Luque convierte Bilbao en territorio propio

Luque convierte Bilbao en territorio propio

Crónica
Plaza de toros de Vista Alegre
Último festejo de las Corridas Generales 2026 · Aste Nagusia · Bilbao

Ficha del festejo
Plaza
Bilbao · País Vasco

Festejo
Última de las Corridas Generales

Entrada
Más de tres cuartos

Ficha
Resultado

Morante de la Puebla

Morante de la Puebla

Butano e hilo blanco
Ovación
División de opiniones

Daniel Luque

Daniel Luque

Malva y plata
Oreja
Oreja con petición de la segunda y dos vueltas al ruedo

Borja Jiménez

Borja Jiménez

Blanco y oro
Ovación
Ovación

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Los toros
Ganadería

Garcigrande
Ganadería
Garcigrande
Corrida desigual, con ejemplares muy justos de poder y otros de marcada condición mansa. El quinto destacó claramente por su ritmo, fondo y clase, mientras otros animales ofrecieron nobleza puntual sin la fuerza necesaria para sostener las faenas. El tercero titular fue devuelto y salió un sobrero del mismo hierro.

Festejo
Detalles

El titular del tercero fue devuelto después de partirse ambos pitones por la vaina al clavar la cara en la arena tras el primer encuentro con el caballo. Se corrió turno. Antes de iniciar la faena al quinto, Daniel Luque brindó al equipo de monosabios en recuerdo del percance sufrido la tarde anterior por uno de sus compañeros.

En el ruedo
La crónica

Daniel Luque hizo tarde de Puerta Grande en Bilbao. La puerta no se abrió, pero el toreo estuvo ahí. Dos orejas paseó el sevillano, una de cada toro de su lote, aunque la que cortó al quinto tuvo el peso de dos.

Daniel Luque hizo tarde de Puerta Grande en Bilbao. La puerta no se abrió, pero el toreo estuvo ahí. Dos orejas paseó el sevillano, una de cada toro de su lote, aunque la que cortó al quinto tuvo el peso de dos. Porque hubo faena, toro, espada y una petición importante de un segundo trofeo que Matías González decidió no conceder. Una decisión difícil de comprender después de la dimensión alcanzada por Luque ante el mejor toro de una corrida de Garcigrande desigual, con ejemplares muy justos de poder y otros marcadamente mansos.

El quinto salió ya bajo la protesta de parte de los tendidos por una presentación en el límite de lo exigible en Bilbao. No terminó de definirse en el capote y apenas empujó con un pitón en un primer puyazo muy medido. Luque quitó por cordobinas, abrochando por bajo, y volvió a intervenir después del segundo encuentro con un quite de aires de luquesinas, soltando el capote alternativamente por una y otra mano.

Antes de comenzar la faena llegó un gesto con significado. Luque brindó al equipo de monosabios, después del percance sufrido la tarde anterior por uno de sus compañeros mientras coleaba a un toro. Y a partir de ahí comenzó a torear.

El de Garcigrande sacó ritmo, fondo y clase, pero enfrente encontró a un Luque que no desperdició prácticamente una embestida. Desde el principio llevó al toro enganchado con enorme suavidad, sin tirones, gobernando cada viaje desde el embroque hasta el final. Lo toreó en redondo, se lo enroscó por el derecho y cambió de mano con una facilidad que hizo que todo pareciese mucho más sencillo de lo que realmente era.

Hubo pulso, temple y una naturalidad enorme. Por el izquierdo mantuvo la misma cadencia, corriendo la mano muy despacio y aprovechando la profundidad de un toro de notable condición. No necesitó romper la faena ni buscar artificios. Todo tuvo continuidad y sentido, hasta formar una obra compacta, de principio a fin, en la que la calidad del toro encontró la capacidad de un torero en plenitud.

La estocada fue de ley. Vista Alegre pidió la segunda oreja con fuerza, pero Matías González decidió guardar el pañuelo. Luque paseó una sola, mientras el toro era ovacionado en el arrastre. El premio oficial dijo una cosa; lo sucedido en el ruedo, otra. Aquella oreja bien pudo valer dos.

Luque ya había demostrado con el segundo que venía dispuesto a mandar. El castaño salió muy justo de poder y echando las manos por delante. Apenas empujó con el pitón derecho durante un primer puyazo administrado y acudió al segundo al galope y con buen son. ‘El Patilla’ abandonó el ruedo entre una ovación. Borja Jiménez quitó por chicuelinas desde los medios y Luque replicó por delantales.

El tercio de banderillas se alargó después de manera difícilmente comprensible. Con cuatro banderillas ya colocadas, Matías González mantuvo abierto el tercio para que todavía se pusiera un palo más, prolongando innecesariamente la lidia.

El toro llegó a la muleta rajado prácticamente desde el principio y Luque comprendió pronto dónde estaba la única posibilidad. La faena transcurrió casi íntegramente entre los tendidos 7 y 8, en terrenos del propio animal. Allí consiguió sujetarlo dejando siempre colocada la muleta al final de cada embroque y tirando con suavidad de una embestida que amenazaba constantemente con buscar tablas.

Había además que evitar que el toro tocara las telas, porque cuando lo hacía respondía con genio, consecuencia de su falta de raza. Luque terminó toreando al manso prácticamente en un palmo, ligando en circular por el derecho y mandando siempre por dentro, en los terrenos que había elegido el toro. Fue una faena de dominio y poder. Con la espada estuvo como un cañón: la estocada hizo rodar al animal y puso en sus manos la primera oreja. El toro recibió división de opiniones en el arrastre.

Si Luque puso el mando de la tarde, Morante de la Puebla dejó con el primero algunos de sus muletazos más sentidos. El toro se había quedado muy corto desde el recibo y pasó por el caballo sin terminar de emplearse. Llegó a la muleta con nobleza y calidad, pero extremadamente justo de poder.

Morante entendió que allí no cabían prisas. Comenzó por el derecho administrando cada embestida y encontró después al natural el pasaje de mayor expresión. El toro no permitía ligar, de modo que el sevillano tuvo que construir de uno en uno. Y precisamente en esa obligación apareció el temple.

Morante llevó varios naturales hasta detrás de la cadera, en trazo curvo, toreando muy despacio y con enorme firmeza. El toro apenas podía sostener el viaje, pero el sevillano consiguió que cada embestida tuviera profundidad mientras duraba. Quiso Morante más que el toro. Incluso cuando el animal ya no llegaba hasta el final, volvió al derecho para dejar nuevos muletazos sueltos, templados y en redondo que hicieron rugir al coso del Botxo. Una estocada tendida al segundo intento dejó todo en ovación, mientras el toro recibió palmas en el arrastre.

Con el cuarto no hubo historia. El toro volvió a mostrar desde salida poco recorrido y acusada justeza de fuerzas. Empujó por el izquierdo en un primer puyazo trasero y acudió más largo y al galope al segundo, donde recibió un castigo excesivo que terminó por vaciarlo.

Llegó prácticamente moribundo a la muleta. Morante quedó inédito después de un comienzo que apenas permitió albergar alguna esperanza. No había toro para sostener una faena. También quedó la sensación, sin embargo, de que el sevillano pudo haberlo cuidado más en el caballo viendo la escasez de fuerzas que arrastraba. Lo pasaportó al segundo intento y recibió división de opiniones. El toro fue pitado en el arrastre.

La tarde de Borja Jiménez comenzó accidentada. Con el titular del tercero pudo estirarse a la verónica, aunque el toro se quedó corto. El picador marró en el primer encuentro y, al salir del caballo, el animal clavó los pitones en la arena y se partió ambos por la vaina. El pañuelo verde ordenó su devolución.

Se corrió turno y salió el toro inicialmente reseñado como sexto. Después de dos puyazos apenas señalados y un tercio de banderillas en el que midió mucho a los hombres de plata, Borja brindó al público. El toro mostró nobleza y bravura y el sevillano comenzó por el derecho toreando largo y con poder.

Lo más rotundo llegó al natural. Borja abrió el compás, bajó la mano y corrió la muleta hasta el final de los viajes mientras el toro comenzaba ya a venirse abajo. Hubo momentos de entidad, pero la faena fue perdiendo fuerza conforme avanzó. Faltó quizá una mayor claridad de ideas para ordenar y hacer crecer una labor que había comenzado con argumentos importantes. Una estocada baja al segundo intento dejó el balance en ovación. Palmas para el toro.

El sobrero que cerró plaza tampoco permitió a Borja cambiar el signo de su tarde. Feo de hechuras y con muchos pies de salida, llegó a la muleta muy medido de poder después de dos encuentros con el caballo. Embistió brusco, lanzó derrotes y nunca terminó de entregarse.

Borja puso una disposición que el toro nunca correspondió. Buscó la continuidad, trató de ordenar aquellas embestidas y permaneció firme, pero la falta de raza terminó imponiéndose. El toro acabó rajándose hacia tablas y una media estocada tendida y trasera fue suficiente. Ovación para Borja Jiménez.

Garcigrande dejó así una corrida de demasiadas desigualdades, con toros justos de poder y otros de acusada mansedumbre, aunque el quinto sacó la clase, el ritmo y el fondo necesarios para que apareciera el toreo grande. Morante puso la despaciosidad cuando el primero todavía pudo sostenerse y Borja dejó una actitud sin premio ante un lote que nunca terminó de acompañarlo.

Pero Bilbao fue de Daniel Luque. Dominó al manso segundo en sus propios terrenos y toreó con una facilidad extraordinaria al buen quinto. Dos toros distintos y dos maneras de resolverlos. Dos orejas en el esportón y una sensación mucho mayor.

Juego de los toros en una línea:
Corrida de Garcigrande desigual, con ejemplares justos de poder y otros de acusada mansedumbre, de la que sobresalió claramente el quinto por su clase, ritmo, fondo y profundidad.

Vídeo
Resumen del festejo

Galería
La tarde, en imágenes
Fotografías: Philippe Gil Mir

Bilbao 29-08-2026