Roca Rey en figura y Zulueta en torero

Roca Rey en figura y Zulueta en torero

Tuvo la tarde de Sevilla la pesadez de una corrida que nunca terminó de romper ni de levantar a unos tendidos sumidos en un progresivo letargo, sostenido por la falta de poder de un encierro noble pero desfondado en su mayoría. Hubo que esperar al quinto para que la plaza despertara de golpe, cuando Roca Rey impuso su ley desde la entrega y el mando ante un toro exigente. Hasta entonces, todo transcurrió entre intentos sin eco y embestidas sin alma. En ese contexto, el peruano marcó la diferencia y Javier Zulueta dejó una actuación de enorme exposición en el sexto, mientras Manzanares quedó diluido en una tarde sin respuesta.

La tarde tuvo en el segundo toro de la lidia de Roca Rey su primer punto de interés. Un animal que embistió mejor por el pitón derecho y al que el peruano recibió con suavidad antes de estructurar una faena que tuvo su base en ese lado. Las dos primeras tandas, ligadas y templadas, fueron lo más rotundo del trasteo, tirando de oficio para enganchar las embestidas con los vuelos. El toro humilló también por el izquierdo, aunque con menor recorrido, y acabó viniéndose a menos, perdiendo fuelle y diluyendo el conjunto. Roca Rey no terminó de redondear con la espada y todo quedó en silencio tras una labor de interés decreciente.

Muy distinto fue lo sucedido con el quinto, el toro de la tarde. Desde el inicio de rodillas en los medios, con un cambiado por la espalda que encendió los tendidos, Roca Rey planteó una faena de entrega absoluta. El toro, exigente, con casta y un punto incierto en su embestida, obligaba a estar siempre colocado y a no perderle la cara. Ahí emergió la versión más poderosa del peruano: firme, asentado, tragando miradas y llevando al animal embebido en la muleta a base de valor y mando. Hubo emoción constante, riesgo real y una sensación de dominio que terminó de explotar en una obra de gran peso. La cogida, fea y de dos trayectorias al entrar a matar, no hizo sino reforzar la dimensión de una faena que tuvo premio de dos orejas.

También creció Javier Zulueta en su segundo turno, el sexto, en una actuación que confirmó su concepto. Desde el recibo, esperando de rodillas en la puerta, marcó el tono de una faena de máxima exposición ante un toro orientado y de peligro sordo. El animal, mirón y reponiendo, no regaló nada, y obligó al sevillano a tirar de firmeza y determinación, especialmente por el pitón izquierdo, donde encontró los momentos de mayor verdad. Fue una labor exigente, de madurez impropia para su corta trayectoria, en la que primó la actitud y el compromiso. La estocada baja no empañó la impresión final, recompensada con una vuelta al ruedo de peso.

Antes, en el tercero, Zulueta ya había mostrado disposición ante un toro noble pero muy venido a menos. Pudo ligar dos tandas por el derecho a base de insistir con el toque y la voz, pero el animal se apagó pronto y no ofreció continuidad, quedando la faena en un intento sin eco.

La peor parte fue para Manzanares, desdibujado toda la tarde. Su primero nunca tuvo fuerza ni entrega, pero tampoco el alicantino logró acoplarse ni encontrar soluciones. El toro pasó rebrincado, sin humillar, y la faena resultó deslavazada, sin pulso ni mando. Tampoco mejoró en el cuarto, un animal igualmente deslucido, que se quedaba corto y terminaba los viajes con la cara alta. Manzanares, sin recursos ni ajuste, se limitó a intentar sin convicción ante la creciente incomodidad del público, cerrando una actuación sin contenido.

LA RESEÑA


Real Maestranza de Caballería de Sevilla – Corrida de Toros || Duodécima de la Feria de Abril 2026

Entrada: Lleno de ‘No Hay Localidades’

Ganaderías de VICTORIANO DEL RÍO (1º, 2º y 4º), TOROS DE CORTÉS (3º, 5º y 6º)

MANZANARES (Tabaco y Oro Viejo)

  • Primer toro: SILENCIO
  • Cuarto toro: SILENCIO

ROCA REY (Azu Cielo y Oro)

  • Segundo toro: SILENCIO TRAS AVISO
  • Quinto toro: DOS OREJAS

JAVIER ZULUETA (Morado y Oro)

  • Tercer toro: SILENCIO
  • Sexto toro: VUELTA AL RUEDO TRAS PETICIÓN