Oreja
Dos orejas
Silencio
Juan Ortega alcanzó el triunfo frente al quinto, un toro de fuerzas muy justas al que cuidó siempre con mimo, llevándolo a la altura precisa para evitar que perdiera las manos. La clase del animal permitió al sevillano componer una faena de bello trazo por ambos pitones, con series de mucha estética y personalidad.
Cerró rodilla en tierra con unas preciosas manoletinas y, aunque la estocada cayó baja, la petición fue suficiente para que el palco concediera las dos orejas que le abrieron la Puerta Grande.
Diego Urdiales dejó una tarde de dimensión, marcada por la entrega y la capacidad para exprimir las posibilidades de sus oponentes. El premio llegó en el cuarto, un toro de recorrido corto al que el riojano tiró mucho para conseguir ligar por ambos pitones.
En el tramo final se mostró arrebatado, con muletazos cargados de torería y una actitud de máxima fe al entrar a matar. La estocada contraria, de rápido efecto, puso en sus manos una oreja.
Pablo Aguado tuvo sus mejores momentos frente al segundo, especialmente sobre el pitón derecho, por donde dibujó muletazos largos, limpios y de buen gusto. La faena perdió continuidad al natural, con una embestida menos clara, aunque volvió a recuperar vuelo cuando regresó a la diestra.
En el sexto mostró disposición, pero el toro se apagó pronto y apenas le ofreció opciones. El desacierto con la espada en ambos turnos dejó su balance en silencio tras aviso y silencio.
Corrida de El Capea y Carmen Lorenzo bien presentada en líneas generales y desigual de comportamiento, con varios ejemplares de fuerzas medidas y el quinto destacando por su clase y posibilidades.





