco convenció por presentación con un trapío impropio de Madrid y llegó a la muleta con movilidad, pero sin la fuerza necesaria para sostener lo que apuntaba. Tenía cierta calidad, pero era más querer que poder. Además, Borja tuvo que construir en medio de un público a la contra, con la plaza protestando casi todo cuanto sucedía. Abrevió y escuchó silencio.
El sexto tampoco ofreció la posibilidad de un cierre mayor. El de Toros de Cortés embistió descompuesto, se frenó en el capote y llegó a la muleta sin celo, a media altura y sin entrega. Borja lo probó por ambos pitones, comprobó pronto que no había historia posible y se fue a por la espada para cerrar una tarde de desgaste físico y mental.
La encerrona de Borja Jiménez no fue una tarde de triunfo numérico, pero sí una tarde que confirmó una condición: su disposición para asumir Madrid sin ventajas. Se fue a la puerta de chiqueros una y otra vez, sostuvo el interés cuando el ganado no lo hacía, encontró dos faenas de importancia y dejó la sensación de que, con más acierto con la espada, el resultado habría sido otro. Pero también es verdad que la corrida pesó demasiado poco para una cita de tanta responsabilidad.
Madrid no regaló nada, pero tampoco fue indiferente. La vuelta al ruedo al cuarto tuvo algo de premio moral a una tarde cuesta arriba, de reconocimiento a quien se puso por delante de una encerrona que por momentos amenazó con quedarse sin argumento. Borja no salió a hombros, pero tampoco salió de vacío. Salió con el respeto de una plaza que vio cómo, en una tarde de poco ganado, hubo un torero empeñado en sostenerla casi solo.
LA RESEÑA
Plaza de toros de Las Ventas (Madrid) – Corrida In Memoriam ‘Ignacio Sánchez Mejías’
Entrada: Lleno de ‘No Hay Localidades’

Ganaderías de DOMINGO HERNÁNDEZ y TOROS DE CORTÉS, corrida de escaso fondo y desigual juego, marcada por la falta de poder y raza, en la que solo el cuarto de Toros de Cortés ofreció verdadera bravura y el sobrero de El Torero permitió mayor lucimiento

BORJA JIMÉNEZ (Blanco y Oro),
- Primer toro: OVACIÓN
- Segundo toro: SILENCIO
- Tercer toro: SILENCIO
- Cuarto toro: VUELTA AL RUEDO
- Quinto toro: OVACIÓN TRAS AVISO
- Sexto toro: SILENCIO

