Silencio
Bronca
Palmas tras aviso
Vuelta al ruedo
La tarde tuvo un nombre propio entre los toros de Dolores Aguirre: ‘Belmontino’. El número 36 fue el ejemplar más completo de un encierro exigente, desigual y con una marcada personalidad, que obligó a Antonio Ferrera y Damián Castaño a resolver situaciones muy diferentes.
Hubo casta, pero también genio; toros que exigieron poder y otros que terminaron rajándose o acusando falta de entrega. En ese contexto, Castaño dejó los pasajes de mayor entidad de una tarde en la que la espada le privó de tocar pelo.
‘Belmontino’, segundo de la tarde, ya se quedó corto de salida en el capote de Damián Castaño y protestó en sus dos encuentros con el caballo, pero fue en la muleta donde mostró su verdadera dimensión. Castaño brindó su faena a Antonio Ferrera y abrió por el pitón izquierdo con una tanda larga, profunda y de enorme intensidad.
El toro, encastado y con una embestida que quería comerse la muleta, exigía mando y precisión. Por ese lado encontró el salmantino los mejores viajes, corriéndole la mano y dejando incluso un natural de extraordinaria expresión.
Por el derecho la historia fue diferente: ‘Belmontino’ no admitía más de dos muletazos limpios antes de desarrollar genio y colarse por dentro. Castaño entendió esa condición y tiró de poder para someterlo, manteniendo el pulso de una faena que nunca perdió interés.
El toro tuvo además una muerte de bravo, resistiéndose a doblar después de una estocada atravesada y tendida. La espada redujo a una vuelta al ruedo tras leve petición lo que pudo haber sido un premio mayor. ‘Belmontino’ fue despedido con una fuerte ovación en el arrastre.
También tuvo importancia el primero, otro toro con casta al que Antonio Ferrera terminó afianzando a base de poder. Había mostrado poco en el capote y, después de emplearse en el primer encuentro con el caballo, prácticamente desistió en los posteriores. Tampoco puso facilidades en banderillas, donde midió mucho.
En la muleta, sin embargo, sacó transmisión especialmente por el pitón derecho. Ferrera estuvo firme, sujetándolo y sometiendo una embestida que necesitaba mando para terminar de entregarse. Por el izquierdo apareció una condición más áspera, con genio y tendencia a reponer sobre las manos.
Fue una faena más de poder que de estética, importante por la manera de imponerse a las exigencias del animal. Una estocada tendida y caída cerró su actuación. Ovación con saludos para Ferrera y ovación para el toro en el arrastre.
Otro esfuerzo serio de Damián Castaño llegó frente al sexto. El salmantino pudo estirarse a la verónica de salida, especialmente cuando el toro colocó mejor la cara por el pitón izquierdo. En varas acudió pronto y desde lejos, dejando Juan Melgar un buen tercio por el que fue ovacionado.
Todo cambió en la muleta. El de Dolores Aguirre llegó con mucho genio, embistiendo a disparos y sin terminar de entregarse nunca. Castaño tuvo que imponerse desde la firmeza y la exposición.
Consiguió construir una primera serie por el derecho, pero el toro comenzó a colarse por dentro y a buscar al torero después de apenas dos o tres viajes. No había posibilidad de abandonarse ni de ligar con comodidad.
Castaño aceptó el terreno que proponía el animal y realizó un esfuerzo de mucho mérito, sustentado más en la capacidad y el valor que en el lucimiento. Una estocada contraria y tendida precedió a una nueva vuelta al ruedo.
El cuarto pudo cambiar el rumbo de la tarde, pero su duración terminó siendo demasiado corta. Salió con brío, humillando y llegando incluso a perder las manos por la fuerza con la que perseguía el capote.
Javier Martín protagonizó uno de los momentos destacados del tercio de varas al agarrar un buen puyazo después de que Castaño colocase al toro de largo. También brillaron Curro Javier y José Antonio Ventana “Toñete”, que saludaron tras banderillear.
El inicio de muleta alimentó las expectativas: el toro se vino largo y con buen son, y Castaño le corrió la mano por el izquierdo con profundidad. Aún mejor fue una rotunda serie en redondo sobre la diestra.
Parecía que la faena podía tomar vuelo, pero el toro echó la persiana demasiado pronto. Se rajó, buscó las tablas y anuló prácticamente cualquier posibilidad de continuidad. Allí complicó además mucho la suerte suprema y Castaño necesitó varios pinchazos para terminar con él. Palmas tras aviso, con división de opiniones para el toro en el arrastre.
Mucho menos ofreció el tercero. Fue un toro que nunca terminó de definirse y que ya protestó en el caballo, derrotando con la cara arriba en el segundo encuentro y acudiendo andando al tercero.
Antonio Ferrera, que había brindado a su compañero Damián Castaño, se encontró en la muleta con un animal que se desplazaba sobre las manos, con genio y sin verdadera intención de pasar. El extremeño no encontró argumentos para construir faena y, al no verlo claro, decidió abreviar. Un bajonazo puso fin al episodio. Silencio.
El quinto terminó de enrarecer el ambiente. Serio y voluminoso, echó las manos por delante desde su salida y se quedó muy corto. Apenas fue señalado en un primer encuentro en el que protestó y posteriormente sufrió dos fuertes volteretas, una de ellas tras salir del segundo puyazo. Aquellos percances terminaron pasándole factura.
Llegó muy mermado a la muleta, con medias arrancadas y echándose en varias ocasiones. Antonio Ferrera mostró disposición, pero el toro carecía ya de las facultades necesarias para que pudiera existir faena.
Con un público en protesta prácticamente constante y un ambiente cada vez más incómodo, Ferrera optó con criterio por abreviar. Una estocada baja fue suficiente. La plaza respondió con bronca.
La corrida de Dolores Aguirre dejó, por encima de todo, una sensación de exigencia. No fue un encierro uniforme ni en comportamiento ni en posibilidades, pero sí hubo una constante presencia de casta y genio que obligó a los toreros a estar siempre atentos.
El primero tuvo transmisión y exigió poder; el cuarto enseñó buenas posibilidades antes de rajarse; el sexto convirtió cada muletazo en un ejercicio de exposición, mientras tercero y quinto ofrecieron muchas menos opciones. Por encima de todos emergió ‘Belmontino’, un toro encastado, exigente y con profundidad, especialmente por el izquierdo, que dio verdadera dimensión al segundo capítulo de la tarde.
Fue, en definitiva, una tarde más de exigencia que de triunfos, en la que Damián Castaño asumió los mayores compromisos y encontró en el segundo la posibilidad más importante del festejo. La espada impidió que aquella faena tuviera traducción numérica y volvió a pesar en el cuarto. Antonio Ferrera mostró su mejor versión frente al primero, al que pudo y terminó haciendo, pero encontró después dos toros con escasas posibilidades de lucimiento. Una corrida sin grandes concesiones, con momentos de interés y un nombre propio en el apartado ganadero: ‘Belmontino’.
Corrida de Dolores Aguirre exigente, encastada y desigual, con genio y personalidad; destacó ‘Belmontino’, segundo, por su profundidad y casta, mientras cuarto y sexto exigieron también una importante respuesta de Damián Castaño.


