El Alfarero de Oro alcanza su XXVI edición convertido en uno de los grandes escaparates del escalafón novilleril. Villaseca de la Sagra vuelve a levantar el telón de un certamen construido sobre la seriedad del novillo, la diversidad de encastes y una promoción que ha conseguido colocar a una localidad de apenas 1.200 habitantes en el epicentro taurino cada mes de septiembre. Su alcalde y principal impulsor, Jesús Hijosa, analiza para TOROLIVE el presente y el futuro de una feria a la que considera ya una auténtica “marca Villaseca”.
Han pasado más de veinticinco años desde que Villaseca de la Sagra comenzó a construir un proyecto que, entonces, no todos entendieron. Hoy el escenario es muy diferente. El Alfarero de Oro se ha convertido en una fecha marcada en rojo para los aficionados y, sobre todo, en un escaparate en el que cualquier novillero quiere estar.
Jesús Hijosa contempla esa evolución desde la satisfacción, pero también desde la exigencia permanente. «Es un certamen muy consolidado y creo que ahora mismo es el referente y el escaparate para todos los novilleros. Ha dado un paso de gigante respecto a otras ferias y ha sabido diversificar su oferta de cara al aficionado», asegura.
El alcalde entiende que detrás de ese crecimiento no existe una fórmula secreta, sino más de dos décadas de trabajo y un especial cuidado de aquello que rodea al espectáculo. Sorteos, programas, presentación de los festejos, comunicación, promoción o televisión forman parte de una maquinaria que comienza a funcionar mucho antes de que salga el primer novillo.
«Cada edición intentamos dar un paso más hacia la excelencia. Cuidamos mucho los detalles y creo que eso la gente lo valora. Todo ha ayudado a que Villaseca esté un paso por encima a la hora de llegar al aficionado y de vender el certamen al exterior».

Un pueblo que hizo suyo el Alfarero
Uno de los grandes logros ha sido conseguir que el proyecto sobrepase los límites de la propia plaza. Villaseca vive alrededor del toro durante buena parte del año y el Alfarero de Plata, los festejos populares y el Alfarero de Oro mantienen una actividad continuada que Hijosa define prácticamente como la de una «plaza de temporada». El camino, reconoce, no fue sencillo.
«Cuando empezamos este proyecto mucha gente pensaba que era una apuesta de locos. Con trabajo, sacrificio, esfuerzo y lucha hemos sido capaces de implicar cada vez a más gente del pueblo y de toda la zona».
Los números ayudan a dimensionarlo. Hijosa recuerda que Villaseca, con aproximadamente 1.200 habitantes, ha conseguido en numerosas ocasiones completar una plaza con alrededor de 2.500 localidades.
«Hemos puesto muchas tardes el “No hay billetes” en un pueblo de 1.200 habitantes y con una plaza de 2.500 localidades. Algo estaremos haciendo bien»
La explicación, según el alcalde, está también en ofrecer al aficionado algo diferente: «La integridad, la seriedad y lo que se ofrece en Villaseca» se han convertido en elementos indisociables del certamen.
Ahí aparece probablemente la principal seña de identidad del Alfarero. Villaseca no ha rebajado el listón de la presentación para facilitar las cosas al novillero. Todo lo contrario.
«Eso es lo que ha creado la marca Villaseca. Apostar por la diversidad de encastes y por un novillo serio, prácticamente un toro, cuajado. Un triunfo delante de un animal con esas características tiene una repercusión importantísima para un novillero».
También para el ganadero. Hijosa considera fundamental que los hierros encuentren en Villaseca un escenario en el que su trabajo tenga protagonismo y donde el aficionado acuda atraído no únicamente por los nombres del cartel, sino también por el animal.
Este año se vuelve a repetir la fórmula: siete novilladas y siete propuestas ganaderas diferentes, con la intención de que cada tarde posea personalidad propia.
El éxito de ese planteamiento tiene, sin embargo, una contrapartida: confeccionar los carteles no siempre resulta sencillo.

Los que quieren estar… y los que dicen no
Villaseca recibe cada temporada numerosas peticiones. Prácticamente todos quieren aparecer en el Alfarero, pero después llega el momento de casar nombres y ganaderías. Y es ahí donde Hijosa reconoce que aparecen dificultades.
«Siempre hay alguno al que puede ser más complicado ofrecerle determinadas novilladas. Hay quienes ponen pegas o que, si no les das la novillada que quieren, deciden no venir. Después se dice que falta este o aquel en la feria, pero mucha gente no conoce el trabajo que existe detrás».
El alcalde desvela incluso que algunos novilleros han rechazado la posibilidad de participar pese a haberles ofrecido encierros que la organización consideraba propicios. Frente a ellos contrapone otra actitud.
«Hay otros que te dicen: “Yo mato la que me pongas, porque la mala es la que no se torea”»
Para Hijosa, esa mentalidad forma parte indispensable de quien pretende abrirse camino. «El que quiere ser torero y tiene esas ganas se anuncia con un encaste o con otro», sostiene, aunque admite que determinadas ganaderías pueden requerir mayor rodaje.
Dentro de la estructura de este año señala precisamente a José Escolar y Cuadri como dos compromisos que pueden exigir un punto mayor de experiencia, pero defiende que el grueso de la feria presenta opciones para cualquier novillero preparado.
«El que quiere ser torero da el paso y está anunciado en Villaseca. Sabe que estar bien aquí, con la repercusión que tiene y con la televisión, puede abrirle muchas puertas».
Precisamente la televisión constituye otra de las grandes apuestas personales de Hijosa. Mientras parte del sector continúa debatiendo sobre si las retransmisiones perjudican o no a las taquillas, Villaseca ha recorrido el camino contrario.
«Nosotros apostamos mucho por la televisión porque vende Villaseca. La televisión te pone en el mundo y lo que no se ve no tiene futuro. Cuanta más difusión tenga la feria y tenga Villaseca, mucho mejor».
El alcalde tampoco comparte la teoría de que televisar los festejos vacíe los tendidos. Su experiencia, sostiene, apunta incluso en la dirección opuesta.
Recuerda el caso de un aficionado que descubrió el Alfarero a través de la pantalla y al año siguiente acudió personalmente durante tres jornadas. «Hay muchísima gente que no conocía el Alfarero, lo ha descubierto por televisión y después viene. Hemos tenido tardes de “No hay billetes” con la televisión presente».
Además del escaparate taurino, existe un retorno económico. Los ingresos audiovisuales ayudan a aliviar una parte de los costes de organizar las novilladas y, sobre todo, multiplican la promoción del municipio.
El toro como motor para Villaseca
Hijosa amplía esa reflexión mucho más allá de las puertas de la plaza. El toro también supone actividad económica para una pequeña localidad como Villaseca.
En determinadas mañanas de festejos populares, cifra entre 4.000 y 5.000 personas las que pueden concentrarse en el municipio.
«Esa gente echa gasolina, desayuna en los restaurantes, toma café en los bares, compra y está por el pueblo. Después llega la novillada y se llena la plaza. Todo eso es futuro, es vida y eso lo da el toro».
Para el alcalde, pocos acontecimientos poseen esa capacidad de movilización en localidades pequeñas. Después de 26 ediciones podría pensarse que resulta complicado encontrar nuevos estímulos. Hijosa lo niega. Su vinculación con los dos grandes certámenes de Villaseca tiene incluso un componente emocional.
«Para mí el Alfarero de Oro y el Alfarero de Plata son como si fueran mis hijos. Los he criado, los he parido —sin ser mujer— y al final les tienes un cariño especial porque has creado algo que le ha dado a tu pueblo una imagen y una proyección».
Sabe que llegará el momento del relevo, aunque por ahora no contempla abandonar el timón. «Siempre hay que buscar un relevo y un futuro, pero mientras no lo encontremos aquí seguiremos tirando del carro. Cuando uno sigue organizando algo tiene que intentar ser siempre el mejor y buscar la excelencia».
«Villaseca ha creado una marca y esa marca hay que mantenerla y sacarle brillo»
Entre los alicientes de esta XXVI edición reconoce especial interés por ver en Villaseca dos ganaderías que afrontan su presentación con novillada completa: Alcurrucén y Pedraza de Yeltes. De ambas destaca el esfuerzo realizado para acudir con encierros de máxima categoría. Pero evita hacer pronósticos.
«Hay tardes con novilleros más punteros y otras con nombres menos conocidos, pero con muchísimas ganas de triunfar. Al final, como decimos en mi pueblo, la obra ya tiene el material. Después veremos los resultados».
Material, seriedad, diversidad y oportunidad. Cuatro conceptos que después de más de un cuarto de siglo continúan definiendo un Alfarero de Oro que se resiste a acomodarse en el éxito conseguido. Para Hijosa, alcanzar la cima nunca ha significado dejar de subir.

