Roca Rey desafía al eclipse y Cristiano Torres a las dificultades

Hubo unos minutos en Huesca en los que el cielo quiso quedarse con la corrida. La luz desapareció poco a poco, las linternas comenzaron a encenderse en los tendidos y buena parte de la plaza miraba hacia arriba. Abajo, mientras tanto, todavía quedaba una tarde por resolver. Roca Rey consiguió reclamar el foco durante el eclipse, Sebastián Castella dejó el toreo de mayor profundidad y Cristiano Torres, con el lote de menos opciones, terminó encontrando una Puerta Grande a base de raza.

La corrida tuvo el condicionante evidente de la falta de fuerzas. Los toros quisieron humillar por momentos y alguno tuvo calidad, pero  faltó poder para sostener las embestidas. El cuarto fue el que ofreció mayores posibilidades y el quinto respondió cuando se le exigió. El resto obligó a medir mucho los tiempos y, en algunos casos, a poner bastante más de lo que había enfrente.

Sebastián Castella tuvo que esperar hasta el cuarto para encontrarse de verdad con la corrida. Con el primero apenas pudo administrar una embestida que quería ir por abajo pero nunca tuvo fuerza ni raza suficientes para terminar los viajes. El cuarto fue distinto. Por el derecho tuvo calidad, humilló y permitió al francés hacer lo mejor de su tarde. Castella toreó muy encajado, con suavidad, dejando siempre la muleta puesta y tirando del toro por abajo sin romper el ritmo. Ahí apareció el Castella de los buenos momentos. Por el izquierdo hubo menos entrega y la faena perdió algo de continuidad, pero volvió a cogerla por el derecho antes de una gran estocada. Cortó una oreja y hubo petición de la segunda.

A Roca Rey le tocó hacer casi todo con el segundo. El toro tuvo tan poca fuerza que llegó a quedarse sentado después del inicio por estatuarios. No había recorrido ni transmisión y el peruano buscó la cercanía para intentar encontrar una emoción que el animal no tenía. Lo consiguió a base de apretar, aunque la faena tuvo necesariamente más de Roca que de toro. Cortó una oreja. Y entonces llegó el quinto y, con él, una de esas imágenes que seguramente quedarán de esta feria. A las 20:26 horas la luna comenzó a ocultar el sol sobre Huesca. La plaza fue perdiendo luz, aparecieron las linternas en los tendidos y durante unos instantes hubo dos espectáculos compitiendo por la mirada del público. Roca se puso de rodillas junto a tablas y consiguió que muchas miradas regresaran al ruedo. Esta vez había un toro que permitió exigirle. Lo llevó por abajo, lo obligó y consiguió sacarle un fondo que no parecía evidente al comienzo. Fue una faena de mando, de imponer siempre su planteamiento y hacer que el toro respondiera a él. Mientras Huesca se quedaba a oscuras, Roca siguió tirando del animal en redondo, miró a los tendidos y terminó por luquesinas cuando la luz comenzaba a regresar. El eclipse puso una escenografía imposible de repetir; el peruano se encargó de que la faena no quedara reducida únicamente a la fotografía. La espada, baja y al segundo intento, dejó el premio en una oreja.

Cristiano Torres tuvo que pelear otra corrida dentro de la misma corrida. Su tercero fue prácticamente inválido. Ya había perdido las manos en el recibo y terminó tumbándose durante la faena. Cristiano se fue de rodillas a los terrenos de las peñas, se pasó el toro por delante y por detrás y trató después de aguantar unos arreones que tenían poco recorrido. Cuando el animal volvió a echarse al natural entendió que no tenía sentido seguir. Hizo bien. No todo consiste en alargar una faena. Silencio y pitos al toro en el arrastre. El sexto tampoco parecía dispuesto a cambiarle la tarde. Muy justo de fuerzas, frenado y con unas embestidas que pronto comenzaron a acortarse. Cristiano quiso arrancar de rodillas, pero después de que el toro perdiera las manos cambió el planteamiento. Y ahí estuvo buena parte del mérito. Lo cuidó por el derecho, toreándolo a media altura, y después se puso al natural para ir construyendo los muletazos prácticamente de uno en uno. No había continuidad, así que tuvo que buscarla él. Perdió pasos, buscó el pitón contrario y trató de alargar cada viaje sin terminar de quebrar al toro. Cuando ya apenas quedaba embestida decidió meterse entre los pitones. Cambios de viaje por ambos lados, terrenos muy cortos y la taleguilla rozando continuamente los pitones. Ahí apareció la raza de un torero que sabía que aquella era su última oportunidad de cambiar el signo de su tarde. Una estocada y el posterior golpe de cruceta dieron paso a las dos orejas. Cristiano salió a hombros después de encontrarse con el lote que menos ayudó. Y quizá ahí estuvo lo más interesante de su tarde. No toreó al sexto como había querido empezar a torearlo, sino como terminó entendiendo que debía hacerlo. Primero lo cuidó, después tiró de él y finalmente, cuando ya no quedaba casi toro, puso el cuerpo.

LA RESEÑA


Plaza de toros de Huesca (Aragón) – Corrida de toros – Miércoles 12 de agosto || Tercera de la Feria de la Albahaca 2026

Entrada : Lleno de ‘No Hay Localidades’

Se lidiaron toros de Luis Algarra,

  • SEBASTIÁN CASTELLA (Grana y Oro con los cabos en negro) : Silencio y Oreja;
  • ANDRÉS ROCA REY (Butano Y Azabache) : Oreja y Oreja;
  • CRISTIANO TORRES (Verde manzana y Oro) : Silencio y Dos orejas;