El toreo de Urdiales se abre paso bajo el diluvio en Madrid

Diego Urdiales sostuvo con capacidad, colocación y mucho oficio una tarde condicionada por el escaso fondo de la corrida de Alcurrucén y por el tremendo diluvio que cayó sobre Las Ventas. El riojano extrajo cuanto pudo de dos medios toros y dejó los pasajes de mayor entidad de un festejo en el que Christian Parejo puso una seria disposición, pagando incluso con dos fuertes volteretas su entrega, mientras Fortes encontró algunos momentos estimables con el segundo sin terminar de redondear su tarde.

Había poco de donde sacar y Diego Urdiales fue quien mejor entendió cómo y dónde buscarlo. Su lote tuvo tan escaso fondo como buena parte de la corrida de Alcurrucén, pero el riojano volvió a demostrar que conoce los terrenos, las distancias y, sobre todo, la manera de hacer que un toro entregue aquello que parece no tener. Dos ovaciones fueron el balance numérico de una actuación que tuvo bastante más contenido que premio.

El primero fue un toro medido de raza y poder, que ya de salida giró sobre las manos y al que hubo que cuidar en el caballo. Tenía calidad cuando embestía, pero le faltaba fuerza para sostener los viajes. Urdiales entendió pronto que aquello requería pulso. Se fajó con él sin exigirle más de la cuenta, administrando sus fuerzas y tratando de dar continuidad a una embestida que apenas la tenía. Los mejores momentos llegaron al natural, aunque también hubo derechazos de mucha cadencia y torería.

Todo sucedió, además, bajo un diluvio tremendo que terminó por descomponer cuanto estaba ocurriendo en el ruedo. Con el agua cayendo con enorme intensidad y el revuelo instalado en los tendidos, Urdiales mantuvo el pulso de una faena en la que consiguió sacar lo mejor de un toro que ofrecía poco margen. El pinchazo previo a la estocada terminó de enfriar cualquier posibilidad de premio y saludó una ovación.

Si con el primero hubo que administrar, con el cuarto hubo que inventar. Manso de salida, echando las manos por delante y sin entregarse tampoco en ninguno de sus dos encuentros con el caballo, fue otro medio toro al que Urdiales terminó haciendo parecer más de lo que realmente era. Ya había dejado antes un quite a la verónica de enorme suavidad, coronado con una media de categoría.

Con la muleta apareció la versión más capaz del riojano. Desde la colocación y con un extraordinario dominio de los terrenos, fue encontrando siempre el sitio desde el que provocar una embestida que había que construir prácticamente de una en una. Tiró del embroque, redujo al toro y le fue robando muletazos sin perder nunca la posición. Una tanda sobre la diestra, metiendo al de Alcurrucén en la muleta y reduciendo su viaje, puso de acuerdo a Madrid. Era la expresión de una faena sustentada mucho más en lo que hizo el torero que en lo que ofreció el toro. Pinchó antes de dejar medio estoque y volvió a escuchar una ovación, esta vez tras aviso.

Christian Parejo tampoco tuvo lote, pero sí una disposición que quedó fuera de toda duda. El tercero fue quizá el ejemplo más evidente. El francés, que sustituía a Mario Navas y le brindó precisamente la faena, quiso provocar al toro desde lejos y buscar una emoción que el animal no terminaba de ofrecer. Al de Alcurrucén le costaba un mundo pasar y el estado del ruedo tampoco ayudaba a unos apoyos ya de por sí inseguros.

Parejo no volvió la cara. Insistió hasta que el toro se le vino por dentro y lo volteó de manera muy fea. Se levantó y regresó a la cara con la misma determinación. Esa actitud tuvo todavía una última expresión con la espada: se tiró recto, sin aliviarse, y volvió a ser prendido aparatosamente por el abdomen. Madrid reconoció con una ovación una actuación en la que la disposición estuvo bastante por encima de las posibilidades de su oponente.

Tampoco encontró recompensa en el sexto. El toro salió echando las manos por delante y llegó a la muleta con una embestida sobre las manos, pegajosa y haciendo hilo. Parejo volvió a mostrar ganas y voluntad, pero apenas encontró resquicios por los que construir una faena. Su tarde terminó así marcada por una entrega que no encontró correspondencia en el lote.

A Fortes le correspondió en segundo lugar uno de los toros que ofreció alguna posibilidad mayor. Había sido el propio malagueño uno de los que, después del tremendo aguacero del primero, mostró su voluntad de que la corrida continuase, algo que Madrid reconoció cuando salió a recibirlo. Se estiró con temple a la verónica y, ya con la muleta, dos trincherazos por bajo tuvieron expresión suficiente para hacer rugir los tendidos.

El toro tuvo buena condición, aunque tendía a echar la cara arriba al final de los viajes y rompía con ello la limpieza de las series. Fortes encontró por el pitón derecho los momentos más reunidos de su actuación, especialmente en dos tandas firmes y relajadas en las que hubo asentamiento y tiempo. La faena, sin embargo, terminó alargándose más de la cuenta y perdió la intensidad que había alcanzado en esos pasajes. Dos pinchazos precedieron a la estocada.

Menos opciones tuvo con el quinto. El de Alcurrucén nunca terminó de definirse, ni de salida ni después en el caballo, y llegó al último tercio con una embestida descompuesta que hizo muy difícil ligar. Fortes no terminó de encontrar ni la distancia ni el acople, perdiéndole pasos en una faena tesonera pero algo mecánica. La lluvia, ya mucho más fina, volvió entonces a aparecer sobre Las Ventas. Media estocada y varios golpes de descabello pusieron fin a su actuación.

LA RESEÑA


Plaza de toros de Las Ventas (Madrid) – Corrida de toros || Segunda de la Feria de Otoño 2026

Entrada : Plaza llena.

Se lidian toros de Alcurrucén,

DIEGO URDIALES (Burdeos y oro)  : Ovación con saludos y Ovación tras aviso;

JIMÉNEZ FORTES (Mercurio y Azabache) : Silencio tras aviso y Silencio;

CHRISTIAN PAREJO (Mar y Oro): Ovación y Silencio tras aviso;

Incidencias: Al finalizar el paseíllo, el público obligó a Diego Urdiales a saludar una ovación en el tercio.