Arancha Montes: «En Villaseca empezamos de cero; el éxito pasado no sirve para el siguiente compromiso»

Montealto regresa este domingo al Alfarero de Oro de Villaseca de la Sagra, una plaza íntimamente ligada a la historia reciente de la ganadería. Después de una temporada marcada especialmente por su importante paso por Madrid, donde Álvaro Serrano abrió la Puerta Grande con sus novillos, Arancha Montes afronta el nuevo compromiso con una filosofía muy clara: olvidar lo conseguido y volver a demostrarlo en el ruedo. Gonzalo Capdevila, Cristian González y Emilio García Torres serán los encargados de estoquear un encierro procedente de familias contrastadas de la casa.

Montealto aterriza en Villaseca después de uno de los grandes hitos de su temporada. Su paso por Madrid volvió a situar a la ganadería en primer plano y permitió a Álvaro Serrano salir a hombros de Las Ventas. Sin embargo, en la casa no quieren vivir de resultados anteriores.

«El paso por Madrid este año ha sido súper importante para nosotros, pero siempre decimos que eso ya está pasado. Cada compromiso tiene una importancia vital porque no somos una ganadería grande y nos ganamos la repetición cada tarde», explica Arancha Montes.

Por eso, Villaseca aparece ahora en el horizonte prácticamente con la misma trascendencia que cualquiera de las grandes citas del calendario.

«No voy a decir que sea como Madrid, pero casi. Para nosotros es una plaza súper importante, que nos ha dado muchísimo. Hemos tenido triunfos y también fracasos, y cuando consigues triunfar las expectativas suben y la responsabilidad es todavía mayor».

«El éxito pasa; estos son animales y siempre empiezas de cero»

Villaseca exige además un tipo de novillo que no admite medias tintas. La seriedad en la presentación se ha convertido en una de las grandes señas de identidad del Alfarero de Oro y Montealto conoce perfectamente el listón que debe superar.

Montes recuerda que esa exigencia no es nueva. «Villaseca lleva 25 años siendo una de las ferias en las que se presenta el novillo más serio a nivel nacional, dejando aparte Madrid. Ahora, además, tiene una repercusión enorme, con las novilladas televisadas y ganaderías de primer nivel».

Esa dimensión convierte la cita en un examen tanto para los novilleros como para los hierros anunciados.

«Para nosotros ahora mismo Villaseca es lo primero que tenemos. Empezamos de cero. El éxito pasa, el trabajo está hecho, pero estos son animales y siempre tienes que volver a empezar»

La ganadera insiste precisamente en que ahí reside una de las mayores dificultades de la crianza del bravo. No existen garantías absolutas, ni siquiera cuando se parte de familias ampliamente contrastadas.

Familias contrastadas, pero sin certezas

Montealto llevará a Villaseca animales procedentes de familias importantes dentro de la ganadería, aunque Arancha Montes rehúye convertir la genealogía en una garantía de comportamiento.

«Cuando llevas tiempo con una ganadería tienes las familias más o menos contrastadas. Van animales de familias importantes, pero siempre es empezar de cero. Puedes tener contrastados al padre y a la madre y después aparece otra circunstancia genética».

La selección ofrece una base sobre la que trabajar, pero el comportamiento mantiene siempre esa parte imprevisible propia del toro bravo. «Vas con cierta seguridad, obviamente, pero son animales y nunca dejan de sorprenderte».

A ello añade factores que trascienden la genética: el desarrollo de la lidia, el castigo recibido en varas o la experiencia del propio novillero. «En Villaseca el castigo en varas suele ser fuerte y los chavales no tienen todavía la experiencia de un matador de toros. Todo influye. Pero llevamos familias contrastadas y tenemos mucha fe e ilusión en los animales que van».

Un animal con el sello de Montealto

Han pasado más de 25 años desde que Montealto comenzó a construir su camino a partir de sus procedencias de Luis Algarra y El Ventorrillo. Tiempo suficiente, considera Montes, para que hablar actualmente de la ganadería sea hacerlo de un animal con personalidad propia.

«Siempre nos preguntan de dónde viene la ganadería, pero después de más de 25 años creo que la hemos ido acoplando a nuestro gusto. Obviamente no siempre sale lo que uno quiere, pero morfológicamente los animales han cambiado».

La aspiración es que el aficionado pueda reconocer ese sello propio cuando un ejemplar salta al ruedo.

«Creo que cuando un animal nuestro sale a una plaza, el aficionado ya sabe que es de Montealto»

«Tenemos unas características especiales que el aficionado ha ido conociendo. Ese es nuestro objetivo: buscar nuestra embestida, aunque obviamente no siempre se consiga».

Montealto y Villaseca, 25 años creciendo juntos

Pero hablar de Montealto en Villaseca tiene también una importante dimensión sentimental. La relación comenzó cuando el certamen todavía estaba lejos de alcanzar la repercusión actual.

Este año, de hecho, la organización rindió homenaje al padre de Arancha por 25 años lidiando en Villaseca.

«Empezamos en la plaza portátil, cuando prácticamente nadie sabía dónde estaba Villaseca. La feria empezó a crecer y nosotros crecimos con ella».

Montealto tuvo además el privilegio de inaugurar la actual plaza con una corrida de toros, pese a que la ganadería no acostumbra a lidiar demasiados encierros completos de cuatreños.

«Creo que la feria de Villaseca y la ganadería hemos ido adquiriendo experiencia de la mano. Para nosotros es una feria básica y fundamental dentro de nuestra temporada».

Ese vínculo condiciona incluso la planificación en el campo.

«Cuando empezamos a seleccionar la camada, siempre que quieran contar con nosotros, Villaseca está en nuestra mente. Es un sitio muy emotivo y le tenemos un cariño súper especial».

«Ante cualquier novillero que se ponga delante allí nos quitamos el sombrero»

El domingo tendrán delante a Gonzalo Capdevila, Cristian González y Emilio García Torres. Tres nombres a los que Montealto concede, de partida, todo el crédito.

Arancha evita juzgar únicamente por el mayor o menor cartel de cada espada.

«En Villaseca, ante cualquier novillero que se ponga delante, tenga el nombre que tenga, nos quitamos el sombrero. Todos sabemos el trapío que sale y también cómo es ese ruedo, que no es grande. Solo por ponerse delante tienen todos nuestros respetos».

Si, además, son capaces de interpretar las condiciones de los animales, el triunfo adquiere una dimensión todavía mayor.

«Nos hace especialmente felices descubrir a un novillero que quizá todavía no suena tanto y que, si la ganadería le ayuda, pueda salir triunfador».

Ahí aparece otro concepto fundamental para Montes: el éxito del ganadero y el del novillero no pueden entenderse como caminos independientes.

«El ganadero no triunfa si el novillero no triunfa, y al revés ocurre exactamente igual»

En un certamen como Villaseca, donde algunos jóvenes llegan todavía con muy pocas novilladas picadas a sus espaldas, esa satisfacción aumenta.

«Hay novilleros que llegan habiendo toreado dos novilladas y se ponen delante de animales con semejante trapío. Ver que consiguen acoplarse a sus embestidas y triunfar te da una satisfacción enorme».

Y aunque esa sensación puede producirse en cualquier escenario, reconoce que Villaseca posee una dimensión particular «por el trapío del animal y por la seriedad de su presentación».

«El animal sale y se encarga de colocar a cada uno en su sitio»

Antes de pensar en premios, orejas o vueltas al ruedo, Arancha Montes tiene una primera preocupación mucho más elemental: que los novillos superen el reconocimiento y puedan saltar finalmente al ruedo.

«Para un ganadero lo primero es pasar el reconocimiento, que tampoco es fácil. Desde que eliges los animales en el campo pueden ocurrir mil circunstancias: uno se queda cojo o aparece cualquier problema».

Superado ese primer examen, los deseos son sencillos.

«Queremos que la novillada se mueva, que los novilleros consigan acoplarse a las embestidas y que al final podamos disfrutar todos».

Montealto ya sabe lo que supone salir reconocido de Villaseca y sueña con volver a hacerlo, aunque su ganadera conoce perfectamente lo extraordinariamente complicado que resulta repetir un éxito en el campo bravo.

«El animal sale y se encarga de colocar a cada uno en su sitio»

La ilusión permanece intacta. También la responsabilidad.

«Ojalá pudiéramos repetir un premio al mejor novillo o a la mejor novillada, pero nadie sabe lo difícil que es conseguirlo hasta que vuelve al año siguiente y tiene que intentarlo otra vez».

Veinticinco años después, Montealto regresa al lugar en el que ha crecido prácticamente de la mano del Alfarero. El pasado queda escrito. Este domingo, como recuerda Arancha Montes, todo vuelve a empezar de cero.