Aarón Palacio gana peso en una tarde sin fondo

Crónica
Plaza de toros de Huesca
Segunda de la Feria de la Albahaca 2026 · Martes 11 de agosto

Ficha del festejo
Plaza
Huesca · Aragón

Festejo
Corrida de toros

Feria
Feria de la Albahaca 2026

Entrada
Lleno de «No Hay Localidades»

Resultado

Alejandro Talavante
Alejandro Talavante
Mostaza y oro · Cabos negros
Oreja · Silencio tras aviso

Emilio de Justo
Emilio de Justo
Rosa y oro
Silencio tras aviso · Oreja

Aarón Palacio
Aarón Palacio
Azul rey y oro
Dos orejas · Silencio

Ganadería El Pilar

Ganadería
El Pilar
Corrida noble y de buena condición en líneas generales, pero muy condicionada por la falta de fuerza, raza y fondo. El primero tuvo nobleza, el tercero quiso coger la muleta y el quinto ofreció calidad por el pitón derecho. En conjunto, hubo que medir mucho las exigencias y administrar unas embestidas que fueron perdiendo duración conforme avanzaron las faenas.

La crónica

La corrida de El Pilar dejó a medias una tarde que encontró en la disposición de Aarón Palacio su principal argumento. Dos orejas del tercero pusieron al zaragozano en la puerta grande, mientras Alejandro Talavante y Emilio de Justo pasearon un trofeo cada uno. El resultado puede parecer amplio, pero la corrida nunca terminó de romper. Hubo nobleza, calidad a ratos y hubo toros que quisieron más de lo que finalmente pudieron. Faltó poder y, sobre todo, fondo para que aquello cogiera verdadera altura.

No fue una mala corrida de El Pilar. Varios toros tuvieron buena condición y ninguno hizo imposible estar delante. El problema fue otro. La falta de fuerzas apareció demasiado pronto y terminó condicionando muchas embestidas.

El primero tuvo nobleza, el tercero quiso coger la muleta y el quinto ofreció calidad por el derecho. Pero casi siempre hubo que medir, esperar y administrar. La tarde pidió más cabeza que épica.

Alejandro Talavante entendió bien al primero. Lo llevó a media altura y trató de conservar una embestida que tenía calidad, aunque muy poco fondo. El toro no terminaba los viajes y por el izquierdo todavía se defendió más. Talavante encontró al final, con los circulares invertidos y el toreo en redondo, la conexión que hasta entonces había faltado. La oreja llegó después de una faena correcta, más cuidada que profunda.

Con el cuarto hubo bastante menos. El inicio de rodillas por cambiados levantó expectativas que después no encontraron continuidad. El toro llegó sin fuerzas, derrotando y con la cara alta, y Talavante tampoco terminó de encontrar una solución. Los enganchones fueron quitando limpieza a una faena que se fue apagando. Silencio tras aviso.

A Emilio de Justo le tocó primero administrar prácticamente lo inexistente. El segundo nunca tuvo poder suficiente para sostener más de dos o tres muletazos y obligó al extremeño a darle tiempos continuamente. De Justo hizo lo lógico: no atropellarlo y tratar de construir de uno en uno. Poco más admitía el toro.

Con el quinto apareció una oportunidad diferente. Por el derecho hubo nobleza, calidad y mayor continuidad, y ahí dejó De Justo los mejores momentos de su actuación. Faltó que aquello terminara de crecer. Al natural no encontró el mismo ajuste y la faena perdió el ritmo que había alcanzado sobre la diestra. Una estocada trasera precedió a una oreja.

Y Aarón Palacio volvió a salir a la plaza con la intención de que pasaran cosas. Lo hizo desde la larga de rodillas al tercero, continuó con unas chicuelinas de mucha torería y volvió a dejar detalles en el quite por tafalleras. Pero lo importante vino después.

El tercero era noble y tenía buena condición, aunque estaba cogido con alfileres. Había que verlo y, sobre todo, no equivocarse con él. Palacio le dio distancia, perdió pasos y esperó. En lugar de empeñarse en ligar donde el toro no podía, buscó provocar cada arrancada y darle aire después. Por ahí tuvo sentido la faena.

Hubo una buena serie con la derecha y naturales en los que intentó alargar una embestida que cada vez llegaba con menos recorrido. No todo tuvo la misma limpieza porque el toro terminó rebrincándose y protestando, pero Aarón mantuvo la faena arriba desde la disposición. Las manoletinas finales, ya con el animal prácticamente parado, tuvieron ajuste. Y la estocada, fulminante. Dos orejas.

El sexto sirvió para enseñar otra cara del zaragozano. Esta vez no había nobleza que administrar ni una embestida que esperar. El toro estaba agarrado al piso y apenas quería pasar. Aarón decidió apostar. Tragó, se quedó en el sitio y fue tirando de los viajes de uno en uno. Por el izquierdo todavía era más complicado, aunque consiguió robar algún natural templado. No hubo faena grande porque difícilmente podía haberla, pero sí quedó una actitud. Mató al segundo intento y fue silenciado.

La tarde, en imágenes
Fotografías: Philippe Gil Mir