El primero ofreció desde salida una imagen discreta y confirmó pronto su falta de poder. Morante trató de acompasarlo a la verónica, pero el de La Ventana del Puerto nunca terminó de desplazarse con verdadera entrega. En el caballo se produjo además una acción desafortunada: el toro desarmó al sevillano y el capote provocó que el picador errara el encuentro, dejando una visible señal de la puya sobre el lomo. Con la muleta, Morante buscó cobijo del viento en la zona de toriles. Allí intentó ordenar una embestida descompuesta, sin ritmo y siempre sostenida sobre las manos. Solo en dos breves tandas consiguió limpiar el trazo y dejar algunos muletazos de mayor expresión, pero la escasa condición del toro impidió que la faena tomara cuerpo. Pinchó antes de dejar una estocada desprendida. Silencio.
El segundo fue protestado por su limitada presencia, aunque ofreció una condición más aprovechable con el paso de la faena. Al comienzo se desplazó con cierta codicia, pero sin terminar de romper hacia delante, siempre apoyado sobre las manos. Juan Ortega fue templando esa embestida hasta darle mayor continuidad. Los mejores pasajes llegaron sobre la mano derecha, por donde el sevillano dejó series de buen gusto y trazo limpio. Cerró la labor con un remate personal, llevando la muleta por la espalda para conducir la salida por alto y hacia el pitón izquierdo. La estocada quedó delantera y algo desprendida. La petición fue atendida y paseó una oreja.
El tercero, más serio y mejor definido de hechuras, fue un toro de notable calidad de La Ventana del Puerto. Víctor Hernández lo recibió a pies juntos y volvió a hacerse presente en un quite por saltilleras, ejecutado con enorme verticalidad después de la insólita aparición de un gallo en el ruedo. La faena de muleta comenzó con unos estatuarios de gran firmeza y mantuvo siempre un tono de verdad. Hernández llevó al toro sometido y por abajo, aprovechando especialmente la profundidad y elasticidad de la embestida por el pitón izquierdo. Los naturales reunieron temple, largura y pureza, incluso cuando el animal comenzó a orientarse hacia las tablas sin perder su buena condición. El torero cerró por luquecinas una actuación de gran nivel, aunque terminó sufriendo una fuerte voltereta al confiarse en las cercanías. Cobró una estocada al primer intento y necesitó un golpe de descabello. Paseó una oreja, premio escaso para la dimensión de la faena.
El cuarto no terminó de convencer por su escaso remate, pese a lucir una cara ofensiva. Morante cambió pronto el tono de la plaza con un galleo por chicuelinas que despertó los tendidos antes de afrontar con la muleta un toro desigual: más manejable por el derecho y áspero por el izquierdo. El sevillano inició por estatuarios, muy asentado y comprometido en unos embroques de notable ajuste. La embestida, a veces vencida hacia dentro, mantuvo siempre presente el riesgo, pero Morante respondió con seguridad y verdad. La faena alcanzó su mejor nivel sobre la mano derecha, donde sometió al animal y logró los muletazos de mayor profundidad. La labor fue desplazándose por distintos terrenos hasta terminar en la zona de toriles. La estocada quedó trasera y atravesada. Hubo petición mayoritaria, aunque no terminó de adquirir la fuerza suficiente. Ovación para Morante.
El quinto, estrecho de sienes y falto de remate, apenas sostuvo su embestida durante la faena. Su escaso poder y la ausencia de transmisión terminaron por apagar cualquier intento de continuidad. Juan Ortega trató de darle forma al trasteo y de encontrar algún resquicio para el lucimiento, pero la sosería del toro redujo la labor a pasajes aislados sin verdadero eco. La espada cayó baja.
LA RESEÑA
Plaza de toros de Santander (Cantabria) – Corrida de Toros – Miércoles 22 de julio || Quinta de la Feria de Santiago 2026
Entrada: Lleno de ‘No hay localidades’
Se lidiaron toros de Puerto de San Lorenzo (4º, 5º y 6º) y Ventana del Puerto (1º, 2º y 3º),
- MORANTE DE LA PUEBLA : Silencio y Ovación;
- JUAN ORTEGA : Oreja y Silencio;
- VÍCTOR HERNÁNDEZ : Oreja tras aviso

