Álvaro Puig Simón, ante el día de su vida en Calanda: «Solo de pensarlo me tiemblan las piernas»

Álvaro Puig Simón, ante el día de su vida en Calanda: «Solo de pensarlo me tiemblan las piernas»

ENTREVISTA · TOROLIVE

Álvaro Puig Simón, ante el día de su vida en Calanda: «Solo de pensarlo me tiemblan las piernas»

El joven becerrista calandino hará el paseíllo vestido de luces por primera vez este lunes 12 de octubre, Día del Pilar, en la plaza de su pueblo. TOROLIVE comparte con él una tarde de entrenamiento en la Escuela Taurina CETA Mar de Nubes antes de una fecha que marcará un antes y un después en su todavía incipiente trayectoria.

Sergio Hueso

Por
Sergio Hueso
Director de TOROLIVE

Álvaro Puig Simón durante un entrenamiento en la Escuela Taurina CETA Mar de Nubes
Álvaro Puig Simón durante una tarde de entrenamiento en la Escuela Taurina CETA Mar de Nubes.

Quedan apenas tres días. Tres días para que Álvaro Puig Simón cruce vestido de luces el patio de cuadrillas de la plaza de toros de Calanda. Su plaza. Su pueblo. Y precisamente el 12 de octubre, Día del Pilar, en una de las jornadas más importantes del calendario de la localidad turolense.

No será un paseíllo cualquiera. Será su primer paseíllo vestido de luces y su primera vez estoqueando un animal. Lo hará después de los seis toros de la corrida anunciada para Álvaro Lorenzo y Joaquín Galdós, y junto al novillero Tomás González en una tarde que Álvaro lleva semanas imaginando.

Nos reencontramos en Zaragoza, en la Escuela Taurina CETA Mar de Nubes, para acompañarlo durante una de sus tardes de entrenamiento. Capote, muleta, zapatillas y muchas horas por delante. Aquí acude habitualmente desde Calanda y, con el comienzo de la nueva temporada de la escuela, su intención es realizar el viaje dos días por semana; el resto de jornadas seguirá entrenando en casa.

Mientras el maestro Roberto Bermejo dirige el entrenamiento, hablamos con Álvaro. Paisano con paisano. Sin demasiados formalismos. De cómo empezó todo, de lo que ha tenido que dejar atrás y, especialmente, de lo que significa que su primer vestido de luces vaya a estrenarse precisamente donde comenzó a soñar con ser torero.

Su afición viene de lejos, aunque la decisión de querer intentar realmente el camino del toro es mucho más reciente de lo que pudiera parecer.

«Desde pequeño siempre me han gustado los toros, pero el momento en el que me cambia el chip y decido empezar a entrenar de verdad fue a finales de mayo de 2025».

Todo ocurrió durante una capea organizada por la Peña Taurina Calandina. Allí apareció también una persona fundamental en estos primeros pasos: Carlos, quien posteriormente se convertiría en su preparador en Calanda.

«Se pagó una vaca de su bolsillo, de la ganadería de Hermanos Colomer. Salí de tapia y le di dos tandas. Era la primera vez que me ponía delante de una becerra por mi cuenta y fue en ese momento cuando dije: quiero ser torero. Ahí empecé a entrenar de verdad para conseguirlo».

Aquel encuentro terminó construyendo una relación que continúa hasta hoy.

«Después hablamos y me contó que su tío había sido director de la Escuela Taurina de Bogotá. Él siempre había tenido la ilusión de conseguir sacar a alguien dentro del mundo del toro que pudiera llegar a ser importante. Y aquí estamos los dos intentando cumplir ese sueño».

“

Era la primera vez que me ponía delante de una becerra por mi cuenta y fue en ese momento cuando dije: quiero ser torero

Álvaro Puig Simón

Calanda, el primer escenario

Después llegaría su participación en el festival taurino celebrado en Calanda. Era ya otro contexto. Público en los tendidos, profesionales alrededor y nombres con una trayectoria consolidada en el mundo del toro.

Para alguien que apenas comenzaba, mirar alrededor en el patio de cuadrillas impresionaba.

«Me veía allí en una esquina y tenía delante a toreros con muchísima experiencia. Al principio uno se achanta. Pero cuando haces el paseíllo te vienes arriba y, una vez sale la becerra, todo se relaja un poco. Dentro de todos los nervios, ya te quedas más tranquilo».

Álvaro Puig Simón entrenando de salón

Por entonces acababa también de incorporarse a Mar de Nubes. El paso resultaba prácticamente inevitable. En Calanda podía trabajar de manera individual, pero Zaragoza le ofrecía compañeros, profesionales y una estructura con la que continuar evolucionando.

La distancia, sin embargo, tiene un precio.

Álvaro cursa actualmente segundo de Bachillerato y sus días de entrenamiento en Zaragoza se convierten prácticamente en jornadas completas.

«La vida deja de ser tan calmada como antes. Hay días en los que salgo del instituto a las tres menos veinte y prácticamente hasta las diez de la noche no estoy en casa. Después de pegarte un palizón entrenando, lo único que te apetece es ducharte, cenar e irte a dormir».

Y pese a querer ser torero, tiene claro que los estudios no pueden desaparecer.

«Hay que hacer un esfuerzo porque esto no es nada seguro. Siempre tienes que tener algo detrás importante con lo que poder vivir».

Con el inicio de la temporada en la escuela aumentará además la frecuencia de sus desplazamientos.

«Hay otro compañero que vive cerca, en Albalate, y vamos a organizarnos con los coches para venir dos días a la semana. Hasta ahora venía uno. En Calanda también entreno, claro, pero no es lo mismo. Aquí el desplazamiento prácticamente te ocupa toda la tarde».

Más capote y muleta que gimnasio

Álvaro Puig Simón durante el entrenamiento
Álvaro Puig Simón entrenando con la muleta

El entrenamiento físico se ha convertido en una parte fundamental de la preparación del torero moderno. Álvaro no lo desprecia. Corre, especialmente por montaña, pero si tiene que elegir dónde invertir sus horas lo tiene claro.

«El físico importa mucho en el toreo porque, si no estás bien preparado, en cualquier momento se te puede complicar muchísimo la vida. Pero para mí es todavía más importante estar con el capote y la muleta, coger técnica, matices y sensaciones».

«Si quieres llegar a algo tienes que estar prácticamente todos los días con la muleta y el capote en la mano. Corro uno o dos días por semana por la montaña, pero soy más de técnica, capote, muleta y toreo de salón».

También observa. Mucho. No se define como un gran lector de literatura taurina, al menos por ahora, pero utiliza otros caminos para aprender.

«No me gusta demasiado leer. Soy más de archivos de vídeo y también intento escuchar podcasts de gente que sabe de toros. Siempre que puedo me pongo corridas para intentar absorber cosas».

Lo que cuesta perseguir un sueño

Convertir una afición en una vocación exige inevitablemente renuncias. Y más todavía cuando se tienen diecisiete o dieciocho años y el entorno lleva una vida muy diferente.

Álvaro prácticamente ha dejado de salir.

«Salgo en ocasiones muy puntuales. Y en verano casi tampoco he salido porque he estado trabajando para poder ganar algo de dinero. Al final esto cuesta: tienes que comprar trastos, cosas para el traje, el esportón, hacerte un traje de campero… Es mucho dinero».

Mientras sus amigos disfrutaban del verano, él repartía las horas entre trabajo, entrenamiento y campo.

«He estado prácticamente todo el verano trabajando. Algún día he ido a la piscina con mis amigos, pero cinco o seis veces en todo el verano. También hay que disfrutar, claro, pero ahora mismo todo está enfocado hacia esto».

Hasta las fiestas de su pueblo serán diferentes este año. Y probablemente nunca vuelvan a ser exactamente iguales.

Entrenamiento de Álvaro Puig Simón en Zaragoza

La llamada que lo cambió todo

El verano terminó de abrirle las puertas del campo. Álvaro comenzó a trabajar con la ganadería de Hermanos Colomer, cuyos responsables se encuentran también detrás de la organización taurina de Calanda. El vínculo creció.

Hubo tentaderos, oportunidades en distintos pueblos y muchas horas delante de animales. Hasta que un día, volviendo de trabajar, apareció una pregunta aparentemente sencilla.

«Me preguntaron: “¿Tú cómo te verías para torear uno de estos?”. Y les dije que yo lo llevaría para adelante, que me sentía preparado».

La conversación quedó ahí.

«A las dos semanas me dijeron que estaban hablando con el alcalde y que les gustaría que debutara matando un becerro en Calanda. Después, cuando ya se concretó que solamente habría un festejo mayor, me explicaron que sería dentro de la corrida de toros, después de los seis toros, y vestido de luces».

Su respuesta fue inmediata.

«En ese momento fui la persona más contenta que había en la Tierra. Les dije claramente que sí, que por mí no habría ningún problema».

Antes, eso sí, había que ponerlo en conocimiento de quienes trabajan diariamente con él.

«Les dije que teníamos que comentarlo con la escuela y saber cómo me veían los profesores. Cuando se lo conté, me dijeron que para adelante, que si yo me veía preparado para hacerlo, tiráramos».

Y entonces apareció uno de esos elementos que convierten un sueño abstracto en algo tangible: el vestido de luces. Álvaro todavía no tenía uno.

El que lucirá el lunes guarda también su propia historia. Se lo ha cedido Jorge Colomer, quien lo utilizó durante su etapa como banderillero acompañando a su hermano Pablo. Fue confeccionado por el recordado sastre Daniel Roqueta. Ya está en casa. Esperando.

«En ese momento fui la persona más contenta que había en la Tierra»

Calanda y Zaragoza, dos formas de aprender

En su evolución conviven ahora dos escuelas. La cotidiana, en Calanda, junto a Carlos; y la de Zaragoza, rodeado de compañeros y bajo la dirección de Miguel Cuartero, director de la Escuela Taurina CETA Mar de Nubes, junto a profesionales como el maestro Roberto Bermejo.

Álvaro valora precisamente esa combinación.

«La escuela me ha aportado entrenar con más compañeros, poder vernos y medirnos incluso durante los entrenamientos. Y, con todo el respeto hacia Carlos, no es lo mismo entrenar solamente con él que poder hacerlo también con profesionales como Miguel Cuartero o con un matador de toros como Roberto Bermejo, que después ha ido de banderillero con grandes figuras del toreo».

La experiencia y los diferentes puntos de vista de los profesores tienen para él un valor especial.

«El maestro Bermejo ha toreado en muchísimas plazas, confirmó la alternativa en Madrid y debutó con picadores aquí, en Zaragoza. Tener su punto de vista, el de Miguel Cuartero y además poder contar diariamente en Calanda con Carlos hace que pueda escuchar visiones diferentes».

Y cuando no está en Zaragoza, la plaza de Calanda se convierte en su particular aula.

«Siempre que las condiciones climáticas lo permiten voy a la plaza. Y, si no puedo, intento sacar un rato en la cochera. Aunque solamente sea hacerme uno o dos toros de salón, intento entrenar todos los días».

Álvaro Puig Simón durante el entrenamiento

La conversación llega inevitablemente al lunes. Apenas faltan cuatro días. Mientras hablamos estamos en un aula vacía, durante un entrenamiento. Pero Álvaro sabe que muy pronto estará en otra. La que conoce desde niño. Y esta vez no estará mirando desde fuera.

Desde el viernes comenzará a vivir los festejos de Calanda desde otra perspectiva. Entrará en el coso durante el Concurso Nacional de Emboladores, verá los tendidos y será imposible que su cabeza no viaje hasta el lunes. Lo reconoce mientras sonríe.

«Desde que entre el viernes en la plaza y piense que tres días después voy a estar ahí, con dos torerazos y un pedazo de novillero al lado, haciendo el paseíllo vestido de luces y matando por primera vez… ya va a ser diferente».

«Solo de decirlo ahora me tiemblan las piernas. Imagínate cuando vuelva a ver la plaza casi llena»

Y quizá ahí esté la verdadera dimensión de la tarde. Porque Álvaro Puig Simón todavía está dando sus primeros pasos. Apenas comienza a descubrir hasta dónde puede conducirlo este camino. No existen certezas en una profesión en la que casi nunca las hay.

Pero el próximo 12 de octubre, durante unos minutos, todo eso importará menos. Estará vestido de luces. Tendrá delante un becerro. A su espalda, toda una plaza. Y estará en Calanda. En casa.

Álvaro Puig Simón

Sergio Hueso

Firma de Sergio Hueso

Sergio Hueso
Director de TOROLIVE