
La tarde terminó teniendo un nombre propio: Nacho Torrejón. Su primera oreja llegó frente a Mechero, un novillo bien presentado de Montealto que cumplió en varas y permitió al madrileño dejar una faena de buen gusto y notable concepto.
Torrejón encontró los mejores momentos sobre la mano derecha, con dos series de mérito que dieron cuerpo a una labor en la que, pese a algún pasaje algo despegado, hubo criterio y buen aire. Una estocada algo trasera fue suficiente para hacer doblar al novillo y abrir el marcador de la tarde con una oreja.
La actuación más completa llegó con Velado, quinto del festejo. El colorado de 508 kilos tuvo buena presencia y ofreció una respuesta notable durante la faena. Ya en banderillas destacó toda la cuadrilla, con Basilio Mansilla y José Miguel Cobo obligados a desmonterarse tras una buena brega de Tomás López.
Con la muleta, Torrejón toreó con gusto, hondura y mando, especialmente sobre la diestra, manteniendo firmeza y buen concepto ante un novillo que respondió con categoría. Una buena estocada hizo rodar al animal y el público pidió el trofeo, finalmente concedido por el presidente Joaquín Coy. Oreja, la segunda de su tarde. Velado fue despedido con palmas en el arrastre.
También dejó argumentos Álvaro Serrano, especialmente frente al tercero. Farruquito, bonito de presencia, fue recibido de rodillas y permitió después un vistoso quite por chicuelinas. El de Navas del Rey mostró torería desde el inicio de faena y dejó muletazos sueltos de notable expresión antes de que el novillo comenzara a perder fondo.
En el tramo final, Serrano se arrebató con molinetes, pases de pecho de gran factura y un pase del desdén que quedó entre los detalles de la tarde. Una estocada desprendida precedió a una petición de trofeo que el palco no atendió. Vuelta al ruedo tras aviso con petición de oreja.
En el sexto volvió a mostrar disposición y ambición. Rancherito, desigual y basto de presencia, tuvo su mejor pitón por el derecho y Serrano lo vio desde el principio, buscando siempre la ligazón y dejando algunos muletazos templados y de buen aire. La faena, sin embargo, no terminó de levantar el vuelo. Tras fallar con el primer intento y necesitar del descabello, fue silenciado tras aviso.
Emiliano Osornio se marchó sin trofeos, aunque dejó una tarde de buen concepto. Frente al primero, Capanegro, se encontró con un novillo manso desde varas y completamente aquerenciado en la muleta. El mexicano consiguió extraer algún muletazo estimable pese a la condición huidiza del animal y cerró con una buena estocada. Ovación.
Con Puchero, cuarto de la tarde, volvió a dejar detalles de torería. Lo recibió por verónicas de buena hondura y el novillo se enceló después en el peto. Con la muleta, Osornio logró fijarlo, pero el de Montealto se vino abajo demasiado pronto. El mexicano trató de extraer todo lo posible en los medios, aunque su labor no terminó de calar en el público. Silencio tras aviso.

